La increíble hoja generadora de energía

Un desarrollo espectacular, como lo llamó un científico. Una hoja eléctrica. Piense en cómo sería: un árbol repleto de hojas… eléctricas. Que generan electricidad. Increíble.

No es lo mismo, pero casi, casi. Científicos desarrollaron una hoja artificial que convierte la luz solar en una fuente barata de energía. El hallazgo fue publicado en Science.

El nuevo dispositivo, logrado en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), es una tableta de silicio del tamaño de una carta de una baraja. Ambos lados están cubiertos por distintos catalizadores. El silicio absorbe la luz solar y pasa la energía a los catalizadores para separar el agua en moléculas de hidrógeno (H2) y oxígeno (O2). El hidrógeno es un combustible que se puede quemar o usar en una celda para crear electricidad. En ambos casos el agua se modifica.

¿Qué quiere decir todo esto? Que en teoría cualquier persona con acceso a agua puede emplearla para crear una fuente limpia y barata de energía.

Aunque hay un largo camino aún para que el desarrollo sea práctico en el mundo real, que sea de bajo costo y de acceso potencial para cualquiera, justifica el avance.

Daniel Nocera, líder del equipo investigador, dijo que espera comercializar el dispositivo en dos o tres años. A fines de año, una compañía que fundó espera producir un prototipo con cobalto como catalizador y una fuente externa de energía para separar los componentes del agua. Luego se trabajará con la luz solar.

La intención, con una empresa india, es producir un congelador pequeño que convierta la luz solar en electricidad.

La sorprendente vida acuática de los insectos

Esta historia sí que es sorprendente: Existen cientos de especies de insectos que pasan mucha parte de su vida… bajo el agua. Tal como lo lee. ¿Pero cómo lo hacen si no están dotados para ello? Bueno, depende de cómo se mire…
En este caso, la respuesta viene de las matemáticas. De matemáticos del MIT, que acaban de demostrar cómo respiran bajo el agua.
Debido a su cobertura repelente del agua, esos insectos, al sumergirse, atrapan una pequeña capa de aire en sus cuerpos, en burbujas que no solo les sirven como fuente de oxígeno, sino que les permite absorberlo del agua circundante.
Es decir, la burbuja actúa como un pulmón externo, indicó John Bush, profesor de matemáticas aplicadas y co autor del estudio aparecido en el Journal of Fluid Mechanics..
Es de esta forma como logran sumergirse hasta 30 metros y permanecer indefinidamente bajo la superficie. Se da el caso, por ejemplo, de un insecto como la pulga Neoplea striola, que hiberna debajo del agua todo el invierno.
La estabilidad de la burbuja de aire se alcanza con unos pelos en el abdomen del insecto, que repelen el agua. Ellos, junto a la cobertura cerosa, evitan que el agua inunde los espiráculos, esos hoyuelos en el abdomen para respirar.
Los científicos encontraron que el espacio entre esos pelos tiene una importancia crítica: mientras más juntos, mayor estabilidad mecánica y se alcanza mayor resistencia a la presión. Pero no es así de sencillo. Mientras más juntos los pelos, menos espacio para respirar.
Dado que la burbuja actúa como un pulmón externo, el área de su superficie debe ser lo suficientemente grande para facilitar el intercambio de gases. ¿Interesante, no?
Los matemáticos desarrollaron un modelo que considera todos esos factores, para determinar cuánto podían sumergirse los insectos.
Parece que si un humano quisiera aprovechar la técnica, necesitaría un área de la superficie de unos 100 metros cuadrados. Imposible.. por ahora.
En la foto aparece la Neoplea striola.

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