Gases de saurópodos calentaron la Tierra

Que los animales modifiquen el clima, no es nada nuevo, pero que sean sus gases los que lo hagan sí es nuevo. Y llamativo.

Un estudio presentado en Current Biology sugiere que los dinosaurios saurópodos producían suficiente metano como para haber transformado el clima de su época, de húmedo y templado a caliente.

Esos animales estaban por todos lados hace 150 millones de años. Tal como en las vacas, los microbios productores de metano ayudaban en la digestión de estos enormes dinosaurios fermentando el alimento vegetal que ingerían.

“Un simple modelo matemático sugiere que los microbios que vivían dentro de los saurópodos pueden haber producido el suficiente metano para tener un efecto importante en el clima del Mesozoico”, dijo Dave Wilkinson, de Liverpool John Moores University. “De hecho, nuestros cálculos sugieren que esos dinosaurios pudieron haber producido más metano que todas las fuentes actuales –naturales y antrópicas-puestas juntas”.

Wilkinson y el coautor del estudio, Graeme Ruxton de University of St Andrews estudiaban la ecología de los saurópodos cuando se preguntaron si una vaca puede producir suficiente metano para llamar la atención de los climatólogos, ¿qué tal los saurópodos? Entonces se unieron con un experto en metano, Euan Nisbet, de la University of London, apra realziar los cálculos.

Los fisiólogos de animales han estudiado la producción de metano en varios animales modernos para sacar ecuaciones que predigan la producción de ese gas en animales de distintos tamaños. Un saurópodo mediano pesaba unos 20.000 kilos y estos vivían en grupos de unos pocos adultos a unas pocas decenas de individuos por kilómetro cuadrado.

Wilkinson, Ruxton y Nisbet calcularon las emisiones globales de metano de los saurópodos en 520 millones de toneladas por año, comparables con las emisiones modernas. Antes de que la industria se desarrollara hace 150 años, las emisiones eran de unas 200 toneladas año. Los rumiantes –desde vacas a cabras y jirafas- emiten hoy de 50 a 100 toneladas años.

Es decir, la incidencia sobre el clima de la Tierra de aquellos enormes dinosaurios es evidente.

¡Qué gasesitos!

Plutón tiene un hermano: Eris

Donde el frío es eterno y el tiempo pasa sin que nadie lo note, astrónomos lograron medir con mayor precisión el tamaño de un planeta enano, Eris, situado hoy a 95 veces la distancia Sol-Tierra: 14.250.000.000 kilómetros.

El resultado: Eris es similar en tamaño a Plutón.

Fue en noviembre de 2010 cuando este cuerpo, habitante del Cinturón de Kuiper, pasó delante de una estrella tenue que le sirvió de fondo, un evento llamado ocultación, una manera poco común pero segura para medir el tamaño de un cuerpo lejano del Sistema Solar.

Desde 26 sitios alrededor del planeta se intentó observar la ocultación siguiendo el camino previsto de la sombra del planeta enano, pero sólo dos lo lograron, ambos en Chile y uno fue el Observatorio La Silla de la ESO. El otro fue San Pedro de Atacama.

Los telescopios registraron una caída repentina en el brillo cuando Eris bloqueó la luz de la lejana estrella.

La combinación de los datos reveló que Eris casi tiene forma esférica.

Este cuerpo fue encontrado en 2005. Su descubrimiento fue una de las razones que motivó una nueva clase de objetos llamados planetas enanos y la reclasificación de Plutón al pasar de planeta a planeta enano en 2006. Eris se halla hoy tres veces más lejos del Sol que Plutón.

Las primeras observaciones sugerían que Eris era quizás un 25% más grande que Plutón, con un diámetro estimado de 3.000 kilómetros.

La medición realizada en noviembre de 2010 determinó que en verdad su diámetro es de 2.326 kilómetros, con una precisión de 12 kilómetros, lo que sugiere que su tamaño se conoce con mayor precisión que el de Plutón, cuyo diámetro ha sido estimado entre 2.300 y 2.400 kilómetros.

En realidad el diámetro de este es más difícil de medir por la presencia de una atmósfera que hace que su borde sea imposible de detectar directamente por medio de ocultaciones. El movimiento del satélite Disnomia de Eris, según un comunicado de prensa de la ESO, se usó para estimar la masa del planeta enano: es 27% más pesado que Plutón. Y al efectuar la combinación con el diámetro se pudo obtener su densidad: es de 2,52 gramos por cm3.

Emmanuel Jehin, quien participó en el estudio, explicó que “esta densidad significa que Eris es probablemente un gran cuerpo rocoso cubierto por una capa relativamente delgada de hielo”.

Su superficie resultó muy reflectante, al punto de reflejar el 96% de la luz que le llega, o sea más brillante que la nieve fresca, siendo entonces uno de los cuerpos más reflectantes del Sistema Solar, junto con la luna Encelado de Saturno.

Quizás esa superficie está compuesta por hielo rico en nitrógeno mezclado con metano congelado, revistiendo la superficie con una capa de hielo delgada y reflectante de menos de un milímetro de espesor.

Ese hielo puede convertirse en gas a medida que Eris alcanza su punto más cercano al Sol, a una distancia de 5.700 millones de kilómetros.

En el dibujo cortesía de ESO se aprecia cómo debe lucir Eris con su luna Disnomia.

Datos de un mundo raro

Plutón. Este pequeño cuerpo, considerado por más de 80 años como planeta, fue degradado por la Unión Astronómica Internacional a planea menor. Una sonda norteamericana, Nuevos Horizontes, se dirige hacia ese confín del Sistema Solar, para estudiarlo.
Con el gran telescopio europeo en La Silla (Chile) científicos encontraron inesperadas altas cantidades de metano en la atmósfera, que es al menos 40 grados más caliente que la superficie, aunque es de todas maneras un gélido mundo a menos 180 grados centígrados.
Plutón, que es un quinto del tamaño de la tierra, está compuesto en esencia de roca y hielo. Está unas 40 veces más lejos del sol que la Tierra. Desde los años 80 se sabe que tiene una tenue atmósfera, una envoltura básicamente de nitrógeno con trazas de metano y quizás monóxido de carbono.
En su viaje de 248 años alrededor del Sol, la atmósfera, cuando se aleja, se congela y cae al piso. Al acercarse a su estrella, el hielo se sublima y aparece el gas.
Con el telescopio se logró algo que parecía imposible: medir con precisión rastros de gas en una atmósfera tan lejana y 100.000 veces más tenue que la terrestre.
En la imagen, un dibujo de cómo podría lucir la superficie de Plutón. Cortesía ESO

Eso allá sí se está moviendo

Marte. El planeta rojo está vivo y coleando, como decimos popularmente. Sí, un equipo de científicos halló rastros de metano en la atmósfera marciana, lo que indica que está biológica o geológicamente activo.
El hallazgo se realizó tras observar durante años Marte con el telescopio de infrarrojo del Observatorio Keck en Mauna Kea, Hawai. Y con los espectrómetros del telescopio se obtuvieron tres rasgos asociados, casi sin dudas, al metano.
¿Por qué no se había hallado antes? La atmósfera marciana, mediante diferentes mecanismos, destruye con rapidez el compuesto. El gas se detectó en el hemisferio norte, lo que sugiere que algún proceso desconocido lo libera.
El metano, cuatro átomos de hidrógeno unidos a uno de carbono, es el principal componente del gas natural en la Tierra. Los astrobiólogos se han interesado en ¿él, dado que los organismos terrestres producen mucho de este gas al digerir los nutrientes, aunque otros procesos geológicos, como la oxidación del hierro, también lo liberan.
Para Michael Mumma, del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la Nasa, principal autor del estudio, en el momento no se posee la suficiente información para decir si el metano marciano es producido por organismos o por acciones geológicas o por ambos, pero al menos indica que el planeta está vivo, hablando en sentido geológico.
Si hubiera vida que estuviera produciendo el metano, probablemente se encontraría en las profundidades del suelo, donde se darían las condiciones de temperatura para que hubiese agua líquida, elemento necesario para todas las formas conocidas de vida dado que es una fuente de energía y suministra carbono.
En la ilustración de la Nasa, de Susan Twardy, se muestran posibles fuentes de emisión del metano: agua subterránea, dióxido de carbono y el calor interno que se unen para producirlo.

Huellas en un lejano mundo

Si A+B+C= vida, si se encuentran A y B, hay más posibilidades de que exista la vida.
Bueno, el telescopio espacial Hubble detectó dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera de un planeta que orbita una lejana estrella, un paso hacia el hallazgo de huellas de vida extraterrestre.
Y aunque el planeta del tamaño de Júpiter, llamado HD 189733b, es demasiado caliente para albergar la vida, las observaciones son prueba del concepto de que la vida puede ser medida en planteas que orbitan otras estrellas distintas al Sol.
Los compeustos orgánicos pueden ser un subproducto de los procesos vitales y su detección en un planeta similar a la Tierra, cuando se halle alguno, podría proveer la primera evidencia de vida más allá de nuestro sistema estelar.
El telescopio Hubble había detectado ya metano en ese planeta.
Tin marín de dopin…
En la imagen cortesía de la Nasa, un dibujo de un planeta en otro sol.

Del agua y el lago en otros mundos

La sonda Phoenix confirmó la presencia de agua en Marte, reveló la Nasa. Las implicaciones del hallazgo no se conocen bien. Habría que ver qué cantidad queda y si hubo o hay alguna forma de vida.
La nave Mars Odyssey que se halla en órbita en torno a Marte, planeta que se encuentra a unos 280 millones de kilómetros de la Tierra hoy, había encontrado en sus registros agua bajo la superficie, Phoenix, que llegó hace 68 días al planeta rojo, ha sido la primera sonda en escarbar la superficie marciana en búsqueda de agua y algún organismo.
La noticia se divulgó casi a la par con la confirmación de la existencia de un lago en Titán, una gran luna de Saturno, en cuyo sistema explora hoy la sonda Cassini.
El lago es de metano. Es el primer objeto fuera de la Tierra donde se encuentra un cuerpo de líquido.
Dibujo de cómo luciría el paisaje en Titán, cortesía del JPL-Nasa. La atmósfera de la luna está cubierta por una especie de niebla, por lo que solo se captan sus rasgos mediante radar.
¿Cuándo se encontrarán rastros de vida?

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