Hay mucha bulla a 11.000 metros de profundidad

Sitio del estudio. Cortesía NOAA

Sitio del estudio. Cortesía NOAA

¿Qué podría escucharse a 11.000 metros en el fondo del mar? Nada, ¿cierto? ¡Mentiras! Es un sitio muy ruidoso.

Eso lo demostró un estudio que grabó durante 3 semanas el sonido en esa inhóspita región del planeta, en la Fosa de las Marianas.

Investigadores de la NOAA, la Universidad de Oregon y la guardia costera de Estados Unidos sumergieron un equipo especial para grabar los sonidos con miras a conocer si el sitio era silencioso o no y luego, en unos años, comparar si ha aumentado el nivel.

Podría pensar que es uno de los lugares más calmados de la Tierra, pero hay un ruido casi constante”, dijo Robert Dziak, oceanógrafo de NOAA.

En ese periodo se registró el sonido de varios terremotos cercanos y lejanos, los llamados de ballenas y un tifón categoría 4 que pasó por encima

El hidrófono también captó el sonido de las máquinas de los barcos. La zona del estudio, Challenger Deep está cerca a Guam, que tiene un intenso tráfico marítimo entre China y Filipinas.

Se considera que el ruido en el mar ha aumentado en las últimas décadas. Al registrarlo se puede medir esa variación y determinar cómo puede afectar animales marinos que usan sonido para comunicarse, navegar y alimentarse como ballenas, delfines y peces.

A la profundidad de las Marianas la presión es de más de 16.000 libras por pulgada cuadrada, cuando en una oficina es de 14,7, lo que exigió un trabajo especializado con el hidrófono.

La grabación se llevó a cabo durante 23 días, en julio, pero el micrófono solo fue recuperado en noviembre a la espera de un barco y por los constante tifones en el área.

Cuando Dios me deja hacer trampas

Si Dios castiga o si Dios es permisivo, he ahí la diferencia. La diferencia en materia de trampas.

La idea que se tenga de Dios influye en cuán honesta es una persona, se desprende de un estudio en el Journal for the Psychology of Religion.

Parece que creer en Dios no detiene a un estudiante de hacer trampa, a menos que crea que ese Dios castiga. Eso revela el estudio conducido por Azim F. Shariff, de la Universidad de Oregon, y Ara Norenzayan de la Universidad de British Columbia.

Los investigadores encontraron que cuando los estudiantes creían en un Dios que perdona y olvida eran más dados a hacer trampa en un examen.

El estudio forma parte de una serie destinada a entender el desarrollo cultural en cuanto a la religión como alentadora –o incluso obligante- de la conducta moral.

“En conjunto, nuestros hallazgos demuestran, al menos de manera preliminar, que las creencias religiosas tienen efecto en la conducta moral y que más que si se cree en un Dios importa es en qué clase de Dios se cree”, dijo Shariff.

En el estudio no hubo diferencias al hacer trampa entre quienes no creían en Dios y entre quienes sí, pero sí las hubo con quienes creían en un Dios castigador.

Una dentadura inmortal

Dientes. Imagínese perder un diente por x o y causa, o que contraiga una caries. ¡Qué bueno sería tener un remplazo… ¡pero natural!
Pues bien, científicos de la Universidad estatal de Oregón hallaron que un gen que tiene que ver con la función inmunitaria y con el desarrollo de la piel y el sistema nervioso, también controla la producción de esmalte dental.
El descubrimiento acerca del gen Ctip2 podría conducir a métodos nuevos para la reparación del esmalte dañado y para prevenir las caries, restablecer los dientes o hasta producir dientes de reemplazo.
“No es inusual que un gen tenga varias funciones, pero antes de esto, no sabíamos qué regulaba la producción del esmalte dental”, señaló en un comunicado de prensa Chrissa Kioussi, profesora asistente del colegio de farmacia de la universidad. “Este es el primer factor de transcripción encontrado hasta ahora que controla la formación y la maduración de ameloblastos, las células que segregan el esmalte”.
Kioussi y sus colegas estudiaron ratones bebé en los que se había desactivado el gen Ctip2 y carecían de su proteína. Los ratones tenían dientes rudimentarios listos para erupcionar, pero no tenían el recubrimiento de esmalte adecuado, por lo que nunca llegarían a ser funcionales.
Los hallazgos fueron publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences.