Polución afecta La Última Cena de Da Vinci

Sobrevivió largos siglos, resistió dificultades políticas, no sucumbió ante los bombardeos durante la Segunda guerra Mundial, pero La Última Cena de Leonardo Da Vinci enfrenta ahora un gran riesgo: la polución de una de las ciudades más contaminadas de Europa.

A finales de 2009, los encargados de la iglesia de Santa María Delle Grazie donde se encuentra, instalaron un sofisticado sistema de calefacción, ventilación y aire acondicionado para proteger la pintura del aire de Milán.

Para chequear la efectividad de las medidas anticontaminantes, oficiales italianos contactaron a Constantinos Sioutas de la USC Viterbi School of Engineering.

Para la investigación examinaron muestras del aire mediante tecnologías para lugares donde se necesita alta sensibilidad, que no interrumpen las actividades diarias, explicó Sioutas.

Un grupo multinacional empleó monitores para determinar si la polución interior hacía sido reducida en la iglesia, así los visitantes que gozan con la pintura sean a la vez una fuente potencial de afectación.

Los resultados serán presentados en diciembre, para ver si se deben tomar medidas adicionales. En esencia se encontró que los controles han funcionado en parte. Las concentraciones del material particulado se redujeron entre 88 y 94 por ciento frente a los niveles del exterior.

La preocupación es el aire dentro de la iglesia: los lípidos de la piel de los visitantes del templo aparecieron en grandes cantidades, pese a la estricta regulación para entrar el lugar. Esos lípidos se combinan con el polvo en el aire y si lo hacen con la pintura misma la contaminan.

“Incluso la pintura misma emite”, dijo Nancy Daher, otra investigadora que participa en el estudio: pequeñísimas partículas de la cera usada en esfuerzos anteriores de reparación de la pintura también entran al aire, contaminando la obra de igual forma.

En unos días se sabrá qué se debe hacer para preservar esta obra maestra del arte con más de 500 años de vigencia.

El meteoro que deslumbró a nuestros ancestros

Nos sorprendemos todos cuando vemos algo raro en el firmamento. ¿Se acuerdan de los recientes meteoros sobre dos regiones colombianas? De todo se dijo. Y con una gran ignorancia.

Hace unos pocos miles de años –no se ha precisado aún- un objeto rasgó el cielo africano y cayó cerca de lo que hoy es el borde entre Egipto y Sudán, en pleno desierto del Sahara.

Es muy probable que, dado su tamaño, hubiese sido observado por primitivos humanos. ¿Qué habrán pensado?

El cráter que dejó sólo fue hallado. En 2008, el minerólogo Vincenzo De Micheli, del Museo de Historia Natural de Milán, que buscaba rasgos naturales en el planeta utilizando Google Earth, lo detectó.

Se puso en contacto con el astrofísico Mario Di Martino, del Instituto Nacional de Astrofísica, que junto a Luigi Folco del Museo de la Antártica en Siena, organizaron la expedición.

El meteoro pudo alcanzar la superficie a una velocidad de 12.000 kilómetros por hora, medía 1,3 metros y pesaba una tonelada: era de hierro.

Calculan los científicos que pudo ser observado hasta a 1.000 kilómetros de distancia, como una bola de fuego que caía. El cráter tiene un tamaño de 16 metros de profundidad y 45 de ancho. Permaneció prácticamente igual hasta ahora.

Los primeros análisis sitúan la frontera del suceso hace 10.000 años, pero podrían ser varios miles menos.

El cráter se fue denominado Kamil, por un promontorio cercano.

Los científicos determinaron que un meteoro metálico de ese tamaño no se desintegra en la atmósfera, sino que explota al chocar con la superficie y produce un cráter. Una información que servirá para establecer el riesgo de pequeños asteroides.

El informe sobre este estudio fue presentado por Alphagalileo, que difunde notas científicas europeas.

¿Qué habrán pensado quienes lo vieron caer?

Foto cortesía L. Folco