La grasa que hace daño

Foto Wales

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Con remplazar 1% de la energía diaria tomada de los ácidos grasos saturados por el equivalente en grasas poli y monoinsaturadas, carbohidratos integrales o proteínas vegetales se reduce de 6 a 8%el riesgo de enfermedad coronaria.

Eso sugiere un extenso estudio de 73 147 mujeres y 42 635 hombres publicado en The BMJ.

El consumo alto de grasas saturadas, como las que se encuentran en el queso, la leche entera, mantequilla, carne y chocolate se asocia con un riesgo mucho mayor de desarrollar esa condición.

A los participantes se les hizo seguimiento tomando la dieta junto a la incidencia de enfermedad coronaria.

Se encontró que los ácidos grasos saturados más consumidos eran laurico, miristico, palmitico y estearico, que respondían por 9 a 10% de la energía total de los participantes. Cada una de esas grasas saturadas resultó asociada con un mayor riesgo.

El riesgo se reduce cuando se remplazan esos ácidos con nutrientes más saludables, siendo más la reducción con grasa poliinsaturada y proteína vegetal, seguidas de la grasa monoinsaturada y los granos integrales.

El estudio fue observacional, por lo que no se pueden obtener conclusiones firmes causa-efecto, pero va en la línea de otros estudios de distintos autores.

En un comentario acompañando el artículo, expertos canadienses Russell de Souza y Sonia Anand se centraron en una dieta general sana en vez de nutrientes específicos dado que “los patrones dietarios pueden ser más consistentes con cómo la gente consume nutrientes y esos patrones pueden predecir el riesgo de enfermedad del corazón”.

Así, un foco en los ácidos grasos saturados podría llevar a una dieta que cumple un objetivo pero no satisface otros.

Carne, pollo y queso: ¿pasaporte al cementerio?

Comer pollo podría ser tan peligroso como fumar un cigarrillo. Comer pollo y comer queso también. Ingerir, al fin de cuentas, proteína animal podría ser un camino rápido a la tumba.

Una dieta rica en proteína animal durante la edad media de la vida aumenta 4 veces el riesgo de padecer cáncer en comparación con quien lleve una dieta baja.

Eso dice un estudio aparecido en Cell Metabolism. “Hay un error en pensar que como comemos de todo entender la nutrición es simple. Pero el asunto no es que una dieta le permita a usted estar bien en 3 días, sino si le puede ayudar a llegar a la vejez”, según Valter Longo, director del Instituto de Longevidad a USC.

No solo el consumo excesivo de proteínas está vinculado a un aumento dramático en la mortalidad por cáncer, sino que las personas de edad media que ingieran cantidades de proteína de fuente animal, incluida carne, leche y queso, también son susceptibles de tener una muerte prematura en general.

Los amantes de la proteína tienen una probabilidad 74% mayor de morir de cualquier causa que los que no lo son.

El estudio contraría además dietas como la Atkins y Paleo que se basan en una alta ingestión de proteínas.

¿Cuánta proteína ingerir entonces? No es fácil de determinar. El estudio sugiere que lo que es bueno en una época d ella vida, en otra puede no serlo. La proteína controla la hormona del crecimiento IGF-1 que ayuda al cuerpo a crecer pero que ha sido relacionada con la susceptibilidad al cáncer. Los niveles de la hormona se reducen mucho luego de los 65 años, llevando a fragilidad ósea y pérdida muscular. Así, mientras esa hormona es mala en la edad media, para los mayores de 65 tiene efecto protector: quienes a esa edad tengan una dieta moderada o alta en proteínas son menos susceptibles a enfermedad.

El estudio mostró que una dieta baja en proteína en la edad media ayuda a prevenir el cáncer y la mortalidad en general, expresó la coautora Eileen Crimmins, de aquel instituto.

También se encontró que las proteínas de origen vegetal no parecen tener los mismos efectos en la mortalidad que las de origen animal. Y las tasas de cáncer y muertes no parecían afectarse por el control del consumo de carbohidratos o grasas. Sugiriendo que son las proteínas animales las culpables.

Los cubiertos cambian el sabor de los alimentos

No es por incomodidad o no. Es por puro sabor. Los cubiertos con los que usted coma, cambian el sabor del alimento. Sean de plástico o de metal le dan su toque, tal cual hace un chef.

Si quiere que la comida sea más sana, no solo reduzca la sal. Trate de servirla con un cuchillo.

Los cubiertos pueden hacer que la comida agradable y sana sepa un poco más salada y menos saludable. Eso dice un nuevo estudio.

Así, los quesos saben más salados cuando se comen con un cuchillo y el yogur más denso cuando se come con una cuchara de plástico. El estudio fue publicado en el journal Flavour.

“Esto lo hemos ignorado, la cubiertería tiene un impacto en los alimentos que ingerimos”, dijo Charles Spence, coautor del estudio, sicólogo de la Universidad de Oxford en el Reino Unido.

Quizás este hallazgo conduzca a la elaboración de utensilios que ayuden a comer más sano, por ejemplo dándole a la persona la misma sensasión salada que obtienen de las comidas procesadas pero con menos sal.

“La idea sería usar estas pistas para reducir el contenido real de ingredientes menos saludables dando la impresion sicológica de sal o dulce sin las consecuencias negativas”, dijo a LiveScience.

Distintos estudios sugieren que el disfrute de la comida se relaciona con varios factores más allá del sabor real del plato.

Un estudio de 2011 halló que los platos blancos hacen que la comida sepa más gustosa mientras otro encontró que el chocolate caliente sabe mejor en pocillos de color naranja. Y otra investigación ha mostrado que todo, desde el precio de una botella de vino al tamaño de una taza, afecta la experiencia de comer.

En el estudio, Spence y su colega Vanessa Harrar condujeron tres experimentos donde participantes calificaban yogures, el color de los utensilios con los que los comían (la cuchara azul hacía más salado el yogur rosado, los otros colores no tenían efecto), y el sabor salado de un queso comido con tenedor, cuchara, palillo o un cuchillo (servido con este era más salado según los participantes).

¿Por qué? No se sabe. Pero a chefs e investigadores de alimentos les serviría esta información.

Escoja utensilio. Y color.