Los pingüinos no saborean la comida

Pingüino barbijo. Foto Wikipedia

La evolución los privó de degustar todo. O al menos de saborearlo. Los pingüinos solo aprecian dos sabores: salado y amargo.

Eso dice un artículo aparecido en Current Biology. O sea, no pueden degustar el sabor del pez que comen ni el dulce de una fruta.

La variedad de sabores no es común a todos los animales. Ya hace pocos años se había revelado que los gatos no degustan el dulce, pues en su evolución perdieron esos receptores específicos.

Tampoco otras aves, como los pollos y los gorriones, pueden saborear el dulce, pero tienen receptores para detectar lo ácido y el umami.

“Los pingüinos comen peces, por lo que deberían necesitar los genes receptores del umami, pero por alguna razón no lo tienen”, dijo Jianzhi Zhang, de la Universidad de Michigan.

Lo hallado, agregó, es algo sorprendente y no tienen explicación.

Fueron sus colegas quienes lo llevaron al descubrimiento al ver que no podían hallar en los genomas de los pingüinos Adelia y emperador. Al examinar en detalle Zhang detectó que en todas las especies no habían genes funcionales para los receptores del dulce, el umami y el ácido.

Tal vez, se especula, los perdieron no porque no les fueran útiles sino por los ambientes extremadamente fríos en el que viven.

A diferencia de los del amargo y el salado, los receptores del gusto requeridos para detectar aquellos otros tres sabores son sensibles a la temperatura. No funcionan cuando se enfrían mucho. O sea, si los tienen, no serían de mucho uso.

La lengua de los pingüinos es inusual además. Algunos estudios sugieren que carecen de papilas gustativas y están cubiertas con una gruesa capa, pareciendo que las usan no tanto para degustar la comida sino para agarrarla e ingerirla.

Tienen además el hábito de tragar de una, por lo que están menos preocupados de ver a qué sabe la comida, aunque eso no queda muy claro.

Mis 10 noticias científicas de la semana (19-25)

1. Los pies, refugio perfecto

Si usted desea conocer la casa de los hongos, bienvenido a los pies. Más de 80 clases distintas de hongos se encuentran en esa parte del cuerpo según estudio presentado en Nature. Esos microorganismos andan por toda la ‘geografía’ humana de la piel, pero la mayor variedad se encuentra en los pies, dijo Julie Segre, coautora del estudio, genetista del National Human Genome Research Institute. Este es el primer censo de los hongos de la piel. Al identificar los nocivos de los que no, se podrían desarrollar tratamientos orientados al pie de atleta y a las infecciones de las uñas, dos de las condiciones más comunes. Dada la dificultad y demora para cultivar hongos en laboratorio los científicos recurrieron a la identificación mediante el ADN.

2. La hora de un buen trío

No se trata de una revelación científica, pero uno de tantas situaciones celestes ocurre en el cielo del fin de semana. Júpiter, Venus y Mercurio aparecen muy cerca desde nuestro punto de vista, una danza que no volverá a verse tan bien hasta 2026 según los expertos. Los tres planetas se han visto por oeste minutos después de irse el Sol. Cada día se separarán más.

3. No es un milagro, pero muchos Lázaros despiertan

Astrónomos de la Universidad de Antioquia descubrieron un gran cementerio de cometas en el cinturón principal de asteroides entre las órbitas de Marte y Júpiter. Allí residen al menos 500.000 asteroides de 1 metro a casi 1.000 kilómetros. Se descubrió que un 17% de esos cuerpos serían cometas muertos y otros que resucitan, lo que los astrónomos denominaron cometas Lázaro, lo que es posible cuando se acercan un poco más al Sol por alguna interacción planetaria y comienzan a sublimar agua de nuevo. Todo un logro de la Astronomía local.

4. Y los pingüinos dejaron de volar

Aunque el estudio no se centró en pingüinos sino en cormoranes (Phalacrocorax pelagicus), una especie de aves que aún conserva cierta habilidad para volar y que se zambullen en el agua propulsándose con sus patas, científicos saben ahora porqué los pingüinos no vuelan: las aves no pueden tener una doble habilidad, volar y nadar, porque la capacidad para sumergirse debilita la habilidad para volar. Para nadar bien las alas tiene que acortarse o crecer mucho más, lo que impide que vuelen. Un largo proceso evolutivo. El estudio apareció en Proceedings of the National Academy of Sciences.

5. Nada como una buena rascada

Cuando a uno le pica en un punto se debe a un circuito neural que vincula las células en la periferia del cuerpo con el cerebro, sugiere un estudio en ratones, por lo que el proceso no tendría que ver con el mecanismo del dolor como se ha pensado. Y la proteína Nppb (polipéptido natriurético b) que solo se encuentra en las neuronas del circuito son las responsables de que se manifieste la sensación. Al suprimirlas, los ratones no sentían piquiña. Y al inyectarles más entraban en una rasquiña desenfrenada. El estudio fue publicado en Science.

6. La cucaracha no quiere que la engañen más

Son más listas y no hay nada qué hacer: las cucarachas evitan las trampas dulces diseñadas para matarlas. La rápida evolución de esa conducta que les permite caminar por entre deliciosas trampas azucaradas demuestra la capacidad del sistema sensorial del insecto para cambiar en respuesta al ambiente. Algo muy importante para la supervivencia y que revela porqué escapan a los venenos. El sistema sensorial permite que los insectos naveguen en su medio, pero no se sabe mucho de cómo se adapta a los cambios en él. Ayako Wada-Katsumata de North Carolina State University y colegas trabajaron con cucarachas alemanas y en pocos años estas aprendieron a evitar esas trampas, reportaron en Science. Por eso no caen con tanta facilidad.

7. Esa vacuna sí sirvió

Científicos desarrollaron una vacuna más efectiva contra la influenza, probada con éxito en animales, mejor que la que se usa comercialmente hoy. Incluso, protegería contra variedades de influenza que no han emergido, según el estudio publicado en Nature. “Nos conduce hacia una vacuna universal de la influenza”, dijo Gary Nabel, quien dirigió el estudio. La vacuna se basa en nanopartículas de influenza en vez de los virus inactivados de las tradicionales. El próximo paso: pruebas en humanos para ver si en verdad protege.

8. Corales para la vida

Colombia tiene una nueva área donde comenzará a defenderse la vida con mayor ahínco: el Parque Nacional Natural Corales de Profundidad, frente al Archipiélago de San Bernardo, delante del golfo de Morrosquillo. Con un área de 142.192 hectáreas pasa a ser el área 57 en lograr su protección en el sistema de Parques. De importancia estratégica son los corales que contiene, donde abundan las especies y sirven de cuna para que los pececillos y otros animales marinos comiencen la vida y se nutran. El sitio es además un libro abierto para la ciencia.

9. La vitamina matabacterias

Altas dosis de vitamina C pueden eliminar con rapidez poblaciones enteras de cepas de bacterias causantes de la tuberculosis resistentes a las medicinas, lo que se logra al inducir una reacción química que produce altos niveles de radicales que afectan el ADN, reveló un estudio en Nature Communications. El estudio se hizo en cultivos de laboratorio de Mycobacterium tuberculosis y deben ser replicados ahora en vivo para determinar si funciona. De ser así sería un gran avance en el tratamiento de una enfermedad en expansión.

10. Los billetes vienen con regalos

Un estudio reveló la presencia de 710 géneros de bacterias en dos billetes de $1.000 colombianos secuenciados por el Centro Nacional de Secuenciación Genómica de la Universidad de Antioquia y Roche. El 5% son patógenos, aunque no se ha hecho la clasificación por especies. Y los hongos presentes serán analizados en el segundo semestre. Una muestra de la capacidad del CNSG y su equipo de investigadores.

La sorprendente ave que reconoce las personas por el rostro

Yo te conozco, chico malo

Quienes estén familiarizados con los animales domésticos y algunos otros en las fincas saben que ellos los pueden reconocer. Y distinguen bien quién los trata mal.

Reconocen nuestras caras, nuestra voz y nuestro olor. Una mascota responde distinto frente a su amigo que frente a un extraño.

Pero son más. Diversos estudios han demostrado que las abejas, los pollos, las palomas, las ovejas, las llamas, los pingüinos, las focas, conejos, caballos, lagartos y hasta los pulpos reconocen personas individualmente.

Y hay algo en común con estos animales: están expuestos de una manera u otra a los humanos. Pero, ¿pueden los animales salvajes reconocernos?

Anécdotas sobre el tema existen muchas, pero evidencias científicas pocas. No hace mucho, se ha mostrado que los pájaros mímidos y los cuervos americanos reconocen las personas que amenazan sus nidos o los han capturado.

A la lista se debe sumar una nueva especie: la urraca de pico negro.

Cada primavera, investigadores de la Universidad Nacional de Seúl y la Universidad Ewha Womans llevan una rutina, una encuesta anual de las crías exitosas de urracas en el campus. En 2009 notaron algo extraño. Won Young Lee, estudiante de doctorado, que siempre trepaba a los árboles para tomar huevos y polluelos y contarlos, y principal autor del estudio en Animal Cognition, comenzó a ser seguido y atacado por los dueños de los nidos.

Aunque estaba con una persona la primera vez y le entregó la gorra para que no lo reconocieran y siguió luego camino aparte, no tuvo escapatoria: los cuervos siempre lo seguían a él.

Las aves de los nidos que no tocaba, no se molestaban con él.

Con base en ese hecho casual, diseñaron un experimento para verificar si los cuervos reconocían a las personas, encontrándose que sólo atacaban a quienes subían a los nidos.

“Fue algo inusual”, dijo Sang-im Lee, líder del grupo de encuestadores,. Durante 15 años habían hecho el sondeo anual, pero no los habían seguido. ¿Qué había de especial esta vez?

Que Lee fue el único que subió a los nidos a colocar cámaras, pues en las otras ocasiones lo habían todos. Así, las aves comenzaron a reconocerlo como el chico malo que usurpaba su nido y sus polluelos.

La distinción la hicieron pese a que en el experimento otras personas usaban la misma ropa. No se cree que distingan por el olor, pues no son buenos para ello y la distancia siempre fue de más de 10 metros. Es más posible que usen su visión y reconozcan la cara.

Para Piotr Jablonski, quien diseñó el experimento “es sorprendente cómo las urracas pueden reconocer un individuo entre 20.000 presentes en el campus”.