Como el pastorcito mentiroso

Ya nadie les cree, pero es verdad. Como el pastorcito mentiroso, algunos insectos ignoran la señal de peligro y, quizás, cuando se dan cuenta, ya es demasiado tarde.
Sí, algunos áfidos que crecen en plantas modificadas genéticamente para emitir un compuesto que alerta a los insectos de la presencia de un depredador, se acostumbran tanto al olor, que no hacen caso y quedan expuestos a una muerte segura, según investigadores del Cornell and Boyce Thompson Institute que publicaron el hallazgo en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences.
Bajo circunstancias normales, cuando una mariquita captura y se come un áfido, la víctima libera una señal de alarma, una feromona llamada beta-farneseno, que hace que los áfidos cercanos corran o se dejen caer de la planta.
Los áfidos se acostumbran al olor emitido por la planta en sólo tres generaciones y luego no hacen caso de esa que fuera la señal de alarma.
Los áfidos, sin embargo, no dejan de ser una amenaza para la planta. Bajo la emisión continua de la feromona, producen más descendientes, quizás porque disponen de más energía para la reproducción. Foto cortesía en la que una mariquita se come un áfido..

Las flores enfrían el clima

Una razón más para cuidar las plantas, aquellas que florecen: enfrían el planeta y lo refrescan.
Eso al menos se desprende de los resultados de simulaciones climáticas publicadas en Proceedings of the Royal Society B. El efecto es más notorio en la cuenca del Amazonas, donde remplazar las plantas que florecen por otras que no significaría perder 80 por ciento del área cubierta por selva húmeda.
Las simulaciones demostraron la importancia de la fisiología de estas plantas en la regulación del clima en regiones selváticas, dijo C. Kevin Óbice,
Autor principal del estudio, regiones en las que la estación seca es corta o no existe y donde se presenta la mayor biodiversidad.
“La alta densidad de venas en las hojas de las plantas que florecen es mucho mayor que en las demás”, según Óbice, profesor de la Universidad de Chicago.
Este hecho es de importancia fisiológica por el secuestro de dióxido de carbono de la atmósfera para la fotosíntesis y la pérdida de agua o transpiración. Las dos van juntas.
Esa alta densidad de venas en las hojas significa que estas plantas son muy eficientes para transpirar agua del suelo de regreso a la atmósfera, de donde puede regresar al suelo en forma de lluvia.
Este proceso depende de la transpiración, que es mucho más baja en la ausencia de plantas con flores.
Durante la mayor parte de la historia de la Tierra no hubo plantas con flores, conocidas como angiospermas. Evolucionaron hace unos 120 millones de años, durante el Cretáceo y tomó otros 20 millones de años para ser las dominadoras.
Las especies con flores son un producto tardío de las plantas vasculares, un grupo que incluye helechos, pero hoy dominan el mundo.

Resumen científico de la semana -marzo 22 al 28

Lunes: tras las pistas del espermatozoide

Lo que sucede entre la inseminación y la fertilización es tema bien interesante. En Science, Mollie Manier, John Belote y Scott Pitnick, profesores de Biología en la Universidad de Siracusa, modificaron genéticamente moscas de las frutas de modo que las cabezas de sus espermatozoides fueran fluorescentes, verdes o rojas, con lo que pudieron observar con detalles lo que sucedía en la vida del esperma dentro de la hembra. Los hallazgos tienen implicaciones en los campos de la biología reproductiva, la selección sexual y la especiación.
La meta inicial, dijo Pitnick era rastrear los mecanismos detrás de la competencia del esperma. “Cuando quiera que una hembra se aparee con más de un macho -y la promiscuidad de las hembras es más una regla que una excepción en la naturaleza- existe conflicto entre los sexos por la paternidad así como una competencia entre eyaculados rivales para fertilizar el huevo. Esa selección sexual postcopulatoria es una poderosa fuerza de cambio evolutivo.
De este modo, volvieron rojo los espermatozoides de un macho y verdes los de otro. “Observamos que están en constante movimiento dentro de los órganos especializados de almacenamiento en la hembra y exhiben un sorprendente y complejo comportamiento”.
El grupo creó otros espermatozoides similares de otras especies, incluyendo una híbrida, por lo que será bien interesante ver qué sucede en este caso.

Martes: el día cuando Lucy caminó en dos pies

Hace tres millones, los ancestros de los humanos modernos aún pasaban gran cantidad del tiempo sobre los árboles, pero… algo estaba ocurriendo.
Desde hace 3,6 millones de años, bajaban a veces de los árboles y caminaban con grandes pasos.
La ciencia siempre se ha preguntado cuándo comenzaron a caminar erguidos los homínidos, existiendo variadas interpretaciones y consideraciones.
David Raichien, profesor de la Escuela de Antropología en la Universidad de Arizona, y colegas de las Universidad de Albany y el Lehman College en Nueva York, desarrollaron evidencia experimental de que caminaban como los humanos en aquellos tiempos y la presentaron en Plos One.
Huellas fósiles preservadas en cenizas volcánicas en Laetoli, Tanzania y descubiertas hace 30 años, sirvieron de base. La importancia de tales huellas en la evolución humana ha sido debatida desde entonces. Los individuos que pudieron hacerlas, que presentan evidencias claras de bipedalismo eran los Australopithecus afarensis, a los cuales pertenece la célebre Lucy, cuyo esqueleto es el más completo ejemplar de esa especie.
Ciertos rasgos en caderas, piernas y espalda en ese grupo indican que habrían caminado en dos pies mientras permanecían en tierra. Pero los dedos curvados de manos y pies así como unos hombros orientados hacia arriba proveen sólida evidencia, según los investigadores, de que Lucy y sus congéneres también pasaban buen tiempo trepados en los árboles.
Esta morfología difiere de nuestro género Homo, que abandonó la vida arbórea hace 2 millones de años para convertirse en practicantes del bipedalismo.
Los científicos crearon modelos tridimensionales de las huellas y examinaron la profundidad relativa de talón y dedos y encontraron que son muy parecidas a las dejadas por una persona cuando camina.
Basados en los análisis de los A. afarensis, creen que quien hizo las huellas caminaba con rodilla y cadera dobladas, tipo chimpancé.
En la imagen se aprecian las huellas de una persona arriba, de una persona caminando con rodilla doblada y abajo las de Laetoli. Cortesía de Randy Haas, de la Universidad de Arizona.

Miércoles: bueno, y ¿por qué hubo dinosaurios?

Hace 200 millones de años, la Tierra era muy diferente a la de hoy. La mayoría de la masa terrestre estaba en un gran continente llamado Pangea. No había océano Atlántico y el mundo era dominado por los crurotarsanes, muy cercanos a los actuales cocodrilos.
Los dinosaurios, en un planeta cuyo clima cambiaba, estaban próximos a aparecer.
¿Qué llevó a la aparición de estos llamativos y grandes animales? Jessica Whiteside, paleobióloga de Brown University, cree haberlo encontrado. Y su artículo fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.
Los científicos construyeron el registro del clima de las frontera entre el Triásico y el Jurásico combinando evidencias fósiles de la extinción de plantas y animales con las improntas de carbono hallado en la cera de hojas antiguas y en madera halladas en sedimentos en lagos mezclados con basaltos denotando la actividad volcánica.
Fue así como hallaron evidencias sólidas de que una intensísima actividad volcánica produjo el exagerado incremento de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero que borraron del mapa cerca de la mitad de las especies de plantas y marcaron el fin del Triásico con una de las cinco grandes extinciones que ha sufrido la Tierra en su historia.
Ese aumento en los gases, diezmó la población de crurotarsanes, que habían competido vigorosamente con los primeros dinosaurios del Triásico.
Así, gracias al desastre climático, los pequeños dinosaurios tuvieron toda la libertad para constituirse en los amos del mundo animal.
Los científicos saben que hace 200 millones de años, Pangea se partió y las placas de Norte América y África comenzaron a moverse aparte. Mientras se partían, creándose la base que sería luego el Océano Atlántico, grandes fisuras aparecieron, originándose masivos flujos de lava que cubrieron más de 9 millones de kilómetros cuadrados, un área muy parecida a la de Estados Unidos, la llamada por los científicos Provincia Magmática del Atlántico Central.
Las erupciones duraron unos 600.000 años, un periodo que Whiteside había estimado ya en 2007 en un reporte en Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology.
Lo que les sucedió a plantas y animales fue deducido por el equipo con investigadores de la Academia Sinica en Taiwán, Columbia University y Woods Hole Oceanographic Institution, quienes analizaron fósiles y registros de carbono de dos antiguas cuencas en Estados Unidos e Inglaterra.
Encontraron evidencias fosilizadas de sedimentos de lagos que estaban en Pangea antes de la partición, logrando datar los flujos más antiguos como de hace 201,4 millones de años, el límite superior en el que comenzó el volcanismo.
Los conteos de polen combinados con el registro de carbono, mostraron que la mitad de la flora del Triásico pereció por el volcanismo. Y se observó un aumento en las esporas de helechos, lo que tiene sentido dado que figuran entre las primeras especies vegetales en regresar al ambiente tras un fenómeno de volcanismo.
En cuanto a animales, los científicos unieron huellas halladas previamente en rocas para establecer que los crurotarsanes perecieron también. Tras los flujos de lava, prácticamente no se encuentran registros fósiles de estos animales.
Todo concuerda, los terópodos -a los cuales pertenecen los carnívoros dinosaurios del velociraptor al Tyrannosaurus rex- se volvieron dominantes, un hecho documentado por Paul Olsen en 2002 en un artículo en el cual se muestra un auge en las huellas de los terópodos tras la extinción masiva.
En la foto de Jessica Whiteside se aprecia un corte en la Provincia Magmática del Atlántico Central. El flujo de lava está presentado en la capa café, y está sobre el blanco del fin del Triásico, mientras este se ve en la capa roja

Jueves: para frenar las enfermedades coronarias

La enfermedad de la arteria coronaria provoca 7 millones de muertes anuales. Cada año decenas de millones de personas deben tomar medicamentos para sobrellevarla o son sometidas a operaciones. Pero las intervenciones, los bypass, solo son un arreglo temporal. Tarde o temprano fallarán, durando de 5 a 10 años.
Las arterias coronarias llevan la sangre al corazón, permitiéndole bombear cerca de 2.000 galones de fluido a través del cuerpo cada día. Cuando se bloquean o se dañan, partes del corazón quedan sin oxígeno, conduciendo a la angina o ataques al corazón.
Mark Krasnow, investigador del Howard Hughes Medical Institute en Stanford University y Kristy Red-Horse, estudiaron cómo se desarrolla el corazón en embriones de ratón para ver cómo se puede inducir las células del cuerpo para reconstruir las arterias averiadas. El informe fue presentado en Nature.
Se había pensado siempre que esas arterias se forman de vasos sanguíneos que salen de la aorta o de un tejido llamado el proepicardium, que cubre el corazón durante su desarrollo. Pero Red-Horse no halló evidencias.
Tras distintos estudios, encontró vasos que salían del sinus venosus (una gran vena que regresa la sangre al corazón en un embrión en desarrollo) y emigraban sobre la superficie del corazón durante su desarrollo e invadían tejido del corazón. En el proceso, se convierten en vasos sanguíneos más generalizados y se rediferencian en arterias, capilaridades y nuevas venas.
Entender el proceso, podría conducir algún día a ver cómo se dañan las arterias y conociendo qué está mal, se podría encontrar una solución.
Si se entienden mejor las señales químicas involucradas en el desarrollo, sería posible fortalecer el crecimiento de arterias coronarias, bien dentro del cuerpo o fuera de él para trasplantes.
Cómo avanza la ciencia.

Viernes: los chinos nos matan a todos

Nadie duda que el crecimiento económico de Asia viene adobado con un ingrediente poco amable: la contaminación.
Científicos del National Center for Atmospheric Research en Colorado (Estados Unidos) mostraron que los gases de la región son levantados hacia la estratosfera durante la temporada de monzones, lo que aporta una nueva evidencia de la naturaleza global de la polución aérea y sus efectos lejos de la superficie de la Tierra, según el reporte entregado en Science.
“Es una vista sorprendente de las interacciones entre mozones y las emisiones químicas generadas en la altamente industrializada región del sur de Asia”, indicó Anjuli Bamzai, director de la División de ciencias Atmosféricas y del Geoespacio en la NSF que financió el estudio.
Los contaminantes como el cianido de hidrógeno son dispersados por la troposfera hacia la estratosfera baja y pueden circular por todo el globo durante años.
El impacto en la atmósfera crecerá a medida que China continúe su crecimiento económico acelerado.
En la foto se aprecia la contaminación en la estratosfera.

Cambiándoles la sexualidad a las plantas

Sería la dicha: en todo el mundo, los granjeros gastan cerca de 36.000 millones de dólares al año en la compra de semillas para sus cultivos, en especial aquellas resistentes a ciertas pestes. No pueden obtenerlas de sus cultivos, pues el mismo acto de reproducción sexual borra muchas de las características seleccionadas con mucho cuidado.
¿Sabía que algunas plantas evaden el problema? Los álamos y los dientes de león se reproducen asexualmente clonándose.
Jean-Philippe Vielle-Calzada, investigador del Howard Hughes Medical Institute se pregunto si podía conocer lo suficiente de la genética de la reproducción asexual para aplicarlas a las plantas que se reproducen sexualmente. Y está a un paso de lograrlo, según un reporte en Nature.
Al igual que con los animales, la reproducción sexual en plantas requiere la generación de gametos masculinos y femeninos que llevan la mitad de los genes del organismo. Las plantas con flores muestran la forma más avanzada de reproducción sexual de plantas, produciendo células espermáticas que derivan del polen que se unen con células ováricas para producir semillas. Por lo tanto cada semilla es genéticamente única. Existen distintos tipos de reproducción asexual en plantas, pero en todos se produce el mismo resultado: plantas hijas que son genéticamente idénticas.
Hace 10 años el investigador comenzó el desarrollo de una semilla asexual y decidió investigar la apomixis, un tipo de reproducción asexual. Muchas especies de planas la utilizan para generar semillas viables sin que sea necesaria la fusión entre esperma y óvulo. Este método origina semillas que son en esencia clones de la planta principal. En la apomixis, las células reproductivas conservan el material genético de los cromosomas en lugar de perder la mitad de los genes durante la meiosis, como sucede en la reproducción sexual. Cerca de 350 familias de plantas emplean la apomixis para reproducirse, pero casi todas las usadas para alimentos se reproducen sexualmente.
Vielle-Calzada estudió la apomixis en la Arabidopsis thaliana, que se reproduce sexualmente, y encontraron un gen, Argonauta 9, que parece silencia la apomixis.
¿Cuándo se logrará?

Lo natural no significa seguridad

Cada vez aumenta más la cantidad de gente que se vuelca hacia los remedios basados en plantas y hierbas para controlar afecciones crónicas o favorecer su salud.
Sin embargo, muchos suplementos populares hoy, como la hierba de San Juan o hipericina, el gingko biloba y el jugo de ajo o hasta de toronja, pueden conllevar graves riesgos para quienes toman medicamentos para enfermedades cardíacas, según una revisión en la edición de la revista del Colegio Americano de Cardiología.
Para los autores el consumo de estos productos es preocupante, sobre todo entre los ancianos, quienes normalmente presentan co-morbilidades, toman varios medicamentos y ya están expuestos a más riesgo de sangrado.
Como estos productos parecen ‘naturales, mucha gente desarrolla un falso sentido de seguridad frente a ellos”, comenta Arshad Jahangir, cardiólogo de Mayo Clinic en Arizona y autor experto del estudio.
Solo en Estados Unidos, más de 15 millones de personas informan que consumen remedios herbarios o altas dosis de vitaminas.
Olvidan que… lo natural no siempre es seguro.
Todo componente consumido ejerce algún efecto sobre el organismo. Por eso los toman, pero también puede haber interacción con los medicamentos empleados para tratar enfermedades cardíacas, ya sea disminuyendo su eficacia o aumentando su potencia, cosa que puede derivar en un sangrado o en mayor riesgo de arritmias cardíacas graves.
“Se puede ver el efecto de la interacción entre productos herbarios y fármacos en análisis de la coagulación sanguínea, enzimas hepáticas y, con ciertos medicamentos, en el electrocardiograma”, explica Jahangir.
Una de las principales preocupaciones es que los pacientes no avisan oportunamente que consumen productos herbarios y los proveedores de atención médica tal vez no siempre lo preguntan. Además, debido al trato como alimentos de los productos herbarios, no están sujetos al mismo escrutinio y regulaciones que los medicamentos normales.
“Cuando los pacientes no están satisfechos con la atención médica actual, muchos se vuelcan hacia los productos herbarios bajo la creencia de que pueden ayudarlos a controlar afecciones crónicas o mejorar su salud y evitar futuras enfermedades. En realidad, los pacientes están dispuestos a gastar de su propio bolsillo casi lo mismo o más en remedios herbarios que en la atención médica normal.
Dos encuestas a nivel nacional realizadas en 1990 y 1997 descubrieron que la cantidad de consultas a proveedores de atención complementaria y alternativa aumentó de 427 millones a 629 millones, mientras que la cantidad de consultas a médicos de atención primaria permaneció básicamente igual.
Algunos ejemplos de productos herbarios y sus efectos adversos sobre el control de enfermedades cardíacas son los siguientes:
La hierba de San Juan o hipericina, que se usa para tratar la depresión, ansiedad y trastornos del sueño, entre otros problemas, disminuye la eficacia de los medicamentos y contribuye así a la recurrencia de arritmias, hipertensión o aumento en los niveles de colesterol y riesgo de futuros problemas cardíacos.
La ginkgo biloba, que supuestamente mejora la circulación o agudiza la mente, aumenta el riesgo de sangrado en quienes toman warfarina o aspirina.
El ajo, que supuestamente favorece el sistema inmunológico y generalmente se usa por sus propiedades para bajar el colesterol y presión sanguínea, también puede aumentar el riesgo de sangrado entre quienes toman warfarina.
Si bien estos productos herbarios se han utilizado durante siglos, mucho antes de que existieran medicamentos cardiovasculares, y si bien pueden ofrecer ventajas, también es necesario estudiarlos científicamente para definir mejor su utilidad e identificar sus posibles daños al tomarlos conjuntamente con medicamentos de beneficio comprobado para pacientes con enfermedades cardiovasculares.

No me congelo, no me congelo, brrr…

Cuando el agua se congela, se expande. Eso lo ha comprobado en carne propia quien ha dejado una botella con líquido dentro del congelador: se revienta. Entonces, ¿cómo sobreviven algunas plantas y animales a temperaturas mínimas extremas?
Los insectos expuestos a temperaturas bajo cero se pueden adaptar y sobreviven en temperaturas de congelación. Disponen de algún mecanismo que les permite hacerlo.
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences describe una nueva clase de molécula anticongelante aislada de un escarabajo tolerante a las bajas temperaturas en Alaska, identificada por Ken Walters y colegas de la Universidad de Notre Dame.
La molécula anticongelante difiere de factores descritos antes en que no es una proteína, sino una combinación de sacáridos y ácidos grasos, que son otras clases de biomoléculas. ¿Qué significa esto? El tamaño es la diferencia. El tamaño exacto de esta molécula particular se desconoce, pero el hecho de que sea pequeña es benéfico. Su composición química podría facilitar la producción comercial dado que las pequeñas cadenas de azúcares pueden ser sintetizadas en laboratorio con mayor facilidad y a menor costo que una molécula biológicamente ensamblada.
Las moléculas anticongelantes se encuentran en varios organismos, incluyendo peces, insectos, plantas, hongos y bacterias. “Las proteínas anticongelantes más activas conocidas se han descrito en insectos que evitan la congelación, lo que les permite vivir a temperaturas de -60 grados”, indicó Walters, pero este es el primer aislamiento reportado de un insecto tolerante a la congelación (aquellos capaces de sobrevivir al congelamiento).
En la foto de Ken Walters se aprecia el escarabajo de Alaska que fue estudiado.

Algunas plantas nos enfrían

Enfriamiento. Existe una manera casi insospechada de disminuir la temperatura del planeta: escogiendo muy bien los productos que se van a cultivar. Sí, aunque parezca de película.
La selección cuidadosa de las grandes plantaciones podría refrescar el verano en cerca de 1 grado centígrado, según investigadores de la Universidad de Bristol en el Reino Unido. Esa cifra equivale a un enfriamiento global de más de 0,1 grado centígrado, casi el 20 por ciento del aumento de la temperatura mundial desde el advenimiento de la Revolución Industrial.
Esto se logra sembrando plantas cuyas hojas reflejen más luz solar de vuelta al espacio. En general, los cultivos reflejan más que la vegetación natural.
El estudio fue presentado hoy jueves en Current Biology por Andy Ridgwell y colegas de esa universidad.
La idea no es dejar de sembrar un producto, sino de seleccionar la variedad que más refleje la luz para que el efecto sea mayor.
La reducción de 1 grado se evaluó considerando solo las tierras cultivadas de Norteamérica y la latitud media de Eurasia.
Las plantas difieren en el albedo (cantidad de luz reflejada) por las diferentes propiedades de la superficie de sus hojas y por la forma como están dispuestas en la planta.
En la imagen se aprecia, a la izquierda, el aumento proyectado en la temperatura a finales de este siglo al doblarse la emisión de CO2, mientras que a la derecha se muestran los posibles efectos refrescantes al sembrar cultivos más reflectantes. La escala de colores es: blanco, 2 grados de calentamiento, y negro 8 grados.

Cuando fuimos hermafroditas

Hermafrodfitas. Eso éramos. Un estudio de la Universidad de Pittsburgh publicado en Heredity mostró finalmente evidencias de las primeras etapas de la evolución de los sexos, una teoría que sostiene que hembras y machos evolucionaron a partir de ancestros hermafroditas. ¿Cómo pudo ser?
Esas etapas no son entendidas del todo porque la mayoría de las especies animales se desarrollaron en dos sexos hace tanto tiempo que es difícil observar la transición. Pero…
Tia-Lynn Ashman, ecólogo evolucionista de plantas, logró documentar una temprana evolución en dos sexos separados en una especie de fresa salvaje aún en plena transición del hermafroditismo.
Los hallazgos aplican también para los animales, mediante la teoría unificada y es la primera evidencia que apoya la teoría del establecimiento de sexos separados a partir de una mutación en genes hermafroditas que derivó en cromosomas sexuales macho y hembra.
Con la habilidad de procrear y dejar de lado los defectos innatos de los hermafroditas, los sexos separados florecieron.
“Es un examen importante de la teoría de las etapas tempranas de la evolución de los cromosomas sexuales y parte del proceso de entender lo que somos hoy”, explicó la investigadora.
La evolución en las plantas se puede ver dado que esta es más reciente.

Especial fin de semana

Editorial: Hacia una nueva tierra

La semana pasada partió una sonda, que se situará a unos 320.000 kilómetros de la Tierra, para estudiar lo que sucede en las fronteras del Sistema Solar.
Esta semana salió una sonda con tecnología de la India, para situarse a 100 kilómetros sobre la Luna y recoger más información del satélite natural.
Hacia Plutón viaje la sonda Nevos Horizontes y la semana que viene la Nasa revelará la información que envió hace dos semanas la nave Messenger en su segundo sobrevuelo sobre mercurio.
Para muchas personas, incluso para la generalidad de las personas, acostumbradas a mantener los pies, quizás no tanto la cabeza, sobre la tierra, esa viajadera es un despilfarro de dinero, que podría usarse para otros fines.
La Tierra tiene unos 4.500 millones de años y depende del Sol. En unos 4.000 a 5.000 millones más, el Sol morirá y así nuestro planeta lo hará. Algunos cálculos indican que será destruido, engullido por un Sol inflado al acabársele su combustible. Otros indican que será inhabitable de todas maneras, así no desaparezca como roca espacial.
Quizás no haya tanto tiempo. Hay evidencias de que el Sol se está recalentando. En 1.100 millones de año, dicen los nuevos estimativos, será un 11 por ciento más brillante. Eso hará que la temperatura media del planeta sea de unos 50 grados centígrados. Se evaporarán los océanos y, tras ellos, la vida.
La carrera espacial tiene como finalidad buscar nuevos mundos, habitables, donde los humanos puedan esparcirse por el universo conocido hoy. Si hace tan solo 7 millones de años aparecieron los primeros simios que derivaron en el Homo sapiens tras la evolución y hace solo 200.000 años el hombre moderno hizo presencia como tal, no parecería descabellado pensar en que es posible y deseable intentar y proseguir la aventura espacial.
Hoy hay nuevas hipótesis: que mediante ciertas acciones, se podría alejar la Tierra, cuando el Sol se caliente, para situarla no a 150 millones de kilómetros que está hoy, sino a unos 225 millones, de modo que la temperatura siguiera siendo la ideal.
Sea lo que sea, el hombre se resiste a quedarse quieto. Mujer y hombre se aparean en un esfuerzo por perpetuarse en sus descendientes. Querer que la humanidad no desaparezca, ahora que se entiende el futuro que le espera (si es que antes el cambio climático no hace de las suyas), parecería estar en la esencia genética de los humanos.
Por eso hay que seguir buscando salidas.

Las plantas escogen pareja

Hace pocas semanas se reveló que cuando son atacadas, las hojas de las plantas emiten una señal, que es captada por la raíz, que secreta un producto con bacterias que acuden a defensa la hoja.
Pues bien: otra grata revelación: las plantas escogen con quién se aparean. Sí, tal como lo lee. Pese a que están fijas, pueden hacerlo.
Investigadores de la Universidad de Missouri identificaron unas proteínas en el polen que pueden influir en el proceso mediante el cual una planta acepta o rechaza los granos de polen para reproducirse.
Tal como en los humanos, el juego del apareamiento no es fácil para las plantas, que dependen de factores externos: que el viento o los animales les traigan las potenciales parejas en forma de polen.
Cuando llega un grano, se presenta, mediante una especie de conversación entre él (la parte masculina) y el pistilo (la parte femenina de la flor). En ese diálogo, las moléculas hacen las veces de las palabras y le permiten al polen identificarse ante el pistilo. A diferencia de los animales, en los que las señales visuales son claves en el apareamiento, en las plantas son las moleculares, explicó Bruce McClure, investigador de esa institución.
El pistilo debe entonces identificar al polen, entonces interactúan proteínas de los dos, lo que determina la aceptación o el rechazo.

Tan pequeño y comiendo matas…

¿Qué diría si se encontrara con un dinosaurio de frente? Qué susto y qué carrera. Pero si fuera un heterodontosaurio quizás no. Científicos de Londres. Cambridge y Chicago identificaron el más pequeño cráneo de dinosaurio jamás hallado: mide 4,5 centímetros. Perteneció a un joven que apenas pesaba en ese momento unos 200 gramos.
Los científicos describieron en el Journal of Vertebrate Paleontology el hallazgo, que tiene un ingrediente adicional: parece indicar cuándo y cómo los ornitischianos, la familia de los dinosaurios herbívoros que incluyen al heterodontosaurio, hicieron la transición de comer carne a comer plantas.
“Es probable que todos los dinosaurios evolucionasen de ancestros carnívoros”, explicó Laura Porro, coautora del estudio.
Los heterodontosaurios vivieron en el jurásico temprano, hace unos 190 millones de años. Los adultos alcanzaban unos 90 centímetros de longitud y pesaban cinco o seis libras.
Los dientes sugieren que los heterodontosaurios eran a veces omnívoros: los caninos eran usados para defenderse o agregar pequeños animales a su dieta, basada esencialmente en plantas.

Síganme todos

Un abejorro encuentra comida deliciosa y corre a avisarles a los demás. Baila frente a ellos, moviéndose sinuosamente. ¿Es esta señal suficiente advertencia del manjar hallado?
Para muchos animales, hallar comida por su cuenta puede ser costoso por ineficiente, pero los animales sociales reducen estos problemas informando a sus congéneres el lugar y reclutándolos para ir al sitio.
Los abejorros no pueden, mediante la danza, comunicar la distancia y la dirección de la fuente alimenticia. Mathieu Molet, Lars Chittka y Nigel Raine, expertos en el tema, de Queen Mary, University of London, expusieron colonias a una esencia anisada mezclada con la feromona expelida para reclutar abejorros y monitorearon los patrones de búsqueda.
Los insectos aprendieron que las flores con esencia de anís eran las de mejor alimento, lo que aprendieron cuando el olor de la flor fue llevado al nido por un abejorro o también cuando lo sintieron en el aire.