Aves de ciudad son más inteligentes

Unas por otras: vivir en la ciudad hace las aves más inteligentes.

A pesar de que el ambiente urbano es más difícil en ciertos sentidos (se encuentra uno cantidad de aves atropelladas por autos), de la contaminación y el ruido (que se ha demostrado afecta el canto y el apareamiento), pues lidiar con todo eso hace crecer el cerebro.

El tamaño del cerebro es un factor determinante que predispone los animales para su establecimiento exitoso en las ciudades, reportaron científicos encabezados por Alexei A. Makhalov, de Uppsala (Suecia) y colegas, en un artículo en Biology letters.

Los investigadores demostraron que diferentes especies de pájaros paserinos que tuvieron éxito en colonizar 12 ciudades europeas pertenecen a linajes con cerebro más grande que aquellas especies que evitan entrar en zonas urbanas.

Los científicos analizaron 82 especies de paserinos de 22 familias. Aquellas que eran capaces de reproducirse en las zonas centrales de las ciudades fueron considerados casos exitosos, frente a los que sólo merodean por los alrededores.

El análisis incluyó el tamaño del cerebro. Este ha sido asociado con la capacidad de los animales de adaptarse a nuevas o cambiantes condiciones ambientales, así como a comportamiento innovadores, que pueden ser muy útiles en tales condiciones ambientales.

Las aves de menor cerebro, sugiere el estudio, están expuestas a un mayor riesgo en las áreas urbanizadas.

Los investigadores emplearon la relación cuerpo-cerebro, conocida como fracción de Cuvier, que ha sido muy utilizada como aproximación a la inteligencia de un organismo así no sea la más exacta (hay monos con una relación mejor que la humana, por ejemplo).

Aunque el estudio se hizo solo con paserinos, podría deducirse que otras aves también tendrían esa ventaja adaptativa. Así lo sugiere Tim De Chant en Per Square Mile. Es el caso de las palomas, que se encuentran en gran número en ambientes urbanos y que para muchos no son un buen ejemplo de inteligencia.

Pájaros amenazados tienen alas más grandes

Imagínese: vive usted en un territorio repleto de maleantes fortachones que amenazan a todo el que se le atraviese. En unos años, los descendientes suyos serán más grandes, para poder arreglárselas con los malandrines. ¿Un sueño estúpido?

Eso no dicen la golondrina ni el carbonero, aunque el cuento no es el mismo. De todas maneras muestra cómo es de increíblemente complejo y sorprendente el mundo que nos rodea.

Las hembras que están expuestas a los depredadores mientras ovulan, producen descendientes más pequeños, según hallaron investigadores. Los polluelos pueden ser más pequeños, pero sorprendentemente sus alas crecen más rápido y largas que aquellos de madres no expuestas a la amenaza, una adaptación que puede ayudarles a evitar mejor los depredadores.

Tal parece que la sola presencia de un depredador puede cambiar el comportamiento de las posibles presas. Diversos estudios han mostrado que las aves a las que se les muestran depredadores con frecuencia aumentan sus defensas en el nido e impulsan a sus hijos a salir más rápido de él quizás para evitar ser víctimas fáciles del atacante.

Un nuevo estudio sugiere que además del comportamiento, puede modificarse la fisiología.

En un estudio previo en 2005, se encontró que cuando a las hembras de la golondrina (Hirundo rustica) se les presentaban modelos de depredadores, sus huevos contenían más corticosterona, la hormona del estrés, que hacía que eclosionaran más pronto y los polluelos fueran más pequeños. No se sabía si se debía a los efectos negativos del estrés o a una respuesta adaptada para ayudar a los descendientes a enfrentar mejor la intensa presencia de depredadores.

Ahora, Michael Coslovsky y Heinz Richner, ecólogos evolutivos de la Universidad de Berna en Suiza estudiaron una población natural de carboneros comunes (Parus major) que anidaban en los bosques de Bremgartenwald cerca de Berna. Los científicos expusieron los pájaros a modelos y a sonidos de audio del depredador, el halcón Accipiter nisus, o bien a canciones del zorzal común Turdus philomelos, que no los ataca. Dos días después, esas hembras pusieron sus huevos, los jóvenes fueron recogidos y colocados al cuidado de padres en bosques no manipulados. Todos los descendientes fueron monitoreados y marcados para su estudio.

Coslovsky y Richner reportaron en el journal Functional Ecology que los descendientes de las madres expuestas a depredadores eran universalmente más pequeños que los de las que no fueron expuestas, justo antes de que tuvieran plumas. El tamaño del plumaje tiene conexión con la supervivencia futura.

El dúo halló también que el crecimiento de las alas difería en los dos grupos: las de madres expuestas a la amenaza crecieron más rápido y una vez maduraron, esas alas eran unos 1,8 milímetros más largas que las de los otros pájaros, una pequeña pero significativa diferencia para el desempeño en el vuelo.

En la foto, un carbonero común.

En defensa de los gatos

El instinto puede más que otra cosa. Aunque los gatos sean bien tenidos y alimentados, si se les da la oportunidad, demuestran lo que son: unos grandes cazadores.

En ciudades como Medellín tienen poco dónde demostrar sus habilidades, fuera de que permanecen en casas y apartamentos. Pero en el campo es diferente.

En 80Beats, blog en Discover, su autor trajo en recientes días unos datos sobre lo que puede ser una de las mayores amenazas para los pájaros en E. U.

El 47% de los pájaros moriría por ataques de gatos, aunque la depredación es responsable del 79% de todas las muertes violentas de aves en áreas urbanas, esto basándose en un estudio de mayo pasado en el Journal of Ornithology.

Para el autor, matan más que las turbinas de viento, pero mucho menos que el principal causante de muertes en pájaros: los edificios, que supone uno son una gran causa de muerte aviar en Medellín también y en grandes ciudades con grandes edificios y ventanales.

¿Sí será así? Para algunos comentaristas en el blog, no son del todo ciertas esas cifras, pues creen que los autores del estudio citan un número bajo de casos, 33, y de 19 asignables a depredación, 9 son atribuidos a gatos, eso da un 47% así; pero se analizan 33 casos, lo que indicaría que los gatos sólo responden por el 27%; de los 33, 14 se atribuyen a depredación pero sin autor conocido.

¿Manipulación de cifras? Un debate interesante. Lo cierto es que los tiernos y simpáticos gatos son grandes cazadores, de una agilidad sorprendente y una alta efectividad.

Siga la flecha (a las hormigas)

No parece tan difícil como cazan los pájaros hormigueros (Thamnophilidae) y cuánta lógica tiene su estrategia.
Estos pájaros, así como los carpinteros, lo que tienen que hacer es descubrir un ejército de hormigas legionarias cazadoras que marchan por miles a través de la hojarasca en la selva panameña consumiendo cuando insecto, araña y lagartijas hallen en el camino, y seguirlo.
Pues bien, como hay insectos que volando pueden escapar de la acción del temible ejército de hormigas, como los saltamontes y grillos, los pájaros con facilidad los devoran.
La táctica de caza, cerca de la frontera con Colombia, fue descrita por Robb Brumfield, curador de recursos genéticos y profesor de Biología en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad del estado de Louisiana.
El científico encontró también que existen distintos niveles de especialización entre las aves. El primer y más común nivel es el de los seguidores ocasionales del ejército de hormigas. Otros pájaros siguen el ejército cuando pasa por su territorio, pero no lo siguen más allá de sus límites. Otros sí se aventuran más allá de su territorio, pero también cazan por otro lado.
Por último, están los verdaderos especialistas, todos unos profesionales en el seguimiento de los ejércitos de legionarias y, por lo tanto, dependen de ellos.
Sorpresas te da la naturaleza. Foto cortesía NSF.

La increíble recarga de energía en los pájaros

Los corredores de maratón se empacan su buena dosis de pastas los días previos a la competencia. ¿Qué hacen los pequeños pájaros que realizan las grandes migraciones de un continente a otro? No son recorridos tan cortos como para cubrirlas con las reservas energéticas adquiridas antes de la travesía.
¿Cómo hacen entonces? Michał Wojciechowski y Berry Pinshow explican que la mayoría de pájaros hacen escalas para reaprovisionarse y recuperar la energía antes de partir de nuevo.
Pero hay un detalle a considerar: los pájaros gastan dos veces más energía durante la escala que la que emplean en su viaje. ¿Cómo pueden reanudar vuelo?
Los científicos estudiaron los pájaros euroasiáticos de corona negra, que se detienen en la región de Midreshet Ben-Gurion, en Israel, a recargar baterías, y en Toron, en Polonia..
En el estudio, publicado en The Journal of Experimental Biology, los investigadores pesaron estas pequeñas aves y monitorearon sus temperaturas corporales, las tasas metabólicas mientras se alimentaban de frutas y gusanos.
En el día, la temperatura subía a 42,5 grados centígrados, pero cuando llegaba la noche, comenzaba a descender. En la noche era de 38 grados promedio, mientras que en algunos pájaros alcanzaba 33 grados. Al considerar sus masas corporales contra las temperaturas nocturnas, las temperaturas de los más pequeños estaban correlacionadas con su masa corporal
Por último, los científicos establecieron la relación entre la temperatura de los pájaros y sus tasas metabólicas y encontraron que los más pesados eran los que menos reducían esa tasa, mientras los más ligeros la bajaban más. Algunos conservaban un increíble 30 por ciento de su energía volviéndose hipotérmicos.

Machos feos exigen más esfuerzo

Machos atractivos conducirían a que las hembras inviertan más en la reproducción, dice la teoría. Pero no ocurre siempre así. En los pájaros cebra, cuando la hembra se aparea con un macho poco atractivo, los huevos son más grandes. ¿La razón? Los descendientes de machos de menor calidad dependen más de recursos adicionales para sobrevivir.
Esta situación se da en especies monógamas, como este pájaro. Como la hembra no tiene oportunidades de otro macho, trata de hacer lo mejor para que sus hijos se desarrollen, según publicación en Proceedings of the Royal Society B. ¿Cómo lo ve en humanos?

123