Hallan galaxia vecina que no se había dejado pillar

A veces resulta más fácil conocer personas lejanas que los propios vecinos. Y con el telescopio espacial Hubble se han hallado galaxias formadas apenas 400 millones de años tras el Big Bang.

El asunto es que a tan solo 5 o 6 millones de años luz fue encontrada una vecina, la galaxia Leo P, según publicación en The Astronomical Journal. Lo extraño es que parece que no ha interactuado con otras galaxias, como sí lo hacen muchas otras.

Se trata de un entre la casi docena de galaxias que no andan en enjambre alrededor de la Vía Láctea ni de su masiva hermana Andrómeda, que han sido muy observadas para conocer sus galaxias acompañantes.

Pero galaxias que andan solas como Leo P son difíciles de hallar porque son débiles y distantes. Esta parece haber llevado una vida serena, sin los disturbios que provocan los jalones de otra galaxia. “Es producto de un ambiente sedado, lejos de grandes galaxias”, en palabras de Ricardo Giovanelli de Cornell University, uno de los astrónomos que participó en el descubrimiento.

Primero se encontró una nube de hidrógeno con el radiotelescopio de Arecibo y luego se confirmó con telescopios ópticos en el Kitt Peak National Observatory en Arizona, que identificó estrellas individuales en la galaxia.

Mientras nuestra galaxia posee miles de millones de galaxias, Leo P posee unos cientos de miles, aunque se detectó que está activa produciendo más: se hallaron brillantes estrellas azules y una región de gas ionizado que indica la presencia de una estrella joven luminosa

La galaxia se encuentra hacia Leo y la P indica prístina, pues ha sido poco tocada por otras galaxias. En su hallazgo, se indicó, se contó con suerte de que tuviera estrellas azules brillantes, pues si no hubiera pasado desapercibida.

En la foto, la galaxia.

Confirman existencia de agua en Mercurio

Aunque podría creer uno que anda achicharrado y sudando la gota amarga, solo en parte es verdad. Mercurio, el planeta más pequeño del Sistema Solar y el más cercano al Sol, tiene agua en la región que permanece en la oscuridad.

El hallazgo proviene de información transmitida por la nave Messenger, que orbita ese planeta desde marzo de 2011.

Así, los científicos están viendo con claridad por primera vez en detalles sin precedentes cómo los planetas del Sistema Solar interior adquirieron agua.

Mercurio se encuentra a solo 57 millones de kilómetros del Sol en promedio, frente a 150 millones de la Tierra.

Messenger detectó abundante agua en forma de hielo y otros minerales volátiles congelados en los cráteres polares en sombra perenne.

“Los datos indican que el agua está diseminada por un área del tamaño de Washington DC y tiene un grosor de más de 3 kilómetros”, dijo David Lawrence, científico de la misión en el Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory y autor principal de tres papers que describen los hallazgos en la edición de Science Express ayer.

Los instrumentos de la nave completaron la primera medida del exceso de hidrógeno en el polo norte de Mercurio e hicieron las primeras mediciones de la reflectividad de los depósitos polares en longitudes de onda cercanas al infrarrojo, permitiendo los primeros modelos detallados de las temperaturas de la superficie y cerca de esta en esas regiones.

Pese a su cercanía a la estrella, la inclinación del eje de rotación de Mercurio de menos de 1 grado permite la existencia de pedazos de los polos que nunca ven la luz solar.

Hace varias décadas se había sugerido la existencia de hielo y otros volátiles atrapados en los polos, una idea que recibió apoyo en 1991 luego de que el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico detectó brillantes parches en los polos, algunos correspondientes a las localidades de cráteres por grandes impactos vistos por la sonda Mariner 10 en los años 70. Pero como esta nave detalló menos del 50 por ciento del planeta, se carecía de un diagrama completo de los polos para comparar con las imágenes de radar de Arecibo.

Las imágenes de Messenger tomadas en 2011 y a comienzos de 2012 confirmaron los rasgos brillantes en los polos dentro de las regiones de sombra permanente. Un hallazgo consistente con la hipótesis del agua en forma de hielo.

La temperatura en el planeta varía de 350°C en pleno día a -170°C en la noche.

En la foto, las zonas brillantes en el polo norte, que coinciden con las de Arecibo. Cortesía Nasa.

La red que mira al infinito

Agua en los confines del Universo. Mediante el gran dispositivo de telescopios, un conjunto de 27 antenas en Socorro, Nuevo México, se detectó la presencia de agua en una galaxia a más de 11.400 millones de años, el sitio más distante donde se ha encontrado el líquido: hasta ese momento sólo se había detectado a 7.000 millones de años luz.

Se trata de la galaxia MG J0414+0534. Allí, en una región cercana al núcleo, existen moléculas de agua que actúan como masers, el radio equivalente de los láser, para amplificar las ondas de radio en una determinada frecuencia.

Las moléculas mostraron su huella de esta manera.

Cada una de las antenas mide 25 metros de diámetro y pesa unas 230 toneladas. Colocadas en forma de Y, pueden ser movidas en cuatro configuraciones, en las que varían las distancias entre cada una.

Esta red es un interferómetro, lo que significa que los datos de cada una pueden ser combinados electrónicamente de modo que todas funcionen en realidad como una sola y gran antena.

En la detección del agua se contó con la ayuda de otra galaxia, a unos 8.000 millones de años luz, situada en la dirección de MG J0414+0534, que sirvió como una lente para ampliar la luz que llegaba de esta, situada a 11.400 millones de años luz.

Los maser de agua se han encontrado en diferentes galaxias. Se cree que surgen en discos de moléculas que orbitan en las cercanías de un agujero negro súper masivo.

En la imagen cortesía de la National Science Foundation, se aprecia la gran red de radiotelescopios.