La mujer prefirió ser fiel

La culpa es de la mujer. Para ser más exactos: el logro.

Sí, cuando las mujeres fieles comenzaron a elegir buenos proveedores de bienes como parejas, las uniones estables remplazaron la promiscuidad, colocando las bases para la aparición de la familia moderna, sugiere un nuevo estudio.

La investigación ayuda en la respuesta de viejas preguntas de la biología evolutiva acerca de la familia moderna, caracterizada por una unión social intensa con parejas exclusivas, que surgió tras esos primeros tiempos de promiscuidad.

Aparte del establecimiento de una relación duradera, la transición hacia la unión permanente se caracterizó por una disminución en la competencia macho-macho en favor de proveerles bienes a las hembras e involucrarse en el cuidado de los hijos.

Este estudio demuestra matemáticamente que las teorías más comunes para la transición hacia la unión estable no son factibles biológicamente. Sin embargo, avanza a un nuevo modelo mostrando que la transición se da cuando se incluyen factores como la fidelidad femenina y la escogencia por parte de esta.

El resultado es un énfasis mayor en aprovisionar a las hembras en vez de la lucha entre machos por el apareamiento.

El efecto es más pronunciado en los machos de rango bajo que tienen menor chance de ganar en una competencia por pareja con un macho de rango alto. Por lo tanto, el de bajo rango puede intentar obtener la pareja proveyendo a la hembra, lo que es reforzado por ellas que entonces muestran preferencia por el de rango bajo que las aprovisiona, según el autor del estudio, Sergey Gavrilets, director de actividades científicas en el National Institute for Mathematical and Biological Synthesis y profesor en University of Tennessee-Knoxville.

“Una vez las hembras comienzan a mostrar preferencia por ser aprovisionadas, la inversión en suministrarles bienes por parte de los machos de rango bajo es mejor que la competencia macho-macho.

Para Gavrilets, los resultados del estudio describen una revolución sexual iniciada por los machos de rango bajo que comenzaron a proveer a las hembras con bienes para tener acceso a pareja y el apareamiento. “Una vez estuvo en marcha el proceso, derivó en un tipo de autodomesticación que terminó en un grupo de machos aprovisionadores y hembras fieles.

Así, el estudio revela que la elección de las mujeres tuvo un papel crucial en la evolución humana.

El trabajo fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Cambio climático hace pájaros más promiscuos

Una nueva investigación reveló que los pájaros que viven en climas más impredecibles son más dados a engañar a sus parejas.

“Aparearse con múltiples individuos incrementa las chances de que al menos un hijo posea los genes que le permitan enfrentar las variables condiciones por venir”, dijo Carlos Botero, ecólogo evolutivo y cabeza del estudio publicado en Plos One.

Los pájaros se unen por lo general a una pareja durante la temporada de apareamiento y algunas veces anidan con ella año tras año. Antes de los 90, el fenómeno llevó a los científicos a creer que más del 90% de todas las especies son monógamas, pero ahora con técnicas genéticas se sabe que la mayoría tiene más parejas.

A pesar de la historia de infidelidad de las aves, las fluctuaciones de temperaturas extremas parecen estar intensificando ese efecto. Si el clima global continúa tornándose más errático, las áreas afectadas podrían tener una mayor tasa de promiscuidad entre los pájaros, según Botero.

En el estudio, Botero y Dustin Rubenstein, recogieron datos de más de 200 especies de aves, de gansos a patos, gorriones y halcones.

Luego compararon los hábitos de apareamiento con registros de temperatura y precipitación cerca de las áreas de anidamiento. En las regiones con climas menos estables, las hembras estaban poniendo más huevos que no tenían el ADN de sus parejas, y las aves intercambiaban parejas con mayor frecuencia entre las épocas de apareamiento. Según la ubicación y el tipo de ave, las fluctuaciones del tiempo pueden provocar situaciones estresantes que conduzcan indirectamente a la promiscuidad, según Botero. Si hace un frío extremo, por ejemplo, no hay suficientes plantas ni insectos para comer y los polluelos pueden congelarse al no tener plumas para protegerse.

No se trata solo de tener los mejores genes para sobrevivir a condiciones difíciles, sino también cuánto puede ayudar el macho. Si una temporada lleva peces al nido puede que en la siguiente no sea capaz de encontrar alimento, haciendo que su pareja se aparee con un macho mejor.

Las aves hembra eligen pareja por lo general según la atracción que perciban. Algunas aves seducen cantando, mientras otras especies muestran sus destrezas para la caza o su colorido plumaje. Pero cuando los patrones del clima cambian, muchas aves pierden rápidamente su encanto.

Foto Wikipedia Commons

Las hembras promiscuas son ganadoras

Condenada socialmente por razones diferentes y obvias varias de ellas, la promiscuidad, en especial la femenina, no es tan mala después de todo, de acuerdo con un estudio publicado en Science.

Sí: las hembras en poblaciones nativas son más promiscuas para rechazar el esperma de machos incompatibles genéticamente, dijeron investigadores de la Universidad de East Anglia.

El hallazgo ayuda a resolver un acertijo evolutivo: ¿por qué las hembras de la mayoría de especies se aparean con más de un macho, aunque uno solo podría brindarles fertilidad total y la promiscuidad puede conllevar riesgos fatales para la hembra?

Con el escarabajo de la flor roja como modelo, los científicos investigaron los beneficios reproductivos de la promiscuidad femenina o poliandria. Esta práctica, en la que los huevos u óvulos son fertilizados por múltiples padres es la norma en la mayoría de las especies, de los chimpancés a las gallinas, el salmón y el erizo de mar. Pese a que los biólogos han documentado costos importantes para las hembras por ese patrón de apareamiento, incluso la muerte, el nuevo hallazgo muestra que puede haber beneficios también.

El equipo de investigadores halló que el éxito reproductivo de las hembras en poblaciones no familiares era idéntico, así se apareara con uno o con cinco machos. En las poblaciones con familiares, las hembras que se apareaban con un solo macho mostraban un 50% de reducción en el número de descendientes vivos que podían producir. Sin embargo, las hembras que se apareaban con cinco machos de la población familiar alcanzaban un éxito como el obtenido con poblaciones diferentes. El efecto se debía entonces a la incompatibilidad genética entre machos y hembras, que prevalece en una población cercana.

Los resultados mostraron que las hembras poseen mecanismos que les permiten filtrar el esperma más compatible genéticamente para producir una descendencia más viable.

Por algo son promiscuas.

El gen de la infidelidad

Hasta en las sociedades humanas se presenta: el macho tiene menos objeciones cuando de promiscuidad se trata, aunque hay hembras que revolotean por acá y por allá.

Bueno, en el caso de las aves parece ser similar por razones que no se sospechaban: Sí científicos habrían hallado un gen de la infidelidad.

Algunos pájaros cantan para mostrar felicidad, pero cuando un macho del diamante mandarín (zebra finch, Taeniopygia guttata) le canta a una hembra que no ha visto antes está buscando una aventura. Si ella responde, es que también lo desea.

En distintas especies de aves se presenta una relación de monogamia, aunque cierta parte de la descendencia se debe a relaciones por fuera de la pareja.

Cuando un macho se aparea con una hembra que no es la usual, está pasando sus genes más allá, pero las hembras adúlteras no a sabiendas de que el padre no le ayudará a criar los hijos.

Entonces, ¿por qué lo hacen? Un nuevo análisis del cortejo de miles de encuentros entre estos pájaros paserinos comunes en Australia e introducidos a otros países, así como el estudio genético de la paternidad reveló que las hembras que son hijas de machos más promiscuos son más dadas a aparearse con varias parejas.

¿La razón? Investigadores reportaron en Proceedings of the National Academy of Sciences que los machos portarían un gen de la promiscuidad que transmiten a sus descendientes, tanto machos como hembras.

Los científicos encabezados por Wolfgang Forstmeier y colegas del Max Planck Institute for Ornithology, demostraron que en esos pájaros monógamos las diferencias individuales en el apareamiento por fuera de la pareja tienen un componente hereditario que extrañamente es compartido entre los sexos, así que una selección positiva en machos para procrear fuera del nido conducirá a un mayor apareamiento extra pareja por las hembras, como respuesta evolutiva correlacionada.

Esa conducta se da solo por los genes respectivos, independiente de que ella no obtenga beneficio alguno con ese apareamiento adicional.