Arrasaron los Llanos, denuncia de investigadora

Cultivo en los Llanos. Foto Julio César Herrera

La deforestación causada por la tecnificación agrícola en los Llanos es peor que la producida por la minería ilegal y la coca, reveló la científica colombiana Liliana Dávalos, investigadora de Stony Brook University.

En una entrevista en la revista New Scientist, la investigadora explicó que los Llanos poseen ríos de hasta 1 kilómetro de ancho y es una región de pastos naturales entremezclados con bosques. Al analizar datos de satélite de 2002 a 2007 encontró que la deforestación encontraron una situación sorprendente que no puede ser explicada ni por los sembrados de coca ni por el crecimiento poblacional.

Dávalos dijo a la revista que “el salto tecnológico transformó el paisaje de uno que tenía pastos a uno que soporta ahora cultivos globalizados. Los suelos son ácidos, por lo que crecía el pasto. A finales de los 1990 los agrónomos adicionaron una tonelada de cal a cada hectárea para cambiar el pH del suelo. Eso significó que con rapidez podía sembrarse caña de azúcar, palma de aceite, soya y más cultivos. El valor de la tierra se disparó. Los bosques de los Llanos han casi que desaparecido”.

La científica indicó que la agricultura legal es ahora el gran problema debido a las gigantescas cadenas alrededor del mundo que producen cosas en un lugar y las llevan a todas partes.

“En Colombia es la tormenta perfecta. Como el paisaje no es de selva sólida, no tiene voces de activistas que lo defiendan, por lo que la destrucción no ha estado en el radar. Y hubiera estado para mí también si no hubiera mirado las imágenes de satélite. La escala me dejó sin aliento. Son millones de hectáreas tomadas por la agricultura que no existían cuando yo crecí en esa región”.

Dávalos consideró que cuando se trata de coca o minería ilegal todos las rechazan, pero en el caso de la agricultura a gran escala las opiniones están divididas: hay un mercado internacional legitimo para esos productos. Y hay grupos muy poderosos, con capacidad de lobby, y esas industrias han recibido beneficios impositivos

La muerte es de color azul

La muerte no viene de negro. Viene vestida de azul. Un manto azul. El luto no tiene cabida. Y aunque los humanos la asocian con el negro, para los gusanos ese color no rige.

Horas antes de morir, una onda de luz azul fluye del cuerpo de los gusanos C. elegans y el mecanismo responsable, toda una sorpresa, fue investigado por científicos encabezados por David Gems y colegas del Instituto de Envejecimiento Saludable del Imperial College London. El estudio aparece en Plos Biology.

Los científicos asumían que los destellos fluorescentes se debían a un pigmento, lipofuscina, formando cuando las proteínas y las grasas se dañan por oxidación, como sucede en las células de mamíferos al envejecer.

Los investigadores expusieron C. elegans a ambientes muy oxidativos, que deberían haber fortalecido los niveles de lipofuscina y por ende los de fluorescencia. No fue así.

El grupo estudió bajo microscopio las últimas horas de los gusanos. En todos los casos vieron la muerte celular regándose a partir del mismo punto en el intestino.

Análisis posteriores revelaron que cuando las células intestinales mueren, liberan calcio. Este se riega por las células circundantes provocando más muerte celular y liberando ácido antranílico a partir de pequeñas estructuras, los lisosomas. El ácido brilla cuando encuentra el citoplasma celular, que es más alto en pH que dentro de los lisosomas.

Al estudiar el proceso, dijeron, se pueden derivar beneficios para la salud humana. “En un derrame o ataque al corazón, las células son muertas al bloquearse el suministro de sangre”, dijo Gems. “Estas están rodeadas por células vivas y el área dañada puede comenzar a matarlas. Si entendemos cómo funciona esta progresión de muerte en C. elegans, podríamos deducir un día un daño similar en personas”.

Crean plástico que se autorregenera

Científicos revelaron el desarrollo de un nuevo género de plásticos que imitan la piel humana: se reparan a sí mismos cuando se cortan o rajan, lo que ofrece una oportunidad para la reparación de teléfonos celulares, portátiles, carros y otras superficies que podrían autorrepararse.

La revelación fue hecha por Marek Urban en la American Chemical Society, quien describió los plásticos, que cambian de color para advertir daños y se sellan a sí mismos cuando son expuestos a la luz.

“La Madre Naturaleza nos ha endosado toda clase de sistemas biológicos con la capacidad de repararse”, dijo Urban.

“Algunos podemos verlos, como la piel regenerándose, o la corteza de árboles. Otros son invisible, como el sistema de autorreparación que el ADN emplea para arreglar daños en los genes. Nuestro nuevo plástico trata de imitar la naturaleza, mostrando una señal roja cuando se daña y renovándose a sí mismo cuando es expuesto a la luz visible, cambios de temperatura o pH”.

Urban, de la University of Southern Mississippi en Hattiesburg, avizora una amplia variedad de aplicaciones potenciales para este desarrollo. Desde rayones en los guardabarros de los autos hasta partes críticas en la estructura de aviones, en cuyo caso los ingenieros mirarían, al aparecer la señal roja si se hace el autosellado o se remplaza la pieza.

Aunque los plásticos son de uso extendido, un problema con ellos ha sido que una vez rasgados su reparación es difícil o imposible. Este avance soluciona el inconveniente.

El equipo de Urban desarrolló el plástico con pequeñas uniones moleculares o puentes que extienden las largas cadenas de químicos que componen los plásticos. Cuando el material es rasgado, esas uniones o vínculos se rompen y cambian de forma, con lo que se produce un cambio visible de color, un manchón rojo alrededor del defecto. Ante la luz solar o la luz de una bombilla, cambios en el pH o la temperatura, el puente se reforma, sellando el daño y borrando la marca roja.

Ahora, dizque respirar engorda

Si por respirar engordáramos, no cabríamos en este mundo, pero una nueva hipótesis sugiere que sí: que respirar aire contaminado engorda.

Un grupo de investigadores daneses cree el incremento de los niveles de dióxido de carbono (CO2) en el aire tornan nuestra sangre más ácida, reduciendo los niveles de pH. Cuando esto sucede, las células del cerebro, las neuronas orexina que regulan el apetito y son muy sensibles a la acidez de la sangre, aumentan su actividad y hacen que la persona coma más.

La hipótesis explicaría porqué muchos animales también han aumentado de peso en el último medio siglo. Citan el caso de ocho especies de animales, incluso de laboratorio, que han venido ganando peso en los últimos 50 años, cuando también han subido los niveles de CO2.

Los datos, según Devanjan Sikder, del Sanford-Burnham Medical Research Institute en Orlando, consultado por LiveScience, no apoyan tan aventurada hipótesis. Los médicos no han reportado un cambio en el pH sanguíneo, dijo. El cuerpo necesita mantener un pH sanguíneo de 7,35 a 7,45 para entregar la adecuada cantidad de oxígeno a los tejidos.

El cambio en el pH sugerido por los daneses no convence tampoco a David Katz, director del Prevention Research Center en Yale University School of Medicine. Un cambio de la magnitud sugerida por daneses, de alrededor de 0,1 no se daría en una persona con unos riñones y pulmones en buen funcionamiento.

Curioso, por lo menos.

Qué hace un vehículo en mi estómago

Casi en todas partes puede imaginarse uno la presencia de un vehículo, pero ¿en el estómago? No podía faltar.

En esta era de la miniaturización de la medicina, el nanoingeniero Joseph Wang, de la Universidad de California en San Diego presentó su prototipo, que algún día podría ser útil para atacar células cancerosas o llevar medicinas a domicilio.

No requiere salir a tanquear con gasolina ni usa gas, aunque a este novedoso vehículo le falta remediar sus pequeños problemas, uno de ellos en sus frenos: no se ha logrado que se detenga, como tampoco controlar su velocidad.

El caso es este: el vehículo es un tubo cónico de 10 micrometros, cubierto por zinc, que reacciona con el ambiente ácido del estómago y produce burbujas de hidrógeno que lo impulsan.

Si fuera cubierto con anticuerpos o equipado con cámara, podría enviar mensajes instantáneos del interior del órgano.

Microvehículos de esta clase se movían al crear burbujas de oxígeno a partir del peróxido de hidrógeno, un elemento algo tóxico para el organismo. El zinc los hace más biocompatibles.

Como la velocidad depende de la acidez, su velocidad aumenta con esta, lo que mostraría también pH estomacal. La acidez, sin embargo, impacta la vida del motor, que puede ser de 10 segundos a… 2 minutos.

¿Corto? La vida suficiente para desarrollar su tarea.

Estos vehículos son conducidos por el estómago mediante magnetos, revelaron los investigadores.

Algún día navegarán por su cuenta, repararán áreas dañadas o harán microcirugías. Todo un avance.

En la foto de la American Chemical Society, el microvehículo.

¿Busca a Nemo? Anda medio muerto

¿Recuerdan a Nemo, el gracioso pez naranja de la película animada Buscando a Nemo? Es un pez payaso (clownfish). Científicos liderados por Philip Murray de James Cook University en Australia, encontró algo llamativo: los niveles más altos de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera afectan la vida marina, en especial corales y moluscos gracias a la acidificación y calcificación de las aguas. Pues bien, Murray halló que este pez que vive cerca del fondo del mar, de larva se mueve con el plancton, pero al madurar debe buscar su grupo para defenderse y sobrevivir, pero esa conducta depende de señales químicas, que pueden ser susceptibles al cambio en el pH. En experimentos, encontró que a mayores niveles de CO2, las larvas actuaban de manera más arriesgada, alejándose del arrecife. Si esto sigue así, en unas décadas, Nemo no vivirá más.

El estudio fue publicado en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences.

Consecuencia inesperada

Consecuencia ignorada: a medida que los niveles de dióxido de carbono generados por el hombre aumentan los océanos se calientan más y se tornan más ácidos, lo cual no es un misterio. Pero adquirirán otra característica: bajo agua, los sonidos viajarán más lejos, concluyó un nuevo estudio.
Las proyecciones más conservadoras del Panel Intergubernamental del Cambio Climático sugieren que la química del agua marina podría cambiar por 0.3 unidades de pH hacia 2050. Si es así, la mayor acidez oceánica haría que los sonidos viajaran un 70 por ciento más lejos que en los océanos de hoy.
Los cálculos fueron hechos por Keith Hester y colegas en el Monterey Bay Aquarium en California. Sus hallazgos aparecerán mañana en Geophysical Research Letters.

Lo que hacemos acá, mata allá

Los océanos absorben dióxido de carbono de la atmósfera y de la actividad humana de la quema de combustibles fósiles, por lo que los mares funcionan como un romper protector de la vida en la Tierra.
¿Qué les pasará a las criaturas que viven en el mar si aumentan las emisiones de CO2? Hasta no hace mucho se afirmaba que el blanace químico de los océanos era constante, pero hoy los científicos saben que el PH de la superficie ha bajado 0,1 o 25 por ciento desde el comienzo de la industrialización hace 100 años.
Jon Havenhand y Michael Thorndyke, de la Universidad de Gotenburgo, junto a colegas de Australia estudiaron cómo este proceso de acidificación afecta la vida marina.
Como parte del estudio, dejaron que algunos erizos marinos, Heliocidaris erythrogramma, se fertilizaran en agua donde el pH había variado del 8,1 normal a 7,7, es decir un ambiente tres veces más ácido, lo que se espera tengan los mares hacia 2100. Los resultados fueron alarmantes.
Como la mayoría de invertebrados, estos erizos se multiplican los huevos para ser fertilizados en aguas abiertas. Sin embargo, en un ambiente marino más ácido, la capacidad de reproducción cayó un 25 por ciento, pues el esperma se mueve con mayor lentitud y con menor efectividad. Si la fertilización es exitosa, el desarrollo de la larva es problemático, al punto de que solo 75 por ciento de los huevos se desarrolla en una larva sana. ¿Qué les pasará a otras formas de vida?