Ojo con el acetaminofén

Alto ahí: sí, es muy usado y requerido para tratar dolores y se abusa pese a tener serios inconvenientes.

Sí, el acetaminofén. La Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) pidió a los médicos no recetar medicinas combinadas que tengan más de 325 miligramos de acetaminofén por el riesgo de que se afecte el hígado.

No hay pruebas de que tomar más de esa cantidad provea un beneficio adicional que supere el riesgo de un daño hepático, dijo esa oficina en un comunicado.

Una droga combinada es aquella que contiene dos o más drogas.

No es extraño que el acetaminofén se utilice en combinación con opioides como oxicodona, hidrocodona y codeína.

La agencia no advirtió sobre productos de dispensador como Tylenol que contiene aquel compuesto pues expedirá otra norma al respecto.

“Muchos consumidores no están enterados a menudo de que muchos productos (de prescripción o en dispensador) contienen acetaminofén, haciendo que accidentalmente se tome mucho”, agregó la FDA.

La sobredosis de acetaminofén es una de las intoxicaciones más frecuentes en el mundo, según los Institutos de Salud de Estados Unidos.

Tomar mucho de este analgésico puede llevar a la falla hepática o a la muerte.

La dosis máxima para adultos fijada por la FDA son 4.000 miligramos por día. Una sola tableta, por lo general, contiene 500.

No solo pueden sufrir daño hepático quienes abusen, también aquellos que ingieren alcohol mientras consumen el acetaminofén.

Café sí activa el cerebro

Para halar de café, todo colombiano se siente autorizado. Y la ciencia, hasta ahora, no ha hallado contraindicaciones serias para la bebida.

Pero, ¿qué efectos produce en verdad la cafeína? La mayoría de los adictos al café afirmarían que agudiza la mente. Resulta que en roedores una sola dosis de cafeína en verdad fortalece las conexiones celulares en una región del cerebro poco considerada, según estudio presentado en Nature Neuroscience.

Es que una idea exacta de lo que sucede en el cerebro con la cafeína proveería a los científicos con elementos para sacar ventaja de sus efectos estimulantes y aliviar quizás ciertos síntomas de algunos desórdenes cerebrales.

Hasta el presente, la mayoría de los efectos se han determinado mediante el consumo de dosis más elevadas a las que una persona consume por lo general en la mañana, consideró Serena Dudek, coautora del estudio del National Institute of Environmental Health Sciences en E. U.

Con su equipo analizó los efectos de pequeñas dosis de cafeína en una pequeña región del hipocampo. En los humanos, esta estructura con forma de caballo de mar está bien adentro detrás de las orejas.

Tras darles a ratas el equivalente a dos pocillos de café (dos miligramos de cafeína por kilo de peso corporal) midieron la fuerza de los mensajes eléctricos en las células nerviosas en pedazos del tejido cerebral.

Las neuronas en este sitio particular –una región denominada CA2- recibieron un gran empuje de la cafeína, mostrando una mayor actividad eléctrica cuando los investigadores estimularon las células.

Las células de las partes adyacentes del hipocampo no mostraron tal sensibilidad.

A más cafeína, mayor el efecto. Una dosis 10 veces mayor, como la de los grandes consumidores de café, provocó una respuesta aún más fuerte en las células de esa región, un efecto que se notó además cuando se aplicó directamente la cafeína en las células de la CA2 en un disco.

Tras cinco minutos de exposición a al cafeína, la sinapsis (unión entre neuronas en las cuales se transmite un impulso) permanecía sobreexcitada durante 3 horas.

Resuelto el misterio: ¿cómo salta una pulga?

Salta hasta 200 veces su tamaño y alcanza una velocidad de 1,9 metros por segundo, aunque sólo mide menos de 1,8 milímetros. Uno de los animales mejor dotados para el salto.

Tirana de perros, gatos y muchos otros animales, había mantenido su secreto bien guardado. Y aunque pudiera parecer asunto loco, tras 44 años de dudas, científicos lograron descifrar el salto de la pulga.

Fue en 1967 cuando Henry Bennet-Clark descubrió que las pulgas almacenaban en una especie de cojincito la energía requerida para catapultarse en el aire, un cojín hecho de la elástica, por decirle así, proteína resilina.

Pero la gran pregunta no quedó resuelta: ¿cómo lograban liberar esta explosiva energía

Mediante un equipo de grabación de alta velocidad y con modelos matemáticos sofisticados, Malcolm Burrows y Gregory Sutton, probaron que las pulgas usan la punta de sus dedos para empujarse a través del aire, hallazgo reportado en el Journal of Experimental Biology.

El grupo pudo filmar 51 saltos de 10 pulgas, luego de entender que permanecen quietas en la oscuridad y saltan en la luz.

En la mayoría de los saltos. Dos partes de la pata, el tarso (dedo) y el trocanter (rodilla) estaban en contacto con el piso para el empujón, pero en 10 por ciento de los saltos no usaron su rodilla. O no era necesario o tenían dos mecanismos para impulsarse.

Al analizar las películas, los cinéticos pudieron ver que los insectos continuaron acelerando durante el impulso, aún cuando el trocanter no estaba empujando. Los que saltaban sin usar su rodilla aceleraban de la misma manera como los que empleaban tarso y rodilla. Cuando miraron la pata con un microscopio electrónico, la tibia y el tarso estaban equipados con garras para asirse, mientras que la rodilla era lisa.

O sea, no todas saltan de la misma manera, aunque en la mayoría de los casos, la rodilla comenzaba en el piso pero se levantaba unos 0,6 milisegundos antes del salto, antes de alcanzar la máxima aceleración del cuerpo.

Un estudio nada fácil, pues estos animalitos de apenas 0,7 miligramos de peso, debían ser incitados a saltar, bien con el suave toque de un cepillo o con el cambio de iluminación.