Al fin apareció la mamá de las iguanas

Dibujo de cómo pudo lucir el fósil hallado. Autor Julius Csotonyi

Hallaron su tumba: la mamá de las iguanas es brasileña y murió hace 80 millones de años.

Eso es lo que se desprende de un artículo en el que se describe su hallazgo por parte de paleontólogos de la Universidad de Alberta en Canadá. Estaba en una zona rocosa de antigua conformación cerca a Cruzeiro do Oeste al sur de aquel país.

El caso es el siguiente, según Michael Caldwell, uno de los autores:

Casi sin excepciones las 1.700 especies de iguanas pertenecen al Nuevo Mundo, del sur de Estados Unidos a la punta de Sudamérica. Resulta extraño que sus parientes más cercanos, incluyendo camaleones y dragones barbudos, son del Viejo Mundo. Como uno de los grupos más diversos de lagartos existentes, de las iguanas acrodontas dominantes en el Viejo Mundo a las no acrodontas del Nuevo Mundo, la nueva especie hallada es el primer acrodonta encontrado en Sudamérica, lo que sugiere que ambos grupos de iguanios antiguos tuvieron una distribución mundial antes del resquebrajamiento final del supercontinente Pangea.

Para Caldwell es el vínculo perdido en términos de paleobiogeografía y tal vez el origen del grupo, además de sugerir que en la parte baja del cretáceo el sur de Pangea era aún un solo trozo de continente.

Las distribuciones de plantas y animales del Cretáceo tardío reflejan el ancestro de Pangea cuando estaba completo. “El fósil de Gueragama sulamericana indica que el grupo es viejo, que su origen fue probablemente el sur de Pangea y que tras la rotura los grupos camaleones y acrodontas dominaron en el Viejo Mundo, y el lado iguanio surgió del linaje acrodonta que quedó solo en Sudamérica.”, explicó Caldwell.

Es que Sudamérica permaneció aislada hasta hace 5 millones de años, cuando se juntó con Norteamérica y se produjo un intercambio de organismos. Fue como un Arca de Noé flotante durante unos 100 millones de años.

Curiosidades de la ciencia, ciencia curiosa

El perro más viejo. Fragmentos de ADN extraídos de un pedazo de cráneo de un perro de hace 9.200 años, hallado en una caverna lo que hoy es Texas, confirmó que el hueso pertenece al perro más antiguo conocido del Nuevo Mundo, no siendo un resultado del cruce entre antiguos perros americanos y lobos, según el estudio en el American Journal of Physical Anthropology. Los primeros perros americanos fueron domesticados a partir de lobos en Europa del este y el oeste de Asia. El hueso fue hallado en heces humanas fosilizadas, lo que indica que los antiguos americanos se comían los perros. Bien curioso.

Disfunción eréctil. Vivir en zonas altas podría influir en el comportamiento sexual de hombres, de acuerdo con un estudio de Vittore Verratti y colegas en el Journal of Sexual Medicine. Al estudiar los efectos del oxígeno en las erecciones nocturnas de un hombre, encontraron que esa disponibilidad puede jugar un papel importante en la regulación de los mecanismos de la erección, lo que podría ser considerado al estudiar problemas de disfunción. Curioso.

La muerte mañanera. Se sabe que un hongo invade las hormigas Camponotus leonardi, convirtiéndolas en zombis al punto de que muerden con fuerza una hoja y así quedan muertas, asidas a la planta. Científicos de Pennsylvania State University encontraron que la muerte se produce, por lo general, entre las 9 de la mañana y la 1 de la tarde: de cada16 observadas, 9 mordían la hoja para morir entre 11:30 y la 1. Todas las mordidas fatales ocurrían entre las 11 y la 1:45. ¿Por qué será? Curioso.

Otro uso de Google. Investigadores encontraron el uso 90 del popular buscador Google: es capaz de rastrear la diseminación de una mortal enfermedad bacteriana (Staphylococcus aureus resistente a la meticilina). Un paper publicado la semana pasada en Emerging Infectious Diseases, la epidemióloga de la Universidad de Chicago, Diane Lauderdale y colegas, compararon búsquedas de Google con información sobre SARM de 2004 a 2008, con registros hospitalarios de la enfermedad. Encontraron una fuerte correlación entre las búsquedas online y la diseminación de la enfermedad. “Potencialmente podríamos obtener de Google una medida más oportuna de tendencias”, dijo la investigadora. Curiosísimo.

Especial fin de semana

Cuando Colón llegó, lo que aquí había era un gentío

 

Pise donde pisó Colón con todo su batallón. Pero es que antes del señor Cristóbal como que muchísimos más habían pisado y vivido en las tierras americanas.

Fue el 12 de octubre de 1492 cuando nació para el Viejo Continente un Nuevo Mundo, lleno de misterios, de retos y de recursos para saquear entonces y aún hoy.

Pero vayamos a un punto concreto: la Amazonia, esa región, pulmón del mundo, misteriosa por siempre.

Distintas versiones sugieren que lo que los exploradores encontraron allí fue un río repleto de pueblos. No se crea que sólo es ficción.

En su vendido libro 1941, Charles Mann, hace un recuento histórico para concluir que cuando Colón llegó, en América había mucha más población que lo que ha contado la historia. No todo eran selvas vírgenes aunque, obvio, no existían las multitudes de hoy.

Fue el contacto entre las dos poblaciones lo que minó a los aborígenes, cuya población se redujo por enfermedades como la viruela.

Hace pocos meses arqueólogos brasileños y de la Universidad de Gothenburg hallaron las ruinas de unos 90 asentamientos al sur de la ciudad de Santarem. “Lo más sorprendente es que muchos de ellos están alejados de los ríos y están situados en sitios de la selva poco poblados hoy”, dijo Per Stenborg, del Departamento de Estudios Históricos.

Desde siempre, hasta los arqueólogos han creído que las tierras del interior habían estado poco pobladas antes de la llegada de los españoles en los siglos 16 y 17. Una razón: los suelos en esas áreas son estériles por lo general, aparte de que el acceso al agua es difícil en las estaciones secas.

Por eso se constituyó en un misterio cuando Francisco de Orellana, en su viaje por el río Amazonas, dibujó la región como muy poblada, con pueblos situados no sólo a lo largo del cauce sino hacia dentro.

El grupo de arqueólogos suecos y brasileños hallaron suelos fértiles rodeados de otros áridos, suelos artificiales conocidos como la tierra del indio o tierra negra amazónica, creada por los pobladores.

“Encontramos depresiones en el paisaje, algunas de cientos de metros de diámetro en varios asentamientos”, dijo Stenborg. Podrían haber sido reservorios de agua.

Parecen corresponder los relatos de Orellana con los recientes descubrimientos.

Los hallazgos han sido complementados recientemente con otras intervenciones. En la Amazonia occidental, la arqueóloga Denise Schaan de la Universidad Federal de Pará ha rastreado misteriosas esculturas en la tierra, cavadas hace 700 a 2000 años. El propósito de esas 269 obras circulares y rectangulares en un área de unos 24.00 kilómetros cuadrados, es un misterio, pero sugiere la presencia de pueblos más avanzados de lo creído.

“Solamente pudieron ser levantadas por poblaciones grandes y coordinadas”, dijo.

Con base en análisis de los sedimentos enriquecidos con las sobras del carbón –que pudieron ser fertilizados intencional o incidentalmente por ocupantes humanos- el geógrafo emérito de la Universidad de Wisconsin estima en 9 millones los pobladores que vivían en la región en el siglo 15.

El exterminio irracional a que fueron sometidas las poblaciones americanas explica parte del colapso. Mann deduce que el imperio Inca, por ejemplo, fue diezmado gracias a los metales que tomaron y emplearon los españoles para fabricar armas. En ese entonces el número de incas superaba con creces a los exploradores ibéricos.

Si bien los incas tenían acceso y conocían los metales, los empleaban para otros fines.

“Los españoles llegaron y los indios morían a tasas increíblemente altas”, decía en los años 60 el antropólogo Henry F. Dobyns tras analizar registros en la catedral de Lima (Perú).

El impacto social y cultural de las enfermedades llegadas de Europa con los extranjeros fue colosal.

Aunque ha habido críticos a la obra, como David Henige, que creen que es imposible demostrar la existencia de una población numerosa, dataciones en cavernas en Lagoa Santa (Brasil) sugieren que los indios vivieron allí miles de años.

No será fácil ponerse de acuerdo en las cifras, pues hasta Dobyns habló de 100 millones de indígenas en América a la llegada de los españoles, una elevada tasa reproductiva para haberse dado en solo 15.000 años tras el paso de los siberianos por el estrecho de Bering. No puede olvidarse que recientes investigaciones apuntan a una presencia más antigua de pobladores en el continente americano.

Sea como sea, la historia está para ser redescubierta. Lo que vio y relató Orellana seguramente fue algo más que zombies o extraterrestres y, eso a la vez habla de que la tragedia tras la llegada española fue peor de lo que se ha reconocido, así no todos los pueblos hayan sido exterminados o reducidos por los codiciosos conquistadores.

Vuelve y juega: ¿Quién llegó primero a América?

Alce la mano quien sepa por dónde llegó el hombre al continente americano. Sí, por el estrecho de Bering. Quién dijo que no…
La evidencia genética sostiene esa ruta, pero alguien se opone: un esqueleto. Sí, el más detallado análisis de calaveras americanas sugiere que hubo dos olas diferentes de colonizadores de Asia, indicando que otros llegaron primero.
Un equipo de paleoantropólogos comparó las calaveras de varias docenas de paleoamericanos de hace 11.000 años, con otras de más de 300 amerindios de hace 1.000 años. Los restos de los primeros provenían de cuatro sitios en Centro y Suramérica, y los investigadores también los compararon con más de 500 calaveras de Asia oriental. En todos, el equipo encontró claras diferencias en la forma y el tamaño de los paleoamericanos y los amerindios. Esto sugiere que más de u grupo de individuos emigró de Asia a América, reportó el equipo en Plos One. Y dada la edad de los esqueletos, los investigadores dicen, el otro grupo de individuos arribó primero que el ancestro primario de los norteamericanos.
Katerina Harvati, de la Universidad alemana de Tübingen y miembro del equipo, dijo que aunque el estudio no descarta una sola migración, demuestra que la historia del poblamiento del Nuevo Mundo fue quizás más complejo de lo que se ha creído.
El trabajo es sólido y quizás el más sofisticado análisis de rasgos craneofaciales tomados a la fecha, según Theodore Schurr, antropólogo de la Universidad de Pensilvania. Su más reciente trabajo sobre el ADN de personas vivas, lo lleva hacia una sola migración, pero, indicó, “acepto que hubo pulsos de migración a las Américas del nordeste de Asia en diferentes momentos.
Schurr cree que ante la falta de un mayor número de cráneos paleoamericanos se hace difícil progresar en esta materia. Dennis Stanford, arqueólogo de la Smithsonian Institution en Washington, cree que hubo al menos tres o cuatro grandes migraciones.
En la foto de LEEH-IB-USP, una calavera de Lagoa Santa, Brasil, de hace 11.000 años.