En crustráceos hallan contaminantes prohibidos hace 4 décadas

Anfípodo Gammarus roeselii. Foto Wikipedia

Anfípodo Gammarus roeselii. Foto Wikipedia

Un daño persistente: científicos descubrieron en el cuerpo de organismos marinos de profundidad la presencia de químicos que fueron prohibidos en los años 70.

El estudio, publicado en Nature Ecology & Evolutionse basó en muestras de unos crustáceos, anfípodos, recolectados en las fosas de las Marianas y Kermadec, de unos 10 000 metros de profundidad, separadas por unos 7000 kilómetros.

Encontraron altos niveles de contaminantes orgánicos persistentes en el tejido graso de esos organismos. Incluyen bifenilos policlorinados y polibromodifenil éteres, usados antes en aislantes eléctricos y retardantes de llamas hasta que fueron prohibidos.

En una declaración, el autor principal de la Universidad Newcastle, Alan Jamieson opinó:

“Aún pensamos que el océano profundo es un lugar remoto y prístino, seguro ante el impacto humano, pero nuestra investigación revela que, tristemente, no es verdad. De hecho, los anfípodos que estudiamos tienen niveles de contaminación similares a los de Suruga Bay, una de las zonas industriales más contaminadas en el Pacífico noroeste. Lo que no sabemos es qué implica esto para el ecosistema y saberlo será el próximo reto”.

De esos químicos, que se produjeron entre 1930 y los 70, la producción global fue de unos 1 300 000 toneladas. Liberados al ambiente por accidentes y descargas industriales y por filtración en los rellenos de basuras, son invulnerables a la degradación natural y persisten en el ambiente por décadas.

Pero, ¿cómo llegaron a tales profundidades? Probablemente en plásticos contaminados y animales muertos que se sumergieron hasta el fondo, convirtiéndose en alimento de otras criaturas. Eso sugieren los autores.

Estos polutantes se acumulan a través de la cadena alimenticia, así que para cuando lleguen al fondo las concentraciones son mayores que en las aguas superficiales.

Para Jamieson “el hecho de que encontráramos tan extraordinarios niveles de estos contaminantes en los más remotos e inaccesibles hábitats de la Tierra, muestra el impacto de largo plazo, devastador que el ser humano está teniendo en el planeta. No es una gran herencia la que estamos dejando”.

Encuentran dónde el ojo ve lo que ve

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Parece obvio, pero no. También parece asumido, pero tampoco. ¿Se ha puesto a pensar porqué si tenemos dos ojos solo vemos una imagen?

Es extraño: si nos tapamos un ojo perdemos perspectiva y es difícil hasta asir un objeto en movimiento.

Por primera vez científicos encontraron el punto del cerebro donde se unen las dos imágenes enviadas por los ojos. Esa combinación es la que nos permite ver el mundo como es.

El hallazgo podría tener algún día implicaciones para quienes sufren de ambliopía u ojo perezoso: ¿llegan las imágenes a sitio distinto?

“Si usted va a agarrar algo quiere apuntar no donde parece que están las coas sino donde están”, expresa Bas Roker, de la Universidad de Wisconsin. “Dos ojos nos dan dos imágenes que por sí solas no nos dicen dónde están las cosas con respecto a su mano. Es la información integrada la que lo dice”.

En el estudio en Current Biology los investigadores revelaron el punto del cerebro en el que se da la transformación del mundo visto a lo Cíclope.

Rokers explicó que un grupo de neuronas en la corteza visual llamado la corteza estriada o V1, maneja los dos conjuntos de imágenes de nuestros ojos -una imagen del izquierdo y otra del derecho. Al moverse un paso más esa línea está un área llamada V2, parte de la corteza extra estriada las neuronas han cambiado a una sola imagen.

Con imágenes de resonancia en pacientes lograron determinar el sitio. “Lo que vimos es que en V1 unas neuronas ven la imagen izquierda y otras la derecha. Pero en V2 la actividad iguala la locación centrada percibida. V2 trabaja con la imagen ciclópea combinada”.

La idea es buscar ahora en un área llamada V3 para ver cómo el cerebro trae a foco la profundidad y la forma de un objeto.

Se espera comprender mejor la ambliopía u ojo perezoso, en la cual el cerebro aprende a favorecer las imágenes del ojo fuerte sobre las del débil o desalineado.