Nos damos la mano para… olernos

Cortesía Instituto Weizmann

Los perros se huelen el rabo, los humanos nos olemos… las manos.

Sí, un estudio aparecido en eLife, realizado por científicos del Instituto Weizmann sugiere que una de las razones por la que nos damos la mano con alguien, una costumbre antiquísima, es para examinar los olores de la otra persona.

Ese apretón de manos es una aceptable forma social de comunicarse a través del sentido del olfato.

Las personas no solo se huelen sus manos, sino que lo hacen mucho más luego de apretar la mano de alguien determinó el estudio. El número de segundos que se pasa oliendo la mano más que se duplica luego de haber saludado a alguien de manos.

“El hallazgo significa que la gente no está expuesta pasivamente a las señales químicas importantes socialmente, sino que las buscan”, expresó Idan Frumin, quien condujo la investigación bajo la guía del profesor Noam Sobel. “Los roedores, perros y otros mamíferos se huelen a ellos y huelen a otros en las interacciones sociales, y parece que en el curso de la evolución los humanos han retenido esa práctica, en un nivel subliminal”.

“El apretón de manos varía en fuerza, duración y postura o sea que proveen información social de distinta clase”, dijo Sobel.

“Nuestros hallazgos sugieren que en su origen evolutivo, darse la mano pudo también haber servido para transmitir olores, señales que aún deben tener un componente significativo, aunque subliminal, de esta costumbre”.

Mis 10 noticias científicas de la semana (16-22)

1. Y así comenzó todo

Científicos detectaron rastros de las ondas gravitacionales surgidas cuando fracciones de segundo después del Big Bang se produjo la gran expansión cósmica que infló el universo trillones de veces. Esas ondas, predichas por la teoría general de la Relatividad de Einstein no habían sido observadas hasta ahora. Su existencia confirman el modelo de la inflación cósmica y por ende del Big Bang o gran explosión. El artículo apareció publicado en Nature y muestra por primera vez que la gravedad debe seguir las mismas reglas de la mecánica cuántica que las otras fuerzas como el electromagnetismo. En el dibujo ondas gravitacionales.

2. Hubo una vez un dinosaurio pollo

Anzu wyliei es la nueva especie de dinosaurio anunciada durante la semana. Vivió en Norteamérica hace unos 66 millones de años y sus descubridores lo llamaron el pollo del infierno: se cree que poseía plumas en cola y brazos. El animal medía unos 3 metros de alto y más de 3 de largo y quizás compartió hábitat con el Tyrannosaurus rex y el triceratops. Se cree que pudo pesar media tonelada o un poco más. La publicación se hizo en Plos One.

3. Los mecánicos del corazón

Científicos desarrollaron un tejido que imita muy bien el músculo del corazón que late, no solo en laboratorio sino cuando se implantó en un modelo animal, un avance que permitiría reparar el vital órgano tras un daño por ataque cardíaco. Los resultados fueron presentados en la reunión anual de la Sociedad Americana de Química. Reparar un corazón dañado permitiría que millones de personas pudieran vivir más.

4. Se demoró, pero resucitó

Científicos lograron en laboratorio revivir un musgo de la isla Signy en la Antártida que estuvo bajo el hielo unos 1.500 años, demostrándose que no solo organismos unicelulares pueden volver a vivir luego de permanecer bajo el hielo. El artículo apareció en Current Biology. Para retornarlo a la vida utilizaron una incubadora a temperatura de crecimiento. Al poco tiempo aparecieron retoños.

5. Polvo eres

El telescopio espacial Herschel completó el inventario de polvo en 323 galaxias situadas a entre 30 y 50 millones de años luz de la Tierra. El catálogo contiene galaxias con distinta actividad de formación estelar composición química. Se clasificaron las galaxias según la riqueza de polvo. Las que tienen más son por lo general espirales o irregulares, mientras las que menos poseen son elípticas. Los colores rojo y azul representan regiones de polvo más o menos calientes. El estudio apareció en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

6. Me huele a…

Aunque se había sostenido de largo tiempo sin sustentación científica real que podíamos percibir hasta 10.000 olores, un estudio publicado esta semana en Science dice que distinguimos más de 1 billón de olores. Pese a que son muchísimos más que los tonos que escuchamos y que los colores que vemos, el sentido del olfato no es el más importante para los humanos, algo que debió perderse quizás cuando nuestros ancestros comenzaron a caminar erguidos.

7. Mitad animal mitad planta

Un análisis del genoma de las anémonas reveló que exhiben una complejidad de elementos regulatorios similares a los de las moscas de las frutas y otros animales, lo que sugiere que ese principio data de hace al menos 600 millones de años, hacia un común ancestro de los humanos, las moscas y las anémonas. Se encontró además que son más similares a plantas que a insectos y vertebrados en cuando a la regulación de la expresión de sus genes. Los sorprendentes hallazgos fueron presentados en Genome Research.

8. Grasa que no has de comer…

Un nuevo estudio reveló que comer comida frita más de 4 veces a la semana tiene un efecto dos veces mayor en el Índice de Masa Corporal en las personas con mayor riesgo genético de obesidad. El estudio apareció en el British Medical Journal. De hace tiempo se sabe que el consumo de alimentos fritos y las variantes genéticas estaban relacionadas, pero la interacción de estos factores en relación con el IMC no se había estudiado.

9. Se encogió

Mercurio se ha contraído mucho más de lo previsto revelaron datos suministrados por la sonda Messenger que lo estudio. El planeta más cercano al Sol se ha contraído radialmente 7 kilómetros y su radio actual es de 2.440 kilómetros. Se creía según datos antiguos que esa contracción era de 2 a 3 kilómetros. Mercurio, a diferencia de la Tierra que posee distintas placas tectónicas, tiene una sola y rígida capa rocosa. El estudio apareció en Nature Geoscience.

10. Mamá, usted no comió bien

Los descendientes de ratonas preñadas alimentadas con una dieta baja en vitamina A desarrollaron nodos linfáticos menores y tuvieron problemas en el sistema inmunitario de adultos que descendientes de contrapartes bien alimentadas, reveló un estudio publicado en Nature. Se establece así un vínculo entre la dieta materna y el buen funcionamiento de aquel sistema.

Cómo detectar los enemigos

Pregunta: ¿cómo sabe uno que un desconocido es el enemigo? ¿Cómo un ratón usa su olfato para detectar y evadir depredadores, incluyendo aquellos que no conoce siquiera?

Respuesta: David Ferrero y Stephen Liberles de Harvard Medical School, descubrieron un simple compuesto que se halla en altas concentraciones en la orina de carnívoros que provoca instintivamente una respuesta de evasión en ratones y ratas. Es la primera vez que científicos identifican un químico que les permitiría oler los carnívoros en general desde una distancia segura. Entender las bases moleculares del reconocimiento de depredadores por el olor entregaría herramientas cruciales para estudiar los circuitos neurales asociados con la conducta innata.

Los hallazgos fueron publicados en Proceedings of the National Academy of Science.

El trabajo comenzó en 2006 cuando Liberles estaba en el laboratorio de Linda Buck, parte de un grupo que ganó el Nobel por identificar los receptores que permiten a las neuronas olfatorias detectar olores. Allí identificó un nuevo tipo de receptor, llamado TAAR).

Los ratones tienen unas 1.200 clases de receptores de olores y 14 tipos de TAAR. En comparación los humanos –que dependemos más de la visión- tenemos unos 350 receptores de olores y 5 TAAR.

Varios de los TAAR de los ratones detectan químicos presentes en la orina de ratones, por lo que Liberles se preguntó se desempeñaban un rol en la conducta social de los roedores.

Ferrero descubrió entonces que uno de esos 14 TAAR detectaba el olor de varios carnívoros. Se trataría de una kairomona: un químico que funciona como una feromona, excepto que se comunica entre miembros de diferentes especies en vez de la misma.