Una planta tramposa

La flor tramposa. Foto cortesía

La flor tramposa. Foto cortesía

Obligadas. Así van las moscas hacia la planta ceropegia gigante C. sandersonii. Y las obliga… ella misma mediante un truco no muy común.

La planta imita la esencia de abejas que son atacadas. A ese ‘llamado’ acuden las moscas, que son retenidas por un tiempo, pero luego liberadas por la planta, que resulta polinizada.

Las moscas son atraídas por ese olor dado que se alimentan de abejas atrapadas, por ejemplo, por arañas en sus redes.

El hallazgo fue presentado en Current Biology.

Estas flores tienen una morfología compleja, incluyendo estructuras para atrapar los polinizadores temporalmente y liberándolos luego”, dijo Stefan Dötterl de la Universidad de Salzburgo en Austria. “Demostramos que las flores atrapadoras imitan sustancias de abejas occidentales para atraer moscas para polinizarlas. Las moscas son atraídas esperando comida pero en vez de eso son capturadas por la flor que no les brinda recompensa y las usa para polinizar”.

Cerca del 6% de las plantas, incluyendo el género Ceropegia, son polinizadas mediante engaños. Se involucran en un anuncio falso para parecer ofreciendo una recompensa como polen o néctar, una pareja o un lugar para poner sus huevos.

El nuevo estudio es de los primeros en demostrar este mecanismo de imitar un olor de un animal adulto como alimento.

Las moscas con las cleptoparásitos, que se alimentan de abejas comidas por arañas.

El cerebro también siente el hambre

Con hambre no somos los mismos ni actuamos como siempre y cuando comemos nos cambia el genio, un fenómeno que podría sobrepasar muchas especies.

Científicos del Max Planck Institute de Neurobiología en investigaciones con la mosca de las frutas Drosophila, demostraron que el hambre modifica el comportamiento y cambia la actividad cerebral.

La conducta animal es afectada severamente por la disponibilidad y cantidad de comida. Estudios han demostrado que la disposición de animales a tomar riesgos varía según si el animal está lleno o hambriento, Un depredador solo caza presas más peligrosas si está cerca de la inanición. Esa conducta ha sido vista en humanos también: un estudio demostró que individuos hambrientos tomaban más riesgos financieros que sus colegas saciados.

En la mosca Drosophila, los cambios en la conducta dependen de su estado nutricional. Los animales perciben bajas cantidades de dióxido de carbono como señal de peligro y optan por volar. Pero las plantas y las frutas podridas de las que se alimentan también emiten CO2. Ahora los neurobiólogos del Max Planck descubrieron cómo lidia el cerebro con el conflicto constante de decidir entre una sustancia peligrosa y una fuente potencial de alimento, tomando la mosca como modelo.

En experimentos, los científicos les presentaron a las moscas ambientes con dióxido de carbono o una mezcla de CO2 y el olor a comida. Las hambrientas dejaron de lado su aversión al CO2 más rápido que las alimentadas -si había un olor a comida en el ambiente al mismo tiempo. Al enfrentar la posibilidad de comida, las hambrientas eran más dadas a tomar riesgos.

Los investigadores identificaron la región cerebral responsable de estos cambios, lo que muestra que el hambre produce modificaciones en las conexiones cerebrales.

“Es fascinante ver hasta qué grado los procesos metabólicos y el hambre afectan los sistemas de procesamiento en el cerebro”, expresó Ilona Grunwald-Kadow, quien encabezó la investigación.

Cucarachas se acicalan para olernos mejor

No crea que esa cucaracha que mueve sus antenas está bailando. No: se acicala para ¡olerte mejor!

Un estudio publicado esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences mostró que acicalarse ayuda a los insectos a mantener un olfato agudo, vital para funciones como encontrar alimento, sentir el peligro e incluso hallar pareja. El hallazgo podría explicar porqué ciertos insecticidas actúan mejor que otros.

El caso es que los insectos se acicalan incesantemente, por lo que el entomólogo Coby Schal de NC State y los investigadores de posdoctorado Katalin Boroczky y Ayako Wada-Katsumata querían averiguar las funciones de esa conducta.

Para ello idearon una serie de experimentos sencillos y compararon la antena de las cucarachas americanas con otras de insectos a los que se les había impedido acicalarse. Encontraron que el aseo destapa poros microscópicos en las antenas que sirven de conductos a través de los cuales los químicos viajan hasta los receptores sensoriales del olfato.

Las cucarachas asean sus antenas usando sus patas delanteras para colocar sus antenas en la boca: luego limpian metódicamente cada segmento de la antena de la base a la punta.

Los investigadores encontraron que los químicos volátiles y no volátiles se acumulaban en las antenas no aseadas, pero más sorprendente fue la acumulación de una gran cantidad de hidrocarburos cuticulares, sustancias cerosas segregadas por las cucarachas para prevenir la pérdida de agua.

“Es intuitivo que los insectos remueven sustancias ajenas de sus antenas, pero no lo es necesariamente que se acicalen para remover las propias”, dijo Schal.

Los científicos examinaron además las cucarachas acicaladas y las sucias para medir cuánto recogían de la esencia de una feromona sexual conocida, así como de otros olores. Las antenas limpias respondían a las señales mucho más que las que no lo estaban.

Luego analizaron moscas caseras y hormigas. Aunque se acicalan distinto a las cucarachas -ambas frotan sus patas con las antenas para remover partículas, y las hormigas ingieren después el material sacado de sus patas- y los tests mostraron que estos insectos también acumulaban más hidrocarburos cuticulares cuando la antena no estaba acicalada.

“La evidencia es sólida: acicalarse es necesario para mantener las sustancias extrañas y propias en un nivel determinado”, dijo Schal. “Mantener la antena sucia hace que los insectos queden ciegos frente a su ambiente”.

Foto cucaracha acicalándose, cortesía Ayoko Wada-Katsumata

Plantas carnívoras se vuelven vegetarianas

La contaminación podría estar evitando la muerte de algunas moscas, de acuerdo con un nuevo y novedoso estudio.

Sí: la polución por nitrógeno le está proporcionando a plantas carnívoras tal cantidad de nutrientes, que no necesitan atrapar muchas moscas.

La Drosera rotundifolia crece en mucha parte del norte de Europa, en hábitats llenos de material en descomposición con pocos nutrientes, por lo que deben aumentar la ingestión de nitrógeno atrapando diversidad de insectos que llegan hasta sus pegajosas hojas.

Pero no contaban con un aliado inesperado: el hombre. Las actividades humanas que incluyen la combustión de combustibles fósiles en el transporte e industria, han aumentado de manera significativa el nitrógeno depositado en los sitios donde crece la planta carnívora.

Un estudio publicado en New Phytologist muestra que esta lluvia artificial de fertilizante está llevando a que las plantas pierdan interés en insectos. Aquellas en áreas poco contaminadas obtienen el 57% del nitrógeno de los insectos, mientras que las que reciben más nitrógeno apenas toman el 22% de los desafortunados insectos.

No necesitan comer mucho si disponen de mucho nitrógeno en sus raíces, dijo Jonathan Millett, de Loughborough University, cabeza del estudio.

Pero, ¿como manejaron este cambio en su dieta? Millett dice que algunos experimentos sugieren que pueden hacer sus hojas menos pegajosas, por lo que atrapan menos insectos.

También podría contribuir el cambio de color: aquellas plantas en zonas más contaminadas son mucho más verdes que aquellas que crecen en condiciones de escasez de nutrientes. Estas tienen un color rojo que se cree es el que atrae los insectos.

Por eso sugiere que mirar el color de las plantas podría brindarles a los ecólogos una forma rápida de evaluar cuánta polución por nitrógeno ha sufrido un área.

Los científicos han teorizado que las plantas adoptan el estilo de vida carnívoro cuando no obtienen suficiente nitrógeno a través del sistema convencional apra adquirirlo: las raíces. Por eso, atrapar insectos es otra fuente, aunque no es la solución ideal: demanda mucha energía en el equipo especializado; una vez la planta ha entrado por este sendero, le resulta difícil competir con rivales no carnívoras por el escaso nitrógeno en el suelo.

Ahora buscarán replicar los hallazgos en áreas más contaminadas, como Gran Bretaña: mientras la deposición de nitrógeno por contaminación es de 1,8 kilos por hectárea año en Suecia, en varios sitios británicos se aproxima a 30 kilos.

Increíble forma de supervivencia.

Es fácil morir mientras se copula

Morir mientras se copula no parece muy llamativo. Menos si es por un tercero. Aparearse tiene sus costos. No por el posible agotamiento físico, sino porque se baja la guardia en un mundo repleto de peligros.

No es difícil en tanto que algunos animales mueran mientras gozan o… transmiten sus genes a sus descendientes.

Mientras en el alar de cualquier vivienda dos moscas aprovechan la noche para cortejar y aparearse, alguien espera que el encuentro se produzca.

No es un pervertido, tampoco un voyerista. No. Es un murciélago, que resulta atraído por los ‘clics’ precoito de la apasionada pareja de moscas.

Diversos estudios en anfípodos de agua dulce y langostas, por ejemplo, han demostrado que aparearse hacen los animales más vulnerables a los depredadores, aunque no se sabe porqué.

Ahora, un equipo del Max Planck Institute for Ornithology en Alemania, liderado por Björn Siemers, halló que la interacción murciélago-mosca en el establo aporta pistas sobre qué hace que un depredador se abalance sobre una pareja que copula.

Los científicos observaron esa cinta de terror en la que un murciélago Myotis nattereri cazaba moscas domésticas apareándose (Musca domestica).

Los murciélagos detectan sus presas por ecolocalización o por acústica pasiva. Para la mayoría, la primera es herramienta básica de rastreo: envían una serie de sonidos en alta frecuencia y escuchan el eco producido cuando las ondas golpean algo. Mediante ese sistema, los científicos vieron que les era fácil cazar moscas que volaban, pero tenían dificultades con las que estaban quietas.

“El problema es que esas moscas descansan en el cielorraso en la noche y cuando un murciélago trata de ecolocalizarlas, el sustrato enmascara el débil eco del insecto”, dijo Stefan Greif, estudiante de doctorado. El cielorraso del establo está cubierto con pequeños sacos, similar en tamaño a las moscas, lo que las hace invisibles a las señales del mamífero volador.

Es entonces cuando entra en juego la acústica, los ruidos que la presa hace. El grupo advirtió que la mosca macho hace un ruido de cliqueo con sus alas antes de la copulación, lo que alerta los murciélagos. Esos cliqueos estaban en el rango de 9 kHz y 154 kHz, sonando como un zumbido de baja frecuencia para los humanos, que escuchan en el rango de los 20 kHz. Pero para los murciélagos, que pueden oír a más de 150 kHZ, los sonidos son señales claras.

Atraído por el ruido, los murciélagos vuelan y agarran la pareja mediante una especie de bolsillo para presas, formado por el exceso de piel extendida desde la cola. Estos mamíferos atacan 26% de las moscas que se aparean, obteniendo una doble comida el 60% de las veces, según el estudio revelado en Current Biology.

Las moscas beben para olvidar sus penas

Hasta las moscas beben para olvidar, más cuando les han rechazado una propuesta de sexo.

Sí, eso que parecía conducta típica de humanos desesperados y despechados, se observa en las moscas de las frutas también.

Cuando a un macho de estas moscas se le ofrece comida bañada en alcohol o su equivalente no alcohólico, su decisión dependerá de su se ha apareado recientemente o si ha sido rechazado por una hembra.

Aquellos a los que las hembras les han puesto el tatequieto, son más proclives a elegir la comida impregnada con alcohol quizás para olvidar el mal trance.

Es la primera vez, según los investigadores, que se descubre en moscas de las frutas una interacción social que influye en una conducta posterior.

“Es un vínculo sorprendente”, dijo Troy Zars, neurogenetista de la Universidad de Missouri, Colombia, no implicado en el estudio, reportó Science. Entender cómo sucede esto en el cerebro, podría ayudara a explicar con mayor amplitud cómo la conducta que recompensa se refleja allí y cómo el cerebro media en conductas complejas.

Los científicos sabían ya que cuando las moscas de las frutas ingieren alcohol, las conexiones de recompensa en sus cerebros se activan, haciendo que sea una experiencia ‘placentera’.

Por eso, científicos encabezados por Galit Shohat-Phir, de la Universidad de California y ahora en el Howard Hughes Institute, querían determinar si los dos tipos de recompensa estaban conectados en el cerebro. “No esperábamos encontrar este resultado”, dijo.

Los investigadores pusieron 24 moscas macho (Drosophila melanogaster) en una de estas situaciones: la mitad en grupos de cuatro, cada uno con 20 hembras listas para aparearse, permitiéndoles a los machos aparearse con varias. La otra mitad solos, cada uno con una hembra que se había acabado de aparear, haciendo que rechazara cualquier cortejo. Tras 4 días de repetido rechazo, los machos fueron movidos a contenedores con capilaridades con alimento, algunas con alcohol, otras sin él, qen las que podían alimentarse.

Se encontró que los machos apareados rechazaban el alcohol, mientras que los rechazados lo preferían, comentó Shohat-Phir. En promedio, los rechazados ingirieron 4 veces más alcohol que los apareados.

Todo esto es mediado por químicos como el neuropéptido f (NPF): se encontró menos en aquellos que no se aparearon y al reducir el nivel en los que sí, también consumieron más alcohol. Y este responde también por la asociación sexo-alcohol.

En humanos existe un químico similar (NPY) que se ha encontrado que tiene relación con la depresión y el consumo de alcohol y drogas.

Un hallazgo bien interesante.

Foto moscas D. melanogaster apareándose.

Las moscas se emborrachan

Eso de ver personas borrachas es asunto de todos los días y, hoy, casi a toda hora. ¿Pero un animal?

Se sabe que los gatos, por ejemplo, mastican una hierba común que los traba, pero eso está lejos de ser una borrachera provocada por alcohol.

Se acaba de encontrar un animal que ingiere alcohol, aunque por motivos distintos a los de nosotros: la mosca.

No es asunto de despecho, no, revelaron científicos en Current Biology, porque lo consumen por una razón antiséptica.

La larva de la mosca de las frutas como fruta podrida y fermentada. Estos insectos han desarrollado una fuerte resistencia al alcohol por razones claras: tienen que vérselas con parásitos.

Científicos estudiaron dos especies de avispas que ponen sus huevos dentro de la larva de aquellas moscas. Cuando las avispas eclosionan, se comen las larvas desde adentro hacia afuera. Pero cuando las moscas han consumido alcohol extra, a las avispas no es fácil poner sus huevos entre las larvas. E incluso si logran ponerlos e infectarlas, no muchas avispas sobrevivirán en la presencia del alcohol.

En el estudio los científicos encontraron que las moscas buscan el alcohol cuando resultan infectadas, una medicina antiavispas.

¿Podemos percibir los campos magnéticos?

Las aves en el aire lo hacen y, en el fondo del mar, las tortugas también. ¿Qué será? ¿Lo hace el ser humano sobre la superficie terrestre?

Aves y tortugas se orientan por el campo magnético de la Tierra, pero no se cree que las personas tengan esa capacidad..

Una investigación publicada esta semana en Nature Communications por la Escuela de Medicina de Harvard muestra que una proteína expresada en la retina humana puede sentir el campo magnético cuando se implanta en la mosca Drosophila, lo que reabre el tema de la biología sensorial para una mayor exploración.

En distintos animales migratorios, la flavoproteína criptocroma juega un papel en la capacidad de sentir el campo magnético. En aquellas moscas se ha mostrado que funciona como sensor magnético dependiente de la luz.

Científicos eliminaron esa proteína de la mosca, insertándole la proteína humana criptocroma 2. Luego determinaron que con ella, las moscas eran capaces de sentir y responder a un campo magnético generado con electricidad y lo hicieron de manera dependiente de la luz.

Esto demuestra que aquella proteína humana tiene la capacidad molecular para actuar en un sistema sensor magnético, lo que ayudará a investigar más el campo de la magnetorrecepción en humanos.

¿Será que sí?

Descubrimientos curiosos

Con alcohol se recuerda. Llama la atención: beber alcohol activa ciertas áreas del cerebro para aprender y recordar mejor, según estudio del Waggoner Center for Alcohol and Addiction Research de la Universidad de Texas en Austin.

La expresión popular de que beber es malo para el aprendizaje y la memoria no es equivocada, afirmó el neurobiólogo Hitoshi Morikawa, pero sólo subraya un lado de lo que el consumo de etanol le hace al cerebro. “Usualmente cuando hablamos de aprendizaje y memoria, sólo nos referimos a la memoria consciente”, dijo. El alcohol disminuye nuestra capacidad de recuperar pedazos de la información, como el nombre de un colega, o la definición de una palabra, o dónde se parqueó el auto por la mañana. “Pero nuestro aprendizaje subconsciente también es aprendizaje y recordación y el alcohol puede, de veras, incrementar nuestra capacidad de aprender”. El estudio, publicado en The Journal of Neuroscience, mostró que la exposición repetida alienta la plasticidad sináptica en una región clave del cerebro y aportó otra evidencia de lo que se cree en la comunidad de las neurociencias: la adicción a las drogas y el alcohol es en esencia un desorden del aprendizaje y la memoria. Bien curioso. (Esta nota no es una invitación a ingerir bebidas alcohólicas).

Moscas listas. La sola invasión de una bacteria hace que una mosca evolucione con gran rapidez y obtenga ventajas. Un estudio demostró que la bacteria del género Rickettsia que infecta la mosca blanca, una peste de importantes cultivos en todo el planeta, como la papa, hace que esta mosca (Bemisia tabaci) evolucione en tan solo seis años: los insectos infectados ponen más huevos, se desarrollan más rápido es más posible que sobrevivan a la edad adulta en comparación con las moscas que no son infectadas, reveló el estudio del College of Agricultural and Life Sciences de la Universidad de Arizona. Curioso contrataque.

Bendito colesterol. El llamado colesterol bueno o HDL, que remueve el exceso de colesterol del hígado, parece tener otra función importante: destruir células cancerosas, de acuerdo con un estudio publicado este mes en Neoplasia. Nanopartículas cargadas con ARN pequeño de interferencia o ARN de silenciamiento para silenciar genes que promueven el cáncer redujeron o destruyeron tumores en el ovario de ratones, por lo que se espera realizar ensayos con personas. Curioso.

Adelgazamiento. Un grupo de investigadores encabezados por John Gunstad de Kent State University parece haber encontrado un vínculo entre la pérdida de peso y una mejor memoria y mayor concentración. El estudio con 150 pacientes demostró que personas intervenidas con operación bariátrica (bypass gástrico) tenían una mejor memoria a las 12 semanas de ser operados. El hallazgo será publicado en el Journal of the American Society for Metabolic and Bariatric Surgery y se convierte en esperanza para personas obesas que sufren de problemas de memoria y la concentración. Curioso.

Eva: dame otra manzana

Eva le dio a morder la manzana a Adán. Lo que no se supo es cuán viejos vivieron.

Pues bien, la manzana está llena de antioxidantes, que podrían tener un buen efecto en las personas.

Científicos acaban de presentar evidencias de que el consumo de sustancias antioxidantes en las manzanas extienden el promedio de vida en animales y lo hacen en un 10 por ciento.

El estudio, con moscas de las frutas, aparece publicado en el Journal of Agricultural and Food Chemistry.

Los resultados refuerzan hallazgos similares sobre los antioxidantes de las manzanas en otros estudios con animales.

Zhen-Yu Chen y colegas recordaron que sustancias nocivas generadas en el cuerpo, los radicales libres, provocan cambios indeseables que se cree están envueltos en el proceso de envejecimiento y en algunas enfermedades. Los antioxidantes combaten esos daños y frutas y vegetales de color como el brócoli, los arándanos, los tomates y las manzanas los contienen en buena cantidad.

Un estudio previo con otros animales sugirió que un antioxidante en la manzana podía extender el promedio de vida. En el actual reporte, los científicos estudiaron si diferentes antioxidantes en esta fruta, conocidos como polifenoles, podría hacer lo mismo en moscas de las frutas.

Los investigadores encontraron que no sólo prolongaban la vida sino que les ayudaban a preservar su capacidad de caminar, trepar y moverse. Es más, los polifenoles de la manzana reversaron los niveles de varias sustancias bioquímicas halladas en moscas mayores y los usaron como biomarcadores para el deterioro relacionado con el envejecimiento y el acercamiento a la muerte.

Eva: más manzanas por favor.

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