¿Qué beneficia más: la naranja o su jugo?

Cortesía JAFC

La pregunta no es tonta: ¿qué es mejor: comerse una naranja o beber su jugo?

Un estudio publicado en el Journal of Agricultural and Food Chemistry encontró ciertos beneficios del jugo, aunque deja en claro que la respuesta no es fácil.

En contra del jugo juega la cantidad de azúcar que por lo general se le agrega, pero tiene una ventaja en la absorción de ciertos elementos, encontró la investigación encabezada por Ralf Schweiggert y Julian Aschoff.

El estudio consideró el jugo de naranja pasteurizado.

Las naranjas contienen nutrientes como carotenoides y flavonoides que entre otros beneficios pueden ayudar a personas a disminuir el riesgo de ciertos tipos de cáncer y de enfermedad cardiovascular. No obstante, muchos prefieren tomar el jugo a comerse la fruta.

Los investigadores encontraron que el jugo de naranja pasteurizado disminuye un poco los niveles de carotenoides y de vitamina C, pero al mismo tiempo, mejora de manera sustancial la bioaccesibilidad de estos dos componentes, o sea cuánto puede absorber el cuerpo.

Explicaron que contrario a la creencia popular, aunque el jugo procesado corta de manera dramática los flavonoides, los que quedan son más bioaccesibles que los que están en la fruta.

El perfil de los carotenoides de la naranja ha sido calificado como uno de los más complejos en frutas, siendo objeto de muchas investigaciones. Estos son pigmentos orgánicos con propiedades antioxidantes.

Los flavonoides son metabolitos secundarios de las plantas y han adquirido notoriedad médica por sus beneficios antimicrobianos y anticancerígenos.

El jugo de naranja es el preferido en muchas regiones del planeta, incluidos Europa y Estados Unidos.

Hay que consumir mucha más vitamina C

Vitamina C hay que ingerir y mucho más de lo que se recomienda hoy. Eso es lo que dicen investigadores en Critical Reviews in Food Science and Nutrition al considerar que existen evidencias contundentes de que la ingestión debería subirse a 200 mg diarios para un adulto, contra los 75 recomendados hoy para mujeres y 90 para hombres.

En vez de prevenir la falta de esa vitamina, se deben buscar los niveles óptimos que llenen las células, no poseen riesgo y tienen efectos importantes en la salud pública a un costo muy bajo.

“Es hora de manejar esto con sentido común, analizar toda la evidencia científica e ir más allá de algunos ensayos clínicos que son débiles”, dijo Balz Frei, profesor y director del Linus Pauling Institute en Oregon State University y uno de los expertos mundiales en el rol de la vitamina C en la buena salud.

“Un número significativo de personas en todo el mundo tiene deficiencia de vitamina C y hay gran evidencia de que más de esta vitamina ayudaría a prevenir enfermedades crónicas”, dijo, cuestionando además la forma como se elaboran los estudios sobre micronutrientes.

Los efectos de la vitamina C en reducir los riesgos de enfermedad crónica aparecen luego de años o incluso décadas de consumo óptimo, un factor no considerado en los estudios clínicos de corto tiempo.

Muchos estudios metabólicos, farmacokinéticos, de laboratorio y demográficos sugieren que altos niveles de vitamina C ayudarían a reducir las enfermedades crónicas que matan la mayoría de gentes en el mundo desarrollado –enfermedades del corazón, derrame, cáncer, y las afecciones que conducen a ellas, como la presión alta, la inflamación crónica, la deficiente respuesta inmunitaria y la aterosclerosis.

“Creemos que sólidas investigaciones muestran que debería incrementarse la dosis”, opinó Frei.

Una dosis diaria de 200 mg no supone riesgo alguno y podría entregar sustanciales beneficios de salud.

Una dieta  con 5 a 9 porciones diarias de frutas y vegetales crudos o cocinados, con 6 onzas de jugo de naranja, podría proveer esos 200 mg.