Así morirán Júpiter y… la Tierra

Júpiter. conocido por su alta radiación y espectaculares tormentas atmosféricas, es un planeta relativamente fresco en comparación con mundos de similar tamaño, según los astrónomos. Pero esto no será para siempre.

En algunos miles de millones de años, nuestro Sol, al entrar en su fase de gigante roja (como se ve en el dibujo) se expandirá unas 100 veces su tamaño actual, recortando su distancia al gran planeta de 765 a unos 500 millones de kilómetros, lo que hará que Júpiter brille como una parrilla de estufa.

Esto sugiere un nuevo estudio presentado en The Astrophysical Journal.

Una vez el Sol agote su combustible de hidrógeno, la expansión aumentará la temperatura de la superficie del planeta a más de 1.000 K, no como la plétora de Júpiteres calientes en otros sitios de la galaxia conocidos por orbitar sus estrellas en solo horas.

Bueno, ¿y qué nos pasará en la Tierra? Al expandirse el Sol 100 veces su tamaño presente y con la Tierra en su órbita actual, el Sol la absorberá.

Ese es un punto no olvidado en el estudio de David Spiegel, astrofísico del Institute for Advanced Study in Princeton, New Jersey.

“Mi apuesta es que la Tierra será tragada por el Sol, pero Júpiter no”.

Dibujo del Sol en su fase de gigante rojo, M Weiss-Nasa

Si ET prende la luz ¡lo pillamos!

Si ET no viene a la Tierra y se exhibe, ¿cómo descubrirlo? Sencillo: tiene que prender y apagar las luces de su casa.

Un par de astrofísicos acaba de exponer lo que parece un camino no pensado y sorprendente para hallar civilizaciones extraterrestres: por las luces de las ciudades en las que habitan.

Su hipótesis quedó plasmada en un artículo que presentaron al journal Astrobiology.

Avi Loeb, del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics y Edwin Turner de Princeton University consideran, de acuerdo con sus cálculos que esa observación es posible. Bueno, por métodos indirectos.

“La búsqueda de ciudades extraterrestres sería una gran apuesta, pero no requiere recursos extras. Y si tenemos éxito, cambiaría la percepción de nuestro lugar en el universo”, dijo Loeb.

Como otros métodos Seti (Search for Extra Terrestrial Intelligence) los dos científicos asumen que los alienígenas usan tecnologías tipo Tierra, algo que no resulta alocado porque cualquier vida inteligente que evolucione bajo la luz de su estrella más cercana es probable que tenga iluminación artificial que enciende durante las horas de oscuridad.

¿Pero sí es fácil observar tales luces? Con absoluta seguridad, tales luces tienen que distinguirse ante el brillo de la estrella paterna. Por eso Loeb y Turner sugieren mirar los cambios en la luz del exoplaneta mientras gira alrededor de su estrella.

A medida que el planeta orbita, pasa a través de fases similares a las de la Luna. Cuando está en la fase oscura, desde la Tierra podría detectarse más luz artificial del lado oscuro que la reflejada por la fase donde es de día. Así, el flujo total de un planeta con luces citadinas variaría de una forma que podría ser medible distinto a un planeta que no tenga luces artificiales.

Para detectar esa débil señal se requiere una nueva generación de telescopios. La técnica podría ser examinada usando objetos en el borde de nuestro Sistema Solar.

Los investigadores calculan que los mejores telescopios de hoy deberían ser capaces de ver la luz generada por una metrópolis del tamaño de Tokio situada a la distancia del cinturón de Kuiper, esa región habitada por Plutón, Eris y miles de pequeños cuerpos helados. Si hubiera ciduades allí deberían detectarse ahora. Al mirar, los astrónomos pueden afinar la técnica para el momento en el que se anuncie el descubrimiento de los primeros planetas habitables tipo Tierra, mundos en distantes estrellas en nuestra galaxia.

Es poco probable que haya ciudades en el borde de nuestro Sistema Solar, pero la ciencia dice que se debe chequear.

Al menos servirá para afinar la puntería.

No apaguen las luces por favor.

Imafen cortesía David Aguilar-CfA

Hallan criatura de hace 650 millones de años

Más viejos de lo que parecemos. El primer animal con cuerpo vivió 70 millones antes de lo que se tenía hasta ahora. Su mundo era aquel de hace al menos 650 millones de años.
Científicos de Princeton descubrieron el más antiguo fósil de un animal con cuerpo debajo de un glacial de hace 635 millones de años al sur de Australia.
Los más antiguos que se conocían, unos habitantes de corales, datan de hace 550 millones de años, el Namacalathus, descubierto en 2000 por John Grotzinger del Instituto de Tecnología de Massachussets, y el Clodina, hallado en 1972 en Sudáfrica. Pero hay otros restos que son objeto de controversia, que datan de hace 542 a 577 millones de años.
Ahora, Adam Maloof y Catherine Rose hallaron el Nuevo ejemplar mientras trabajaban en una capa de hielo que marcaba el fin del periodo Criogeniano hace 635 millones de años. El descubrimiento fue presentado el martes en Nature Geosciences.
El hallazgo sugiere que los animales existían mucho antes y que habrían sobrevivido la bola de nieve de la Tierra (snowball Earth), la glaciación marinoana que cubrió casi todo el globo terráqueo con hielo.
El fósil semeja las esponjas, cuyos fósiles más representativos datan de hace 520 millones de años, aunque existen evidencias de que aparecieron mucho antes.
Los científicos creían, al comienzo de los análisis, que se trataba de otro Namacalathus, una criatura con forma de bola.