Las chimpancés juegan con muñecas de palo

Hay autores que creen que los animales también juegan. Lo que no se sabía era que… ¡a las muñecas!

Esto parece desprenderse de una investigación que promete toda clase de controversias. Científicos reportaron la primera evidencia de que los chimpancés jóvenes tienden a jugar, dependiendo del sexo, tal como los humanos.

Machos y hembras juegan con palos, pero ellas lo hacen con mayor frecuencia y a menudo los tratan como madres que cuidan sus bebés, dice el estudio publicado en Current Biology.

El hallazgo, de verificarse, sugiere que la tendencia consistente a través de todas las culturas de las niñas jugar con muñecas más que los niños no es el resultado de una socialización estereotipada, sino que sería parte de unas predilecciones biológicas.

En estudios previos se simios en cautiverio se sugería una influencia biológica en la selección de los juguetes. Cuando a los jóvenes se les ofrecen juguetes humanos de determinado sexo, las hembras se inclinaban por las muñecas, mientras los machos tendían a jugar con juguetes de niños, como carros.

“Esta es la primera evidencia de una especia animal en la naturaleza en el cual el objeto de juego difiere entre hembras y machos”, dijo Richard Wrangham, de Harvard University.

Las conclusiones surgieron de 14 años de observación en la comunidad de chimpancés Kanyawara en el Parque Nacional Kibale en Uganda.

Wrangham y la coautora Sonya Kathlenberg de Bates College en Maine encontraron que los chimpancés utilizan palos de cuatro formas: para investigar agujeros que pueden contener agua o miel, como armas en encuentros agresivos, en el juego en solitario o en sociedad y en una conducta que los investigadores llaman porta-palos.

Wrangham dijo que vieron que de tiempo en tiempo, durante años, cargaban palos y sospechaban que las hembras lo hacían más. El estudio lo confirmó.

“Pensábamos que si los palos eran usados como muñecos, las hembras los llevarían más que los machos y dejarían de usarlos cuando tuvieran sus bebés”, dijo el científico. “Ahora sabemos que esos dos puntos eran correctos”.

Las hembras jóvenes llevaban a veces sus palos a sus sitios de descanso y algunas veces jugaban con ellos en una forma que evocaba el juego maternal.

No se sabe si esta forma de juego es común en los chimpancés. De hecho, nadie ha reportado previamente el uso de palos como una forma de juego, a pesar del considerable interés entre los investigadores de chimpancés en la descripción del uso de objetos.

Habrá que esperar más verificaciones.

A los 9 meses cada uno escoge juguetes

El siguiente texto, sin  modificaciones, es un informe de healthDay. Vale la pena analizarlo.

Los padres tal vez quieran que sus hijas crezcan para ser astronautas y que sus hijos algún día compartan de forma justa la atención de los hijos y las tareas del hogar, pero un estudio reciente sugiere que ciertas preferencias de sexo estereotípicas se arraigan incluso antes de que la mayoría de bebés pueda caminar.
Cuando se les presentaron siete juguetes distintos, los chicos de hasta apenas nueve meses eligieron el coche, la excavadora y la pelota de fútbol, mientras ignoraban los peluches, la muñeca y el juego de cocina.
¿Y las chicas? Sí, lo adivinó. A la misma edad, estaban más interesadas en la muñeca, el peluche y la olla, cuchara y verduras plásticas en miniatura.
“Los chicos siempre prefirieron los juguetes que actúan o se mueven, y las chicas los que promueven características nutricias y faciales”, señaló la autora del estudio Sara Amalie O’Toole Thommessen, estudiante universitaria de la Universidad de la Ciudad de Londres.
Entonces, ¿significa esto que los chicos y las chicas tienen preferencias innatas por ciertos tipos de objetos? ¿O afecta la socialización (o sea, la influencia de los padres y la cultura en general) las elecciones de juguetes de los niños muy pronto en la vida?
Es demasiado pronto para descartar cualquiera de ambas posibilidades, señaló Walter Gilliam, director del Centro Edward Zigler de desarrollo infantil y políticas sociales de la Universidad de Yale.
“Una de las cosas que hemos aprendido sobre los bebés durante los muchos años que los hemos estudiado en que son esponjas increíbles y aprenden muchísimas cosas en esos nueve meses”, afirmó Gilliam.
El estudio debía ser presentado el viernes en la conferencia anual de la British Psychological Society, en Stratford-upon-Avon.
En los 70 y los 80, hubo mucho interés en el debate de “naturaleza” versus “crianza”, y los investigadores del desarrollo llevaron a cabo muchas investigaciones sobre las diferencias de sexo durante el juego. Sin embargo, la mayoría de estudios no fueron concluyentes, y el interés se desvaneció, apuntó Thommessen.
Al mismo tiempo, los roles dentro del hogar se volvían más fluidos. Los padres atendían más a los niños, y las mujeres trabajaban más y en una mayor variedad de trabajos fuera del hogar, aunque el mercadeo de los juguetes infantiles siguió siendo muy estereotípico.
Este último estudio incluyó a 83 niños de nueve meses a tres años de edad que fueron observados mientras jugaban por tres minutos. Se anotó el tiempo que pasaban tocando o jugando con cada objeto.
Los investigadores eligieron juguetes al encuestar a 300 adultos sobre el primer juguete que les llegaba a la mente cuando pensaban sobre un niño o una niña. Alrededor del 90 por ciento dijo “coche” para el niño y “muñeca” para la niña, y los demás mencionaron los otros juguetes.
A los niños también se les ofrecieron un peluche color rosa y uno azul. “Nos interesaba bastante ver si los chicos tenían una preferencia de color, pero no mostraron ningún interés por los peluches, en lo absoluto”, comentó Thommessen.
Las preferencias específicas al sexo se hicieron aún más pronunciadas a media que aumentaba la edad de los niños. Para cerca de los 27 meses a 36 meses de edad, las niñas pasaban alrededor del 50 por ciento de su tiempo jugando con la muñeca, y ya no les interesaba tanto el peluche, que les había interesado cuando eran más pequeñas, ni ningún otro objeto. Los chicos pasaban 87 por ciento del tiempo con el coche y la excavadora, ignorando incluso la pelota.
El hallazgo plantea la posibilidad de una base biológica para la elección de juguetes. Un estudio de 2001 encontró que incluso los chicos de un día de edad pasaban más tiempo observando opciones mecánicas con movimiento que las niñas de la misma edad, que pasaban más tiempo observando rostros.
Pero nunca se debe subestimar el impacto de la socialización, señaló Gilliam. Los estudios han demostrado que los padres y otros interactúan de forma distinta con los bebés de cada sexo, casi desde el momento en que nace, apuntó Gilliam.
Incluso cuando son bebés, los padres tienden a fomentar un juego más activo con los de sexo masculino, haciéndoles cosquillas o tocándolos, mientras que tienden a sostener a las niñas de forma más cercana. También se ha observado que los padres pasan más tiempo hablando con las niñas que con los niños.
A medida que crecen, estudios han demostrado que a los niños se les exhorta a explorar su ambiente de forma más activa, mientras que a las niñas se les anima a jugar de forma más calmada.
“Incluso si su chico prefiere jugar con un camión, asegúrese de hablarle y enseñarle sobre la crianza”, aconsejó Gilliam. “Y aunque las chicas jueguen con muñecas, de vez en cuando tírele una pelota o llévela a correr. Expóngalos a todas las posibilidades distintas, y permita que elijan”.
Y tenga en cuenta lo mucho que puede estar dejando que sus propias ideas estereotípicas influencien la crianza.
En el estudio, los investigadores no encontraron asociaciones entre los puntos de vista reportados de los padres sobre los juguetes adecuados para el sexo para los niños, o los roles de los padres en el hogar, y los juguetes elegidos por los niños. En otras palabras, los papás que no participaban en el trabajo del hogar y las mamás que tenían trabajos de alto nivel fuera del hogar eran igual de propensos a tener hijas que elegían muñecas e hijos que elegían coches y camiones.
Pero Gilliam recuerda una familia que llevó a su pequeño hijo a verlo. Había muchos juguetes en el suelo, y el niño eligió una figurita de plástico. “La mamá dijo ‘Oh, quiere jugar con muñecas’. Y el padre contestó, ‘No está jugando con muñecas. Son figuras de acción'”.

Cuando su niño juega como una niña…

Ni antes de nacer estamos protegidos. Si su niño juega más con muñecas que con carritos, no es que sea anormal. Resulta que fue víctima de una exposición inconsciente de su madre a ciertos químicos.
La exposición en el útero a una familia común de químicos industriales puede perturbar sutilmente las preferencias de un muchacho por cierto tipo de juegos infantiles que se piensa están conectados al cerebro, reveló un estudio.
Los talatos (phtalates) son solventes y suavizadores plásticos muy empleados.
En la investigación se encontró que a mayor exposición fetal de los niños a ciertos talatos, con menor frecuencia se involucraban en juegos típicamente masculinos.
Los juegos de las niñas no se veían afectados, según el estudio, que será publicado próximamente en el International Journal of Andrology.
La razón por la que a los niños les gustan los carros y a las niñas las muñecas se relaciona con diferencias fetales en el desarrollo del cerebro, explica Heather Patisaul, neuroendocrinólogo en North Carolina State University en Raleigh. Los hombres se desarrollan distinto a las mujeres, en lo físico y en su comportamiento a través de la programación de los andrógenos, hormonas masculinas como la testosterona, dijo la científica. En los animales, algo que disminuya las señales de testosterona durante el desarrollo fetal, como un químico o un defecto genético, puede activar una sutil desmaculinización en los machos.
Como los talatos pueden desencadenar una actividad anti-androgénica, Shanna Swan, de la Escuela de Medicina y Odontología de la Universidad de Rochester en Nueva York, y sus colegas, investigaron si las conductas programadas por la testosterona en los niños podían ser disminuida por la exposición fetal a los contaminantes.
Los investigadores midieron la exposición de las madres a los talatos en los últimos tres meses de embarazo y tres a seis años después les preguntaron si sus hijos jugaban más con muñecos o usaban ropa de niñas o se envolvían en juegos más neutros como acertijos o deportes.
Los niños con mayor exposición a los talatos, en especial al dithylhexyl phtalate o DEHP, tendían a jugar menos con carros y armas.