Resumen científico de la semana

1. La ficha que faltaba

Un nuevo microbio que representa un vínculo perdido en la evolución de la vida compleja fue portado por investigadores de Uppsala University en Nature. El hallazgo ayuda a entender mejor cómo hace miles de millones de años los tipos complejos de células que comprenden plantas, hongos, animales y por ende humanos, evolucionó de simples microbios. El microbio, llamado Loki, es una forma intermedia entre las células simples de los microbios y las complejas de los eucariotas. Fue hallado a 2.352 metros bajo el nivel del mar en unas ventanas hidrotermanales. En la foto, el sitio donde fue hallado Loki, cortesía Centre for Geobiology, R. Pedersen

2. Mi amigo el delfín

Un estudio durante más de 8 años durante el cual se hizo seguimiento a unos 200 delfines, se encontró que aunque no interactúen en redes sociales, poseen amigos con los que pasan más tiempo. Así como los humanos, buscan ciertas compañías y evaden otras. El estudio apareció en Marine Mammal Science. También se reúnen en grupos o comunidades en determinados sitios de su hábitat, en este caso una laguna estuarina en la costa oriental de Florida, sonde se adelantó la investigación.

3. Seis letras de la vida

El ADN tiene cuatro letras conocidas, A, C, G y T y sus miles de combinaciones hacen posible la variabilidad genética que permite todo el funcionamiento de los seres vivos. Hace unos lustros se agregó la quinta, metilcitosina, derivada de la Citosina. Y ahora científicos proponen la existencia de una sexta, la metiladenina, que ayuda a determinar el epigenoma y que por ende sería clave en la vida de las células. ¿Crece el alfabeto?

4. Requetecalentados

Durante todo el mes de marzo, la concentración de CO2 en la atmósfera superó las 400 partes por millón, un nivel que la Tierra no veía desde hace al menos 2 millones de años. El dióxido de carbono es el principal gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global y su auge se debe al consumo de combustibles fósiles para uso energético. El reporte lo hizo el Observatorio de Mauna Loa, que mide dicha concentración. El nivel viene al alza cada año que pasa.

5. Deme más cebolla

Sí, la cebolla lo hace llorar si no está triste o le ayuda a conservar algunas frutas. Y le da buen sabor a platos en ensaladas. Ahora tiene un uso más: sirve para fabricar músculos artificiales. Bueno, el ensayo hasta ahora incluye prototipos muy pequeños, de unas células, creados a partir de las células de la epidermis de este tubérculo. Si se congelan, cubren con oro y se les pasa una corriente eléctrica, se contraen o estiran dependiendo del voltaje. El desarrollo fue publicado en Applied Physics letters.

6. Una galaxia en los confines cósmicos

Es una hazaña llegar tan lejos: astrónomos extendieron la frontera cósmica de la exploración galáctica al encontrar una galaxia nacida cuando el universo apenas tenía un 5% de la edad actual. Está a más de 13.000 millones de años. La distancia fue medida con gran precisión. En ella se da una formación rápida de estrellas masivas. La galaxia observada es uno de los objetos más brillantes y masivos del universo temprano. El hallazgo apareció en el Astrophysical Journal.

7. Decisiones

Científicos que estudian cómo hace decisiones el cerebro grabaron por primera vez momento a momento las fluctuaciones en las señales cerebrales que se dan cuando un mono que hacía una elección libre cambiaba de decisión. Un rastreo de decisiones con mucha precisión. Un avance que podrá derivar en nuevas prótesis que sean controladas con el cerebro. El estudio apareció en eLife.

8. ¿Garrote o zanahoria?

¿Qué viene siendo más efectivo, si dar garrote o premiar con la zanahoria? Un estudio publicado en Cognition sugiere que para cambiar una conducta es más efectivo el castigo que la recompensa. Tiene un efecto dos a tres veces más fuerte. El tema ha ocupado a los sicólogos desde hace años y esta es una evidencia más a favor… del garrote.

9. Cargueros de agua

En la atmósfera de una enana blanca astrónomos detectaron una gran cantidad de hidrógeno y oxígeno, agua equivalente al 30 o 35% del agua contenida en los océanos de la Tierra y que fue llevada por al menos un asteroide del tamaño de Ceres, de 900 kilómetros de diámetro. El hallazgo reafirma la teoría de que el agua en los planetas llega en los cometas y asteroides, lo que sucedió en la Tierra también en las primeras épocas tras su formación. El estudio apareció en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

10. ¿Aló, cuántos gusanitos tienes?

Ingenieros desarrollaron un teléfono celular que posee un microscopio que utiliza video para detectar de manera automática y cuantificar una infección por gusanos parásitos, a partir de una gota de sangre. El desarrollo fue presentado en Scence Translational Medicine y será de ayuda médica en regiones apartadas de África y otras comunidades marginadas del planeta, proporcionándole información a distancia al per5sonal de salud.

Bacteria explota para matar invasora del cuerpo

Científicos han desarrollado una nueva arma de la guerra de las galaxias que se vive dentro del cuerpo humano: una bacteria sintética que ataca al microbio Pseudomonas aeruginosa causante de infecciones adquiridas en los hospitales.

En un estudio publicado en Molecular Systems Biology, los investigadores mostraron cómo la bacteria sintética alcanza al microbio, explota y lo destruye, una réplica en miniatura de las batallas diarias que se viven en el mundo exterior.

“El reporte establece un uso innovador de la biología sintética para diseñar microbios que cumplan funciones que normalmente no desempeñan, como matar otra bacteria”, dijo William Bentley, cabeza del Fischell Department of Bioengineering en la Universidad de Maryland en College Park, quien no estuvo involucrado en el estudio, citado por The Scientist.

P. aeruginosa es una bacteria que coloniza los tractos respiratorio y gastrointestinal de las personas y pronto desarrolla resistencia contra los antibióticos. Este microbio causa cerca del 10 por ciento de todas las infecciones intrahospitalarias y es muy común en pacientes inmunocomprometidos.

Las infecciones se tratan con una combinación de antibióticos, pero este método también elimina las bacterias simbióticas, lo que puede hacer que el cuerpo quede más expuesto a las bacterias nocivas.

La terapia fagia, el uso de virus específicos para destruir la bacteria es otro tratamiento potencial, aunque es complicado por el hecho de que el hospedero puede hacer anticuerpos contra el virus, evitando que ante la bacteria.

Por esto, Chueh Loo Poh y Matthew Wook Chang, de Nanyang Technological University en Singapur decidieron explorar una nueva manera de combatir los microbios. Su grupo modificó una bacteria Escherichia coli para detectar moléculas involucradas en el quorum sensing (comportamiento social de células independientes bajo ciertas señales extracelulares) en P. aeruginosa.

La liberación de las moléculas por P. aeruginosa hace que E. coli produzca pyocin S5, una proteína antibiótica que no es producida normalmente por E. coli. En el proceso de la liberación de la proteína, la bacteria modificada estalla y mueren todas.

Una guerra dentro del cuerpo. ¡Qué cosas!

En la foto cortesía, P. aeruginosa.

La vida no es nada fácil

Donde menos se piensa, salta la liebre. En este caso, aparece la vida. Sí, en un lugar donde ninguna persona cuerda podría afirmar que existe vida, ¡se encontraron microbios!
¿Dónde es ese inhóspito lugar? Se trata de un reservorio de agua algo salada similar al agua de mar pero enterrada bajo un glaciar de la Antártica, sitio frío, oscuro y sin oxígeno.
Tras analizar un flujo debajo del glaciar Taylor en la región oriental de la Antártica, se encontraron microbios que, se cree, al quedar en un ambiente sin luz ni alimento para realizar la fotosíntesis, se adaptaron durante los últimos 1,5 millones de años a manipular compuestos de hierro y azufre para sobrevivir.
Los microbios, de hecho, son muy similares en su naturaleza a otras especies halladas en ambientes marinos, lo que permite deducir que los encontrados bajo el glaciar son remanentes de una gran población de microbios que alguna vez habitaron un fjord o el mar en el que recibían la luz del Sol. Muchas de esas cepas marinas se extinguieron, mientras otras se adaptaron a las cambiantes condiciones cuando el glaciar Taylor se consolidó y selló con hielo lo que había allí.
En la foto, cortesía de Zina Deretsky /NSF, se aprecian esos microbios.
Sorpresas te da la vida.