Tenga cierto cuidado con los endulzantes

Si le agrega endulzantes a bebidas o alimentos que ingiere, esta noticia le puede interesar. Y aunque se trata de una muestra pequeña, investigadores analizaron sucralosa en 17 personas muy obesas que no tenían diabetes y no usaban regularmente endulzantes.

¿Qué hallaron? Que no es inerte y tiene un efecto sobre las personas, indica M. Yanina Pepino, PhD, profesora asistente de medicina. “Necesitamos más estudios para determinar si lo observado indica que el uso prolongado sería dañino”.

El estudio aparece en el journal Diabetes Care.

El grupo de Pepino estudió personas con índice de masa corporal de 42. Les suministraron agua o sucralosa para beber antes de que consumieran glucosa para un examen. La dosis de glucosa es muy similar a lo que una persona puede recibir en una prueba de tolerancia a la glucosa. Se quería ver si la combinación de sucralosa y glucosa afectaría los niveles de azúcar en la sangre.

En aquellos que consumieron sucralosa el azúcar en la sangre alcanzó un pico más alto que el de los que tomaron agua. Los niveles de insulina también subieron 20% más. Así, el endulzante artificial estuvo relacionado con unos mayores niveles de insulina en la sangre y una respuesta más alta a la glucosa.

Se creía que loe endulzantes artificiales como la sucralosa no tenían efecto en el metabolismo.

Estudios en animales sugerían ya que algunos endulzantes podrían estar haciendo algo más que añadirles un sabor dulce a bebidas y alimentos.

Se requieren más estudios para confirmar los resultados.

Mi selección: 10 hechos científicos de la semana

1. Adiós a un servidor

El observatorio espacial Heschel, de la Agencia Espacial Europea, cerró sus ojos esta semana luego de 3 años de andar dedicado a observar el frío universo. Lanzado en mayo de 2009, el martes se agotó el refrigerante, 2.300 litros de helio líquido, que permitían mantener los instrumentos en el cero absoluto. La confirmación de su muerte, que estaba prevista, provino de la estación terrestre en Australia occidental, que comprobó un aumento exagerado en la temperatura de todos los equipos. En su vida hizo más de 35.000 observaciones durante más de 25.000 horas de valiosos datos científicos en 600 programas.

En la foto de ESA, el observatorio contra la región Vela C de formación estelar.

2. El extraño insecto que voló

Durante las primeras horas de una mañana el verano pasado en el laboratorio de robótica de Harvard, un insecto alzó vuelo. De la mitad del tamaño de un clip para papeles y con un peso menor a 1/10 de gramo, se elevó varios centímetros, se detuvo un momento, batió sus alas y se desplazó por el cuarto. El primer insecto-robot probado con éxito, cuyo logro apenas acaba de divulgar el estudiante Pakpong Chirattanamon. Fue culminación de más de una década de esfuerzos de diversos científicos. El reporte se publicó en Science.

3. Una molécula que nos envejece

La región del cerebro que controla el crecimiento, la reproducción y el metabolismo también inicia el proceso de envejecimiento según un estudio publicado en Nature, un hallazgo que podría conducir a tratamientos para enfermedades relacionadas con el envejecimiento, permitiendo quizás que las personas vivan más.

Dongsheng Cai, fisiólogo del Albert Einstein College of Medicine en Nueva York y colegas rastrearon en el cerebro de ratones la actividad de NF-kB, una molécula que controla la transcripción de ADN y participa en la inflamación y la respuesta del cuerpo al estrés.

Encontraron que la molécula es más activa en el hipotálamo cuando el ratón se hace mayor.

Exámenes posteriores sugieren que esa actividad ayuda a determinar cuándo los ratones exhiben señales de envejecimiento.

4. Otro virus que brinca

Más de 126 casos confirmados en China y 26 muertes tiene a su cargo hoy el virus de la influencia aviar H7N9, cuya transmisión se ha dado de animal a humano aunque no se descarta que algún caso haya sido entre personas. Tampoco se tiene mucha claridad sobre el origen de la virulenta cepa que por ahora está confinada a ese país asiático pero que ha generado la alerta de la Organización Mundial de la Salud. Los rasgos genéticos del virus fueron puestos en internet por los científicos chinos para el estudio de la comunidad científica internacional.

5. Un mal regreso al pasado

Hace más de 3 millones de años que la Tierra no tenía las concentraciones de dióxido de carbono que exhibe hoy: casi 400 partes por millón de acuerdo con el Observatorio de Mauna Loa, una revelación conocida mientras en Bonn delegados de 160 países trataban de allanar el camino hacia un pacto que permita poner en cintura las emisiones de gases de invernadero. Al comienzo de la revolución industrial la concentración era de 280, lo que muestra la incidencia que hemos tenido los humanos en su crecimiento.

6. Anti, sí anti-materia, anti-gravedad

En un artículo en Nature Communications físicos de la Universidad de California en Berkeley y colegas del experimento Alfa en el CERN -Gran Colisionador de Partículas- reportaron la primera medición directa del efecto de la gravedad en la antimateria, específicamente en un antihidrógeno en caída libre. Aunque aún no es definitiva .la incertidumbre es 100 veces la medida esperada- el experimento el camino hacia una respuesta definitiva a la pregunta fundamental de si la materia cae hacia arriba o hacia abajo.

7. Choque esos dos

A la lista creciente de exoplanetas hay que sumarle otros dos hallados con el observatorio espacial Kepler, el espectrógrafo de alta precisión Harps-N del ESO y el espectrógrafo Sophie. Se trata de KOI-200 y del KOI-889-b. KOI: es Kepler Object of Interest. Ambos tienen cerca de la masa de Júpiter y órbitas excéntricas de menos de 10 días, residiendo muy cerca de sus estrellas. A la fecha se conocen 884 planetas extrasolares en 692 sistemas planetarios.

8. Si por acá llueve…

No es sencillo imaginarse un huracán 20 veces el tamaño de esos mortíferos que vemos en la temporada de huracanes en el Caribe. Bueno, la sonda Cassini que hace años transita por el sistema de Saturno encontró uno en el planeta de los anillos. Detectó un vórtice como esos asociados al tiempo dentro de un misterioso chorro con patrón hexagonal en el polo norte. Cuando Cassini llegó a Saturno en 2004 el invierno no dejaba ver, pero ahora, tras el equinoccio saturniano de 2009, hay más luz y pudo detectar la tormenta.

9. Esto se nos dañó

Un estudio publicado el viernes en Geophysical Resaerch Letters reveló cómo el calentamiento global con el aumento de las concentraciones de dióxido de carbono cambiará los patrones climáticos y provocará más fenómenos extremos como sequías y precipitaciones. Por cada 0,5°C que aumente la temperatura la lluvia fuerte en el planeta aumentará 3,9% y la más ligera 1%, lo que no son buenas noticias.

10. Se deja ver 105 años después

Dicen que solo mató una persona en 1908 pero devastó más de 2.000 kilómetros cuadrados: el impacto de Tunguska en remota zona de Siberia, que se cree se debió a un meteorito pero que al no encontrarse restos algunos optaban por una explicación algo llamativa: el coletazo de un cometa. Dada la lejanía y las dificultades en las comunicaciones, como la convulsión sociopolítica en Rusia una comisión llegó al lugar varios lustros después. Ahora el jueves científicos anunciaron haber descubierto posibles fragmentos del meteorito. La publicación se hizo en MIT Technology Review y demandará estudios adicionales. ¿Principio del fin del misterio?

La planta que roba genes

Hay quienes viven de los demás, pero ¿hasta el punto de robarles… sus genes?

Una investigación publicada en el journal BMC Genomics reveló que la planta parásita malasia Rafflesia cantleyi, cuyas flores miden 50 centímetros, se ha robado genes de la planta hospedera Tetrastigma rafflesiae.

El análisis de los genes mostró que sus funciones tienen que ver con la respiración y hasta el metabolismo, e incluso algunos de ellos han remplazado los propios genes de la planta parásita.

La transferencia vertical de genes es la que se da entre padres e hijos, mientras la horizontal es el movimiento de genes entre dos organismos diferentes. Las bacterias, por ejemplo, utilizan la transferencia de genes para intercambiar resistencia a los antibióticos. Y estudios recientes han revelado que las plantas también pueden utilizar la transferencia horizontal, especialmente las plantas parásitas y sus hospederos debido a su conexión física tan íntima.

Rafflesia cantleyi es un holoparásito (depende de su hospedero y solo de él para su supervivencia), que crece en Tetrastigma rafflesiaer, miembro de la familia de las uvas. Científicos de Singapur, Malasia y Estados Unidos investigaron la transferencia entre las dos plantas y al analizar el transcriptoma –los productos transcritos de genes activados- encontraron 49 genes transcritos por la parásita, respondiendo por el 2% de su transcriptoma entero, los que originalmente pertenecían al hospedero. Tres cuartos de esas transcripciones aparecen haber remplazado la propia versión de la planta parásita.

La mayoría de los genes se han integrado en el núcleo del parásito, permitiéndoles a los investigadores hacer su análisis genómico.

En el tiempo, al ADN muta al azar y la investigación de las variaciones genéticas entre los genes de esas transcripciones, entre el parásito y el hospedero, mostró que ha pasado cierto tiempo desde que los genes fueron adquiridos y que fueron adquiridos gradualmente.

Para Charles Davis, del Herbario de Harvard quien participó de la investigación, el elevado grado de transferencia horizontal permite pensar en que existe un beneficio para la planta parásita. “Por ejemplo, puede mejorar su capacidad de extraer nutrientes del hospedero, o ayudarle a evadir las defensas de este, como se ha visto en un patógeno bacterial de los árboles de limón.

Foto de la flor de R. cantleyi

El gusto por el café está en los genes

Si le gusta el café quizás no sea porque su gusto es refinado. La explicación está dentro de usted: en sus genes.

Dos genes en los cuales las variaciones afectan la ingestión de café han sido descubiertos y el estudio publicado en Plos Genetics.

Un grupo de investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, Harvard School of Public Health, Brigham and Women’s Hospital y la Universidad de North Cartolina en Chapel Hill analizaron variantes genéticas en el genoma completo de más de 47.000 individuos de Estados Unidos.

Los genes identificados son el CYP1A2, que había sido implicado antes en el metabolismo de la cafeína, y el AHR, relacionado con la regulación del CYP1A2.

Los individuos con el genotipo para el más alto consumo de uno de esos genes consumían más o menos 40 miligramos o más de cafeína que aquellos con el genotipo del menor consumo, equivalente a 1/3 de taza de café descafeinado, o 1 lata de cola.

La cafeína ha sido involucrada en distintas condiciones psicológicas y médicas, aunque diversos estudios han mostrado también que sus efectos son, por el contrario, benéficos.

Estudios futuros de las variantes genéticas identificadas podrían ofrecer una mirada a la velocidad del metabolismo del café, cómo circula en la sangre o si hay efectos psicológicos por consumir determinada cantidad.

Ya lo sabe: si toma mucho café, debe tener las variantes genéticas que lo inducen a eso. Si no toma, no es que sea anormal: sólo que no posee esos genes, aunque el estudio en ningún momento descarta el consumo por otros factores.

Las bacterias nos hacen de todo

Cada vez resulta más asombrosa la capacidad de supervivencia de las bacterias. Y, también, cómo obran sobre diversos organismos para mantenerse.

Hemos visto en otras notas, cómo cuando están en el cerebro (T. gondii) modifican el temperamento de las personas. Veíamos que bacterias intestinales también tienen efectos sobre el cerebro, lo que se demostró hace pocas semanas en ratones (Instituto Karolinska de Sucecia).

Ahora, en el journal mBio, Sandrine Claus, del Imperal College London, y colegas, demuestran que las bacterias en el intestino, además de ayudar en la digestión de los alimentos, podrían estar ejerciendo cierto nivel de control sobre el funcionamiento metabólico de otros órganos. El hallazgo presenta un nuevo acercamiento el entendimiento de la relación simbiótica entre humanos y su fauna intestinal y, muy interesante, revela cómo cambios en la microbiota intestinal puede afectar la salud de los individuos.

“La microbiota (intestinal) alienta la capacidad metabólica del hospedero para procesar nutrientes y drogas y modula las actividades de múltiples conexiones en varios sistemas de órganos”, dijo la investigadora.

Los científicos demostraron en ratones la asociación de una familia de bacterias y el metabolismo de lípidos del hígado.

Otro hallazgo del estudio, según Claus, es que la colonización intestinal estimula mucho la expresión y la actividad del citocromo P450 3ª11, una enzima esencial en los mecanismos de desintoxicación de drogas.

Somos unas bacterias.

Las alturas enflaquecerían

Si resulta cierto, ¡qué sorpresa! Si desea perder peso, intente vivir en lo alto de una montaña. El aire en las alturas contiene menos oxígeno que en zonas bajas, por lo que respirarlo hace que el corazón lata más rápido y el cuerpo queme más energía.
20 hombres obesos pasaron una semana cerca del más alto pico en Alemania y observaron cómo se disparó su metabolismo, su apetito disminuyó y perdieron más libras que si hubieran permanecido en casa, reportó un estudio.
Los hallazgos deben ser replicados dado que no se incluyó un grupo de control que permitiese obtener conclusiones más firmes.
Existen estudios que muestran que atletas que entrenan en las alturas tienden a perder peso. El gastroenterólogo Florian Lippl, del Hospital Universitario de Ludwig-Maximilians en la Universidad de Munich, se planteó que las personas obesas eran difíciles de ser motivadas para ejercitarse, por lo que pensaron llevarlos a una montaña, a 2.650 metros, en donde vivieron tal como lo habían en sus vidas diarias.
Los resultados, citados en Science, parecen sorprendentes. Quizás sólo funcionen para quienes no vivan en lugares altos, o para quienes suban más alto. O, quizás por poco tiempo, conociendo que en poblaciones altas, también residen gordos.

Vida en un mar de ácido sulfúrico

Ah, no, no hay vida extraterrestre como la conocemos. La afirmación ha sido repetida una y mil veces por astrónomos y astrofísicos aquí y allá.
Sí. Hoy se buscan planetas tipo tierra, que deben ser rocosos y estar a cierta distancia de su sol para que el agua exista y con ella las posibilidades de alguna forma de vida.
Pero, ¿y si no es igual?
La pregunta se la formulan ya otros científicos. Un grupo de Austria trabaja en su afán por descubrir cómo podría evolucionar la vida bajo una bioquímica llamémosla exótica y unos solventes diferentes, tales como ácido sulfúrico en vez de agua.
Su trabajo fue presentado en el European Planetary Science Congress en Postdam.
Se trata de un grupo de la Universidad de Viena denominado Solventes Alternativos como Base para Zonas de Vida en Sistemas Exoplanetarios, encabezado por Maria Finneis.
Johannes Leitner, quien presentó el trabajo, expresó que es tiempo de un cambio radical en “nuestra mente geocéntrica de la vida tal como la conocemos en la Tierra”.
“Aunque es la única que conocemos, no podemos determinar que en todas partes haya evolucionado dependiendo del agua y con un metabolismo basado en el carbono y el oxígeno”.
Un requerimiento para un solvente que soporte la vida es que permanezca líquido en un rango amplio de temperaturas, como el agua, líquida de 0 a 100 grados centígrados, pero existen otros solventes que lo son a más de 200 grados, lo que permitiría un océano en un planeta más cercano a su estrella central.
El escenario contrario también es posible. Un océano de amoníaco líquido podría existir más lejos de la estrella. El ácido sulfúrico se encuentra entre las capas nubadas de Venus y se sabe que lagos de metano cubren parte de la superficie de la luna Titán en Saturno.
O sea que la discusión de una posible vida y las mejores estrategias de detección no deberían limitarse a las zonas habitables de los exoplanetas.
El grupo de Viena, junto con otros colaboradores internacionales, investigará posibles solventes por su abundancia en el espacio, características termales y bioquímicas y su capacidad de sostener el origen y evolución de metabolismos que soporten la vida.
Hoy estudian las relaciones entre los solventes y distintos tipos de metabolismos, pues se sabe por ejemplo que uno basado en carbono y oxígeno no funciona en un solvente de ácido sulfúrico o amoniaco, como se da en la atmósfera venusina.
Dibujo de un exoplaneta.

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