Murió lleno hace 46 millones de años

Murió con la comida en la boca. Científicos del Museo Nacional de Historia Natural en Washington descubrieron la primera comida de sangre de la historia según un artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences: un insecto fosilizado de hace 46 millones de años. Tenía sangre.

El hallazgo permite conocer más sobre cuándo se originó la conducta de picar otros animales en busca de alimento.

“Se muestra que los detalles de un mosquito chupador pueden estar bien preservados en un medio distinto al ámbar”, dijo el paleontólogo George Poinar, de Oregon State University, citado por The Scientist. Él no participó en el estudio. “También se ve que en esa época ya existían mosquitos chupadores, por lo que debieron originarse mucho antes”.

La investigación es una evidencia además de que ciertas moléculas de la sangre perduran mucho más allá de lo que se creía, según Mary Schweitzer, paleontóloga citada por esa publicación.

El mosquito fue hallado por Dale Greenwalt en la formación Kishenehn en el Parque Nacional de los Glaciares en Montana, Estados Unidos, un sitio en donde inexplicablemente se hallan muchos insectos fosilizados

El abdomen alargado y ennegrecido del insecto y la morfología de su aparato bucal llamaron de inmediato la atención de Greenwalt, quien en su expedición recogió unos 1.000 vestigios de otros tiempos.

“Nadie había hallado un fósil con un mosquito lleno de sangre”, dijo.

Los investigadores midieron el contenido elemental en el mosquito y hallaron que el abdomen contenía más hierro que el tórax y que otro mosquito del mismo sitio, revelando el contenido de sangre. El análisis por espectrometría lo confirmó.

Ahora, la pregunta que quedará sin respuesta es: ¿a quién picó el mosquito?

Picaduras de hace 46 millones de años.

De noche es mejor

Yo sé quién te pica mientras tú duermes: sí el mosquito anofeles. Un estudio publicado en Nature reveló que ese gran transmisor de malaria en África huele mejor los olores humanos durante la noche. Por eso actúa cuando la inocente víctima duerme.

El equipo de investigadores de la Universidad de Notre Dame con el profesor Giles Duffield y Zain Syed utilizó una aproximación integral para examinar la capacidad del mosquito de oler durante las 24 horas incluyendo técnicas proteómicas, senso-fisiológicas y de comportamiento, analizando además el rol de una gran familia de proteínas quimiosensoriales del mosquito, las OBP.

El equipo reveló la abundancia diaria de la proteína es más alta durante la noche que en el día.

La coincidencia del pico de abundancia de la proteína, la sensibilidad olfativa y el acto de picar reflejan el afinado control de la fisiología del mosquito: la proteína y la sensibilidad olfativa son altas cuando se requiere y baja cuando no, en el día.

Samuel Rund, uno de los investigadores, expresó que “es fascinante: durante el día el mosquito duerme y no requiere olerlo, pero cuando se oculta el Sol, el sistema olfativo se hace extra sensitivo y él queda listo para olerlo y picarlo”.

Estudios en los últimos años también han relacionado el olor desprendido por ciertas partes del cuerpo, como los pies y la atracción sobre el mosquito, que parece picar más en esa zona.

Hacen trampa al dengue

Una de las herramientas modernas para combatir enfermedades transmitidas por vectores comenzó a utilizarse con éxito en Brasil.

No es que la enfermedad, en este caso el dengue vaya a ser cosa del pasado, pero sí podría ser puesto a raya en algunas regiones.

Más de 10 millones de mosquitos Aedes aeegypti modificados genéticamente fueron liberados en la ciudad de Juazeiro, de 280.000 habitantes, en un proceso que comenzó hace un año.

Los resultados del experimento fueron presentados en un seminario en Rio de Janeiro, en donde el coordinador del proyecto, Aldo Malavasi, dijo que “eran muy positivos”.

Los mosquitos portan un gen que hace que los descendentes mueran antes de llegar a la edad madura, desarrollo de la firma británica Oxitec.

“De muestras recogidas en campo, 85% de los huevos eran transgénicos, lo que indica que los machos liberados están entre la población natural de mosquitos. Esto deberá incidir en la disminución del Aedes y en la transmisión del dengue”, dijo a SciDev.net.

Los mosquitos en Brasil son producidos por la firma Moscamed.

Estos insectos fueron ensayados en Malasia y en Islas Caimán, pñero el brasileño sería el experimento a mayor escala realizado a la rfecha.

Antes de la liberación, los residentes de Juazeiro fueron consultados y el 90% estuvo de acuerdo.

Mark Benedict, de la Universidad de Perugia en Italia, dijo que los resultados eran prometedores. “Los datos indican que el sistema trabaja como se esperaba”.

Ambientalistas como GeneWatch en el Reino Unido expresaron su preocupación por el potencial de los mosquitos para sobrevivir y aparearse en la naturaleza con resultados impredecibles según ellos.

Malavasi dijo que confiaba en que los mosquitos serán incapaces de producir descendencia viable. “Pero esto no quiere decir que no seamos cuidadosos. Siempre estamos haciendo pruebas de control”.

Foto del mosquito transmisor del dengue.

El olor de los pies es el que atrae… la fatal malaria

Algo los llama. ¿Será el olor? La malaria, transmitida por hembras del mosquito Anopheles, provoca al menos 1 millón de muertes al año en países tropicales.

La hembra es guiada al cuerpo por el CO2 que expiramos los humanos. Pero, curiosamente, no se dirige hacia donde sale el dióxido de carbono. No. Va directo hacia… ¡los pies!

El científico Remco Suer descubrió cómo esas hembras utilizan el olor de los pies en los últimos metros de su recorrido para alcanzar el sitio preferido para extraer sangre.

El estudio se hizo con Anopheles gambiae, principal transmisor de malaria en África. Emplea sus órganos olfatorios (dos antenas, un par de apéndices de la mandíbula y el proboscis (proyección tubular de la cabeza o de la parte anterior del tubo digestivo de un organismo) en busca de una fuente para obtener su alimento.

Desde una distancia de varias decenas de metros, los mosquitos detectan el CO2, que es parte del aire exhalado por los humanos; pero no lo siguen hasta la fuente, sino que a cierta distancia, ya más cerca de su víctima, se dirigen a los pies, donde prefieren picar.

Suer, del grupo de Entomología de Wageningen University, en la que presentó hoy el estudio que le sirve de tesis de doctorado, descifró el mecanismo para tal comportamiento.

Un estudio previo dentro del proyecto, financiado por la Fundación de Bill y Melinda Gates, había mostrado que una bacteria que reside en el pie produce varios olores e identificó 10 olores bacteriales en esa extremidad, los que mezclados son atractivos para el mosquito.

Suer demuestra ahora que 9 de esos 10 olores son detectados por las neuronas olfatorias presentes en estructuras tipo capilaridad en las partes de la boca del insecto.

Es más: descubrió que 5 de los 10 olores microbianos son capaces de bloquear la respuesta al CO2. Al bloquearse esa señal, el mosquito deja de orientarse hacia esa fuente y les presta atención a los olores que emanan de los pies.

Los olores que bloquean el CO2, entonces, pero que activan otras neuronas olfatorias pueden tener algún uso en barreras de olor que atrapen la atención del insecto y, por ende, no piquen a la persona sino que encuentran un final inesperado.

Un hongo es otra arma contra la malaria

Mata al menos 800.000 personas al año e infecta varios millones. La malaria es una enfermedad no vencida, en particular porque la sufren personas pobres de países menos desarrollados.

las estrategias para combatirla se han centrado en la muerte de los mosquitos Anopheles de una u otra manera: mediante fumigación directa o con la impregnación de insecticida en toldillos, entre otros métodos.

Pero infectarlos con el hongo transgénico Metarhizium anisopliae, enemigo natural del insecto, parece útil también al reducir su capacidad infecciosa.

En un estudio publicado en Science, científicos mostraron cómo modificaron el hongo que infecta a los mosquitos por contacto, para expresar moléculas que impiden la entrada de esporozoitos (células que produce el Plasmodium, parásito de la malaria para infectar otros huéspedes) a las glándulas salivales de los insectos, lo que reduce la cantidad que puede pasar a los humanos en una picadura, explicó una información en SciDev.Net.

Esos hongos redujeron hasta en un 98 por ciento el número de esporozoitos en dichas glándulas en comparación con los infectados por un hongo no modificado.

A los dos días de la infección, el 80 por ciento de los mosquitos no transmitía ya la malaria, contra 14 por ciento de aquellos que no tenían el hongo y 32 por ciento de los infectados con un M. anisopliae no modificado.

Esta modalidad no sería más cara que los insecticidas químicos actuales, dijo Raymond St. Leger, uno de los autores del estudio de la Universidad de Maryland, Estados Unidos, citado por SciDev.Net. Los hongos podrían utilizarse en interiores o al aire libre como un insecticida de contacto, aunque no eliminarían ni reducirían la expectativa de vida de los mosquitos.

Imagen del mosco con el hongo modificado.

Insólito: les ponen alas a las vacunas

No es noticia extraña: sobredosis de medicamentos que matan personas. Pues bien, ahora la ciencia ha llegado a un punto, el de la invención de estrategias que… no podrán usarse por esa misma razón.
¿Cómo así? Pues créalo o no, un grupo de investigadores japoneses desarrolló un mosquito que puede vacunar contra una enfermedad.
Desde hace mucho, la ciencia ha soñado con modificar el ADN de los insectos para combatir enfermedades que transmiten. Una opción es crear cepas de mosquitos que sean resistentes a las infecciones con parásitos o virus o que sean incapaces de transmitir los patógenos a los humanos.
Otra estrategia, muy cercana a ser realidad, es crear mosquitos transgénicos, que cuando se apareen con su contraparte, no produzcan descendencia alguna.
Pero el nuevo estudio es totalmente diferente: emplear mosquitos como vacunadores voladores. Vaya definición.
Normalmente, cuando un mosquito pica, inyecta una pequeña gota de saliva que previene que la sangre del picado coagule. Los japoneses, reveló Science, decidieron adicionarle un compuesto de un antígeno que desencadena una reacción inmunológica a la mezcla de proteínas en la saliva del insecto.
Shigeto Yoshida, genetista molecular en Jichi Medical University en Tochigi, Japón, y colegas, identificaron una región del genoma del Anopheles stephensia, transmisor de la malaria, llamado promotor, que activa genes en la saliva del mosquito. A este promotor le pegaron SP15, un candidato a vacuna contra la leishmaniasis. Los mosquitos produjeron SP15 en su saliva, reportaron en el número en circulación de Insect Molecular Biology.
Cuando se les permitió picar ratones, estos desarrollaron anticuerpos contra SP15.
Los niveles no fueron muy altos y falta aún examinar si protegían a los roedores contra la enfermedad. En el experimento los ratones fueron picados 1.500 veces en promedio, lo que parece muy alto, pero estudios muestran que en lugares donde la malaria cabalga, una persona puede ser picada más de 100 veces en una noche. Una maravilla. Para Jesús Valenzuela, del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas en Estados Unidos, creador del candidato SP15, “la ciencia es muy hermosa”.
Pero estas vacunas no volarán hacia su objetivo. ¿Por qué? Hay una gran variación en el número de veces que una persona es picada con respecto a otra, por lo que recibirían distintas dosis de la vacuna. Nadie aprobaría una vacuna así.
Y hay otro impedimento de tipo ético: personas serían vacunadas sin su consentimiento.
Una aproximación interesante y novedosa que, quizás, encuentre aplicación de otra manera.
La foto del insecto transmisor del dengue es cortesía PHIL.

Esa arma entra callada

¿Cazador cazado? Científicos del Instituto de Investigación en Malaria de la Escuela de Salud Pública de John Hopkins, identificaron un virus que puede infectar al Anofueles gambiae, mosquito transmisor de la malaria en distintas regiones.
Con el hallazgo del AgDNV, un densovirus común a varios mosquitos pero que no infecta vertebrados, se podría pensar en convertirlo en un arma genética contra el agente de la malaria.
El virus no daña al mosquito, pero infecta con facilidad sus larvas y así se transmite a los adultos.
La intención, según su descubridor, Jason Rasgon, es alterarlo genéticamente para que mate al vector antes de 10 días, o lo inhabilite para transmitir la malaria. Aquel lapso es menor del tiempo que toma para transmitir la enfermedad.