El pingüino no era como lo pintan

Olvídese. No siempre lo que fue seguirá siendo. Y lo que es, quizás dejará de serlo al evocar el pasado.

¿En qué piensa cuando le mencionan un pingüino? En ese gracioso animal que camina como tambaleándose, vestido con un elegante frac de blanco y negro.

El pingüino no era así. No al menos hace 36 millones de años. En ese entonces tenía el doble del tamaño del, pongamos un ejemplo, el pingüino emperador. Y nada de blanco y negro. Sus plumas eran como granate y grises.

Esto se desprende de un fósil encontrado en Perú, ancestro de los pingüinos, el Inkayacu paracasensis, que medía como 1,5 metros.

“Antes de este fósil, no existía evidencia de las plumas, colores y sus patas. Teníamos preguntas y esta es una manera de comenzar a responderlas”, expresó Julia Clarke, paleontóloga de The University of Texas en Austin en la Jackson School of Geosciences y cabeza de un artículo que apareció hoy viernes en la revista Science.

El fósil revela que la forma de las plumas y aletas que han hecho de estos simpáticos animales unos expertos nadadores, evolucionaron muy temprano, mientras el color de los actuales es de reciente adquisición.

Las plumas están modificadas en su forma, densamente empaquetadas y dispuestas una encima de la otra.

Los científicos hallaron que los melanosomas (orgánulos que contienen melanina, el pigmento absorbente de la luz en los animales) eran más parecidos a las de otras aves, permitiéndoles deducir la coloración de aquellos antiguos habitantes del planeta.

Determinar el color de los animales extinguidos ayuda a conocer su ecología y conducta, expresó Jacob Vinther, de Yale University, co autor.

Este fósil fue descubierto por el estudiante peruano Ali Altamirano en la Reserva Nacional de Paracas.

Dibujo cortesía The University of Texas At Austin