Pulgas gigantes comieron dinosaurio

Habría que correrles si existiesen hoy. Pero no pudieron huirles los enormes dinosaurios.

Científicos descubrieron pulgas gigantes que no solo coexistieron con los dinosaurios sino que hicieron un festín con ellos, picándolos de manera molesta: casi como sentimos una inyección, de acuerdo con George Poinar, profesor emérito de Zoología en Oregon State University, quien escribió una nota a la par del reporte sobre el hallazgo presentado en el journal Current Biology.

Se trata de pulgas 10 veces más grandes que las modernas pulgas. No podían saltar como las actuales.

Otros estudios habían demostrado que los dinosaurios fueron de los primeros animales en sufrir los ataques de los piojos.

Los dos fósiles de las nuevas especies de pulgas gigantes, Pseudopulex jurassicus y Pseudopulex magnus, fueron descubiertos en Mongolia interior. Son dos insectos muy bien preservados durante millones de años.

“Tienen un excelente estado de preservación de sus estructuras corporales, como si la naturaleza hubiese tomado una foto en alta resolución de esas criaturas de hace 165 millones de años”, dijo Chungkun Shih, profesor visitante que trabajó con el coautor Dong Ren en Capital Normal University en Beijing.

Estos insectos tendrían cuerpos aplanados como las garrapatas y garras lo suficientemente largas como para llegar hasta las escamas de los dinosaurios de modo que podían agarrarse bien mientras chupaban su sangre.

Las pulgas modernas están más comprimidas lateralmente y poseen antenas más cortas, lo que les permite moverse con gran rapidez por el cuerpo de sus hospederos.

La más pequeña de las dos especies, P. jurassicus, habría medido unos 17 milímetros –sin incluir antenas- con sus partes bucales extendiéndose 3,4 milímetros o más del doble el largo de sus cabezas. Esta vivió hace cerca de 165 millones de años.

El monstruo era P. magnus, que vivió hace unos 125 millones de años. Su cuerpo medía 22,8 milímetros y sus partes bucales medían 5,2 milímetros.

Su tamaño y la forma de sus partes bucales tipo sierra, sugiere que debieron vivir en grandes animales, como los dinosaurios con plumas, los pterosaurios o mamíferos de tamaño medio.

En el dibujo, cómo habría lucido P. jurassicus, cortesía C. N. University, Beijing

El pez que se tragó un pterosaurio que se tragó un pez

No es un trabalenguas ni un estribillo infantil. No es una historia que sucedió hace 150 millones de años, cuando los dinosaurios y otros animales gigantes poblaban la Tierra y sus mares.

Una historia que enseña que para comer, hay que ser muy cuidadosos. Y aunque entonces no había humanos para dar cuenta del hecho, fósiles hallados en lo que hoy es Bavaria, al sur de Alemania, contaron la historia.

El caso es este: Las asociaciones de fósiles de grandes vertebrados son muy raras en el estrato Solnhofen del Jurásico tardío en esa región. Pese a ello se encontraron cinco especimenes de l pterosaurio de tamaño medio Rhamphorhynchus que yacen junto al rostro de un gran individuo de un pez ganoideos Aspidorhynchus. En uno de aquellos pterosaurios se encontró en el esófago un pequeño pez, fuera de que su estómago está repleto de restos de peces.

Esto sugiere que el Rhamphorhynchus fue cazado durante o inmediatamente después de la caza exitosa del pececillo.

Según el registro fósil, Rhamphorhynchus era cazado frecuentemente de manera accidental por el gran pez Aspidorhynchus. En algunos casos, el tejido fibroso de la membrana del ala del pterosaurio se encuentra atrapado en los dientes de modo que el pez no era capaz de comerse al pterosaurio, por lo que esta clase de encuentros resultaba fatal para los dos. Los restos en el intestino del Aspidorhynchus se identificaron bien y en su mayoría eran peces, pero también hay rastros de un Homoeosaurus.

Parece que el pterosaurio se acercó mucho al agua para agarrar su presa y pasaba por ahí un Aspidorhynchus que le mandó el guascazo.

El estudio fue de Eberhardt Frey y colegas y se publicó en Plos One.

En la foto de Plos One la historia en imágenes de los fósiles. A: escena de cacería de los fósiles. B y C: sección mostrando cómo quedaron los animales ensartados y muertos.

Un monstruo con alas de 7 metros

Un enorme pterosaurio, con una envergadura alar de 7 metros fue descubierto en el Museo de Historia Natural de Londres cuando fue reestudiada una pequeña pieza.

Científicos de las universidades de Portsmouth y Leicester identificaron el pequeño fragmento fósil como parte de un enorme pterosaurio, que es una nueva marca en animales alados y dentados.

David Martill de la Universidad de Portsmouth y David Unwin de la de Leicester examinaron el fósil, la punta de la mandíbula que estaba en las colecciones del Museo desde 1884.

La identificación del más grande pterosaurio fue publicada en Cretaceous Research.

Unwin expresó que lo que la investigación arroja es que algunos pterosaurios dentados alcanzaban tamaños espectaculares, colocando por ahora el límite en 7 metros.

Pero ¿cómo deducir el tamaño a partir de un pequeño hueso mandibular? “Lo que tenemos es la punta de los huesos de la mandíbula superior, el premaxilar, y un diente quebrado. “Aunque la corona del diente está partida su diámetro es de 13 milímetros. Es muy grande para un pterosaurio. Una vez usted realiza los cálculos, entiende que lo que tiene entre manos es un descubrimiento sorprendente”, dijo Martill.

Los pterosaurios eran reptiles voladores, recordados por la película Jurassic Park, que vivieron en la era Mesozoica junto a los dinosaurios, entre hace 210 y 65 millones de años.

Hay cinco o seis grandes grupos de pterosaurios dentados, pero en este estudio los científicos se centraron sólo en uno, ornitocheiridos.

A diferencia de otros grupos, todos los cuales eran de tamaño relativamente modesto, de 2 a 3 metros de envergadura alar, son conocidos por haber alcanzado tamaños muy grandes, incluso gigantescos con envergaduras de 6 o más metros.

Estaban especializados en comer peces y poseían un poderoso set de dientes en las puntas de las mandíbulas para agarrar su presa mientras volaban rasantes y despacio sobre el agua.

Dibujo de un pterosaurio Coloborhynchus, cortesía Mark Witton, U. Portsmouth

El pasado me delata

Hace 95 millones de años merodeaba por lo que es hoy Texas, una extraña criatura (para nosotros). Era el Aetodactylus halli, un nuevo género y especie de lagarto volador. Sí, tal como se lee.
Así se desprende de una mandíbula descubierta, a la que le falta la mayoría de sus 54 dientes.
Se trata de un pterosaurio, un grupo de reptiles coladores comúnmente conocidos como pterodáctilos. Es, a su vez, uno de los miembros más jóvenes en el mundo de la familia de pterosaurios Ornithocheiridae, de acuerdo con el paleontólogo Timothy Myers, quien lo identificó y bautizó.
Este animal debió volado por lo que hoy es Dallas-Fort Worth durante el Cretáceo, cuando esa región debía estar en su mayor parte bajo el agua, cubierta por un extenso mar.
Los pterosaurios dentados de aquella familia fueron raros en Norteamérica, pero comunes en la fauna del Cretáceo en otras regiones del planeta.
El hallado en Texas es más joven que la mayoría de los otros Ornithocheiridae de Brasil, China e Inglaterra y cinco millones más joven que el otro de esa familia conocido en Norteamérica.
El ejemplar fue descrito por Myers en el último número del Journal of Vertebrate Paleontology.
Los pterosaurios dominaron los cielos del Triásico tardío hace más de 200 millones de años, hasta el final de Cretáceo hace cerca de 65 millones de años, cuando se extinguieron. Fueron los primeros vertebrados capaces de volar.
Dibujo de cómo debió lucir el ejemplar hallado, elaborado y cedido por Karen Carr.