La niñez feliz llega hasta los 80 años

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Foto Wikipedia

Cuando una persona llega a sus 80 años y ha vivido una relación estable, amorosa, tal vez fue que creció en una familia cálida, acogedora.

Los hombres que nacen en un hogar así manejan mejor las emociones estresantes cuando están a mitad de su vida, lo que ayuda a explicar porqué tienen matrimonios más firmes en la etapa final de sus vidas.

Eso sugiere un estudio en Psichological Science, del que se concluye la importancia de una niñez afortunada.

Nuestro estudio muestra que la influencias de las experiencias de la niñez pueden ser demostradas aún en los 80, prediciendo cuán feliz y seguros son en sus matrimonios como octagenarios”, dijo Robert Waldinger, de la Escuela de Medicina de Harvard. “Detectamos que ese vínculo se da en parte porque una mejor niñez promueve un mejor manejo de las emociones y de las capacidades interpersonales a mitad de la vida u esas capacidades predicen matrimonios más seguros al final”.

En el estudio se hizo seguimiento a individuos durante seis décadas, comenzando en la adolescencia.

Con todas las cosas que les pasan a los seres humanos y los influencian entre la adolescencia y la novena década de vida, es destacable que la influencia de la niñez en los matrimonios se vea hasta esa etapa”, comentó Marc Schulz, coautor.

Los investigadores examinaron datos recogidos de 81 hombres que participaron en un estudio de 78 años del desarrollo de adultos, 51 de ellos parte de una cohorte de Harvard y 30 de Boston. Todos completaron entrevistas y cuestionarios durante el estudio.

Cáncer: cómo decirles a sus hijos

Si posee usted los genes que aumentan el riesgo de contraer cáncer de seno ¿se lo diría a sus hijos?

Los nuevos tiempos, de la mano de los increíbles desarrollos científicos, plantean inquietudes insospechadas.

Un estudio encontró que cuando los padres se someten a exámenes para detectar genes que predisponen al cáncer de seno, muchos de ellos están dispuestos a compartir la información con sus hijos, así sean muy jóvenes.

El estudio, publicado en el journal Cancer, reveló además que la mayoría de los papás piensan que sus hijos no se sentirán mal cuando conozcan los resultados.

Para los padres, una de las razones fundamentales para examinar genes cancerígenos hereditarios es entender mejor el riesgo que enfrentarán sus hijos. No obstante, muchos se enfrentan con la difícil decisión de si les dicen a sus hijos más pequeños y cuándo.

En el estudio, Angela Bradbury, del Fox Chase Cancer Center en Filadelfia y colegas entrevistaron 253 papás que tenían tests para mutaciones de dos genes comunes en cánceres de seno, BRCA1 y BRCA2, que pueden ser heredados. Todos tenían hijos menores de 25 al momento de los tests.

Los investigadores les preguntaron a los papás si les dirían a sus hijos sobre los resultados y si decían que sí, cómo creían que reaccionarían sus hijos.

Los exámenes genéticos revelaron que 29% de los padres tenían una mutación del gen BRCA que confieren un riesgo aumentado de desarrollar cáncer de seno. La mayoría de los papás en el estudio compartieron el resultado con al menos uno de sus hijos (334 de 505 hijos).

La mayoría era más dada a reportar los resultados a sus hijos mayores, pero cerca de la mitad de aquellos de 10 a 13 años y aún algunos más jóvenes, fueron informados de los resultados.

Los papás compartían más el resultado cuando no se poseía la mutación, en especial si se trataba de una hija.

¿Se lo diría usted a sus hijos? Se sabe que muchos comportamientos sobre la salud se adquieren en la niñez y la adolescencia y continúan en la edad adulta.

¿Crearía zozobra en sus hijos? ¿Lo asumirían bien en caso de un positivo?

Futbolistas: cabecear un balón afecta el cerebro

Un futbolista que sea buen cabeceador, en defensa o ataque, es un privilegio por el que muchos equipos pagan buen dinero, pero hay un costo no considerado hasta ahora: para el jugador.

Con técnicas avanzadas de imágenes y tests cognitivos, investigadores del Albert Eisntein College of Medicine de Yeshiva University y el Montefiore Medical Center y University Hospital mostraron que golpear repetidamente el balón con la cabeza aumenta el riesgo de lesión cerebral y dificultades cognitivas.

La parte del estudio con las imágenes fue presentada en el congreso anual de la Radiological Society of North America en Chicago.

Los investigadores analizaron a 38 jugadores aficionados con edad promedio de 30,8 años que habían practicado el deporte desde su niñez. Se les pidió recordar el número de veces que cabeceron el balón durante el último año. De acuerdo con el número fueron rankeados y luego se compararon con las imágenes cerebrales tomadas.

Se encontró que quienes cabeceaban con mayor frecuencia presentaban lesiones cerebrales similares a las de pacientes con conmoción, o lesión cerebral traumática media.

Para los investigadores el hallazgo preocupa dada la popularidad del deporte, cuyo auge se mantiene en aumento.

El daño comienza a verse con más de 1.000 a 1.500 cabeceadas al año, algo que no es raro en futbolistas que practican todo el año casi todos los días, indicó Michael Lipton, principal investigador.

“Cabecear un balón no es un impacto de una magnitud que lacere las fibras nerviosas del cerebro, pero el cabeceo repetido puede desencadenar una cascada de respuestas que puede conducir a una degeneración de las células cerebrales”, dijo.

Los científicos detectaron 5 áreas afectadas por el cabeceo frecuente (lóbulo frontal, región temporo-occipital), áreas responsables de la atención, la memoria, el funcionamiento ejecutor y funciones de visuales.

En un test paralelo conducido por Molly Zimmerman, en el que se les dio a los 38 jugadores un test para determinar su funcionamiento neurológico, aquellos con el número mayor de cabeceos lo hicieron peor en las pruebas de memoria verbal y velocidad psicomotriz, actividades que requieren coordinación mente-cuerpo, como patear un balón.

Dejar de cabecer en el fútbol es imposible. ¿Podría hacerse algo? Por ahora: más estudios.