¿Cuál es el animal que vuela más rápido?

Tadarida brasiliensis. Foto Wikipedia

Tadarida brasiliensis. Foto Wikipedia

 

¿Cuál es el animal volador más veloz? ¿Un pájaro? Bueno, la marca mundial la ostentaba el vencejo común con algo más de 100 kilómetros por hora.

Pero su marca acaba de caer con un nuevo estudio. Investigadores del Max Planck Institute for Ornithology en Radolfzell con colegas, americanos, descubrieron que hay un animal que vuela más rápido. Es el murciélago brasileño cola de ratón, que alcanza los 160 kilómetros por hora.

El Tadarida brasiliensis posee un cuerpo aerodinámico y alas más grandes que el promedio de los murciélagos.

Las aves son un modelo para los ingenieros de aviación y son inigualables. Pueden levantar vuelo a velocidades relativamente bajas, mientra un avión necesita 300 kilómetros para decolar. Se debe a su cuerpo aerodinámico tipo proyectil y su peso reducido. Sus alas angostas de las especies más rápidas les permiten una elevada grande en relación con la fuerza aerodinámica invertida.

Los vencejos Apus apus pueden alcanzar 110 kilómetros por hora y son considerados los más rápidos en vuelo horizontal. Los halcones peregrinos llegan a los 300 kilómetros cuando se zambullen, pero los murciélagos, por la estructura de sus alas generan mayor resistencia y no han sido considerados voladores rápidos.

Por lo general los animales de alas angostas vuelan más rápido que los de alas cortas y anchas. Por eso los investigadores seleccionaron el murciélago brasileño para su estudio.

Y quedaron sorprendidos. En ocasiones las hembras, que pesan 11 a 12 gramos, vuelan a más de 160 kilómetros por hora, un nuevo récord de vuelo horizontal.

Los datos se obtuvieron mediante radiotransmisores con solo 0,5 gramos de peso, atados al lomo con una cinta que se entre los 2 y los 5 días. Las señales se localizaban con un receptor móvil en una avioneta.

El estudio apareció en Royal Society Open Science.

Un dinosaurio a lo batman

Cortesía Nature

Un dinosaurio, vaya y venga. Un murciélago… también. ¿Pero un dinosaurio murciélago? Bueno, veamos…

En China desenterraron los restos de un pequeño dinosaurio y los investigadores se llevaron una sorpresa: el fósil mostraba unas membranas, como las alas de un murciélago.

No era uno de esos dinosaurios gigantes que dominaron su mundo. No: medía solo 13 centímetros.

La membrana se extendía desde el hueso de la muñeca, lo que habría ayudado a mantener posición durante su uso. ¿Pero para qué las usaba? ¿Volaba?

El hallazgo fue presentado en la revista Nature.

A los investigadores, encabezados por Xing Xu, paleontólogo, les llamó la atención la forma como estaba ligada la membrana al hueso, primera vez que se ve esa estructura en dinosaurios.

La nueva especie, que vivió hace cerca de 160 millones de años, ha sido llamada Yi qi, que en mandarino significa ala extraña.

Xu y colegas estiman que la envergadura de la criatura era de unos 60 centímetros y pesaba alrededor de 380 gramos.

“Es uno de los animales más extraños que he visto en el registro fósil en muchos años”, dijo Thomas Holz, paleontólogo de la Universidad de Maryland. “Genera más dudas de las que resuelve”.

De todas maneras, como es el único individuo que se ha descubierto, es difícil saber si se deslizaba, movía sus alas o alternaba esas dos posiciones, como hacen algunos murciélagos hoy y aves como los pájaros carpinteros y gorriones.

Si Yi qi andaba por el aire, debería pasar la mayor parte del tiempo planeando, no aleteando, dice el grupo. La forma de las alas en el hueso no le permitiría aletear mucho y sus músculos parecen débiles.

Y las plumas que tenía eran fijas, no las versátiles de las aves de hoy.

La luz también guía los murciélagos

Que un animal use la luz para orientarse sería cuento viejo, pero que el que lo haga sea un murciélago… ¿Cómo, un murciélago? Sí.

Científicos descubrieron que el murciélago orejas de ratón utiliza los patrones de polarización en el cielo para navegar, el primer mamífero que se sabe que lo hace.

Usan la luz filtrada por la atmósfera al anochecer para calibrar su brújula magnética interna, lo que le ayuda a volar en la dirección correcta.

El estudio que lo demuestra apareció en Nature Communications.

Los investigadores no tienen ni idea de cómo logran detectar la luz polarizada.

“Otros animales usan los patrones de polarización y tenenos alguna noción de cómo lo hacen: las abejas tienen fotorreceptores especialmente adaptados en sus ojos. Aves, peces, anfibios y reptiles tienen estructuras en los conos que les ayudan a detectar la polarización”, dice Richard Holland de Queen’s University Belfast, coautor del estudio.

“Pero no sabemos cuál estructura están usando los murciélagos”

Los patrones de polarización dependen de la posición del Sol en el cielo. Son más claros en una franja a lo alrgo del cielo 90° desde la posición del Sol al nacer y el ocultarse.

Los animales pueden ver el patrón luego del ocaso. Esto sugiere que pueden orientarse aún cuando no puedan ver el Sol, incluyendo cuando hay nubes.

Los escarabajos estercoleros usan la polarización de la luna para orientarse.

Muchos animales, desde abejas, anchoas, reptiles, aves y anfibios usan los patrones como un compás para determinar dónde queda cada punto: norte, sur, este, oeste.

“Todas las noches los murciélagos dejan sus cavernas, árboles y edificios para buscar insectos. Pueden recorrer cientos de kilómetros en una noche, pero retornan antes de que amanezca para evitar depredadores. Hasta ahora no se conocía cómo lograban navegar”, según Stefan Greif of Queen’s University Belfast, autor cabeza del estudio.

“La mayoría de la gente piensa en los murciélagos usando la ecolocación para revolotear, pero eso solo funciona para unos 50 metros, por eso sabíamos que tenían que estar usando otro de sus sentidos para un rango mayor de navegación”, dijo Greif.

Es fácil morir mientras se copula

Morir mientras se copula no parece muy llamativo. Menos si es por un tercero. Aparearse tiene sus costos. No por el posible agotamiento físico, sino porque se baja la guardia en un mundo repleto de peligros.

No es difícil en tanto que algunos animales mueran mientras gozan o… transmiten sus genes a sus descendientes.

Mientras en el alar de cualquier vivienda dos moscas aprovechan la noche para cortejar y aparearse, alguien espera que el encuentro se produzca.

No es un pervertido, tampoco un voyerista. No. Es un murciélago, que resulta atraído por los ‘clics’ precoito de la apasionada pareja de moscas.

Diversos estudios en anfípodos de agua dulce y langostas, por ejemplo, han demostrado que aparearse hacen los animales más vulnerables a los depredadores, aunque no se sabe porqué.

Ahora, un equipo del Max Planck Institute for Ornithology en Alemania, liderado por Björn Siemers, halló que la interacción murciélago-mosca en el establo aporta pistas sobre qué hace que un depredador se abalance sobre una pareja que copula.

Los científicos observaron esa cinta de terror en la que un murciélago Myotis nattereri cazaba moscas domésticas apareándose (Musca domestica).

Los murciélagos detectan sus presas por ecolocalización o por acústica pasiva. Para la mayoría, la primera es herramienta básica de rastreo: envían una serie de sonidos en alta frecuencia y escuchan el eco producido cuando las ondas golpean algo. Mediante ese sistema, los científicos vieron que les era fácil cazar moscas que volaban, pero tenían dificultades con las que estaban quietas.

“El problema es que esas moscas descansan en el cielorraso en la noche y cuando un murciélago trata de ecolocalizarlas, el sustrato enmascara el débil eco del insecto”, dijo Stefan Greif, estudiante de doctorado. El cielorraso del establo está cubierto con pequeños sacos, similar en tamaño a las moscas, lo que las hace invisibles a las señales del mamífero volador.

Es entonces cuando entra en juego la acústica, los ruidos que la presa hace. El grupo advirtió que la mosca macho hace un ruido de cliqueo con sus alas antes de la copulación, lo que alerta los murciélagos. Esos cliqueos estaban en el rango de 9 kHz y 154 kHz, sonando como un zumbido de baja frecuencia para los humanos, que escuchan en el rango de los 20 kHz. Pero para los murciélagos, que pueden oír a más de 150 kHZ, los sonidos son señales claras.

Atraído por el ruido, los murciélagos vuelan y agarran la pareja mediante una especie de bolsillo para presas, formado por el exceso de piel extendida desde la cola. Estos mamíferos atacan 26% de las moscas que se aparean, obteniendo una doble comida el 60% de las veces, según el estudio revelado en Current Biology.

Cuando el hambre acosa, el pajarito hace lo que sea

Cuando los tiempos son difíciles, cualquier hueco es trinchera. El dicho popular puede aplicársele al pequeño pájaro carbonero común (Parus major) que mide unos 14 centímetros.
Al escasear los recursos cuando la nieve oculta los campos, se dedica a cazar y comer… ¡murciélagos! Así lo reportaron investigadores del Max Planck Institute de Alemania.
Se trata de una familia nada común. En los años 40 se había comprobado la capacidad de un familiar suyo, el Cyanistes caeruleus, otro paserino, para abrir la tapa de aluminio de las botellas con leche que dejaban en los portillos los lecheros.
Ahora, durante observaciones realizadas por 21 días en dos inviernos, se observó 18 veces el vuelo de carboneros hacia una cueva al nordeste de Hungría para buscar comida y alimentarse del murciélago Pipistrelle común ( Pipistrellus pipistrellus) que hiberna allí.
Con la pequeña luz que ingresa, estos pájaros son capaces de orientarse y penetrar a la caverna, guiándose quizás por el sonido que hacen los animales en hibernación, para encontrar sus presas.
A los pájaros les toma unos 15 minutos desde que ingresan a la caverna en busca de murciélago y en ocasiones salían con él entre el pico para comérselo en un árbol del vecindario.
Se trata de una conducta adaptada. Cuando los investigadores colocaron semillas de girasol y tocino a la entrada de la cueva, sólo uno continuó en busca de un murciélago para alimentarse.
Y parece que el comportamiento es pasado de generación en generación. Peter Estok, primer autor del estudio, había visto hace cerca de 10 años un pájaro que salía de la caverna con un murciélago. Foto cortesía Dietmar Nill