¿Por qué las mujeres desarrollan menos cánceres?

Foto Pixabay

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La pregunta es contundente: ¿por qué el cáncer es más común en hombres que en mujeres?

No es exageración, en casi todos los tipos, son más afectados los hombres, en unos con porcentajes ampliamente mayores.

Es lo que buscaron responder científicos del Dana Farber Cancer Institute, el Broad Institute, el MIT y el Massachusetts General Hospital.

Y en un artículo en Nature Genetics revelaron que las hembras humanas tienen en sus células una copia extra de ciertos genes protectores, una línea más de defensa contra el crecimiento descontrolado de las células.

Aunque no son las únicas responsables de la discriminación del cáncer por los hombres, esas copias duplicadas contribuyen a ese desequilibrio, incluyendo hasta 80% de exceso de casos en ellos en algunos tumores.

En casi cada tipo de cáncer las tasas son más altas en hombres que en mujeres. En algunos casos, la diferencia puede ser pequeña, de un escaso porcentaje, pero en ciertos cánceres la incidencia es dos o tres veces mayor en hombres”, dijo Andrew Lane, de Dana-Farber, coautor senior con Gad Getz, PhD, del Broad Institute y Massachusetts General Hospital. Los hombres tienen un riesgo 20% mayor de desarrollar cáncer.

La explicación más usual hasta ahora era que los hombres fuman más y están más expuestos a químicos nocivos en el ambiente, pero eso ha cambiado y no vale más.

La disparidad se nota también en personas jóvenes, muchachos y muchachas.

La nueva explicación apareció con el estudio de una forma de leucemia en la que las células del cáncer a menudo portan una mutación en un gen en el cromosoma X, gen supresor de tumores cuya alteración inhabilita su función.

Se podría esperar que las células de la mujer, que porta dos cromosomas X fueran tan vulnerables a la mutación. En el embrión, uno de los cromosomas se desactiva y se esperaría que la mutación también fuera común, pero no es así, sugiriendo que algunos genes en el cromosoma suprimido funcionan normalmente. Uno de esos genes parece ser una copia funcional del KDM6A y una sola es suficiente para prevenir que las células se tornen cancerosas.

Ventaja para ellas.

Una planta tramposa

La flor tramposa. Foto cortesía

La flor tramposa. Foto cortesía

Obligadas. Así van las moscas hacia la planta ceropegia gigante C. sandersonii. Y las obliga… ella misma mediante un truco no muy común.

La planta imita la esencia de abejas que son atacadas. A ese ‘llamado’ acuden las moscas, que son retenidas por un tiempo, pero luego liberadas por la planta, que resulta polinizada.

Las moscas son atraídas por ese olor dado que se alimentan de abejas atrapadas, por ejemplo, por arañas en sus redes.

El hallazgo fue presentado en Current Biology.

Estas flores tienen una morfología compleja, incluyendo estructuras para atrapar los polinizadores temporalmente y liberándolos luego”, dijo Stefan Dötterl de la Universidad de Salzburgo en Austria. “Demostramos que las flores atrapadoras imitan sustancias de abejas occidentales para atraer moscas para polinizarlas. Las moscas son atraídas esperando comida pero en vez de eso son capturadas por la flor que no les brinda recompensa y las usa para polinizar”.

Cerca del 6% de las plantas, incluyendo el género Ceropegia, son polinizadas mediante engaños. Se involucran en un anuncio falso para parecer ofreciendo una recompensa como polen o néctar, una pareja o un lugar para poner sus huevos.

El nuevo estudio es de los primeros en demostrar este mecanismo de imitar un olor de un animal adulto como alimento.

Las moscas con las cleptoparásitos, que se alimentan de abejas comidas por arañas.

Hay tiempo de tomar un buen café

universe

Los agujero negros tampoco son eternos. Ilustración Wikipedia

Todavía tenemos tiempo de tomar un café. Una modelación sobre el fin del universo dice que al menos durará otros 2.800 millones de años, pero seguramente será más.

La observación de las galaxias y estrellas muestra que el universo está en expansión a una tasa creciente. Si se asume que la aceleración permanecerá constante, en algún momento las estrellas morirán, todo se separará y el universo entrará en una muerte térmica, referida no a una temperatura específica sino a que no podrá haber nada que funcione mediante transferencia de calor, un momento de mínima energía.

Otro destino, descartado por ahora, es el big crunch o aplastamiento: el universo ‘se devolvería’ a su comienzo, atraído por la gravedad y todo colapsaría en el mismo punto.

Se cree que la aceleración se debe a la energía oscura. Si esta aumenta, la aceleración también y llegará un punto en que la fábrica del espacio-tiempo se desgarre y el cosmos acabe su existencia. Este es el tercer escenario: big rip o gran desgarramiento.

Cierto modelo dice que ese escenario se presentaría en unos 22.000 millones de años. ¿Podría suceder antes? Eso trataron de resolver en el nuevo análisis Diego Sáez-Gómez de la Universidad de Lisboa, Portugal, y colegas, que modelaron una variedad de escenarios.

Encontraron que el big rip o gran desgarramiento no se daría antes de 2.800 millones de años, muy poco considerando que el Sol aún estaría vivo y no parecería cuadrar.

¿Y cuál sería el límite máximo? No existe, encontraron en sus modelos. El desgarramiento no ocurriría y el universo se enfriaría en esa muerte térmica.

El artículo revela que falta por entender mucha parte de la física que domina el universo y que determinará su futuro y su suerte.

Una bacteria ayuda a ratones con autismo

Más de lo que se cree: bacterias tendrían que ver con el autismo.

Ratones con una conducta autista mejoraron sus síntomas cuando fueron tratados con una bacteria intestinal de los humanos, según un estudio publicado en Cell.

El microbio, de paso, les alivió ciertos problemas gastrointestinales, tal como se había demostrado en personas.

El vínculo entre esa fauna intestinal y el autismo se había sugerido y el neurobiólogo de Caltech Paul Patterson desarrollaron un modelo de ratón en el que se permitió que las por las paredes intestinales salieran. Se detectó entonces que los ratones autistas tenían niveles bajos de Bacteroides fragilis. Cuando se les suministró en las dietas, parecieron mejorar, tanto en cuanto a su conducta como en la salud intestinal.

Eso, para Stephen Collins de MacMaster Unviersity es una prueba de que se puede comenzar a mirar las bacterias probióticas para mejorar el funcionamiento del cerebro en las personas.

¿Reduce la marihuana el cociente intelectual?

Que sí, que no. Parecemos deshojando una margarita. Que la marihuana hace, daño, que no. Que lo así, que lo hace asá. Y esto lo que pone de presente es la dificultad de difundir la ciencia al tenerse que presentar estudios sin contar la otra cara de la moneda.

Bien, un estudio publicado en agosto sugería que la marihuana reducía en varios puntos y para siempre el coeficiente intelectual de los adolescentes. Un nuevo estudio publicado en Proceedings ot the National Academy of Sciences sugiere que factores relacionados con la clase económica y la vida en el hogar, no el uso de la marihuana, son los que pueden incidir en la caída del CI.

Los investigadores del nuevo estudio no tuvieron acceso a los datos del otro basado en una cohorte de adolescentes neozelandeses. En ves de eso, Ole Rogeberg, economista del Frisch Center en Noruega usó una simulación de computador para demostrar que, en teoría, los mismos efectos sobre el CI podrían ser explicados por los factores socioeconómicos que provocan conductas reductoras del coeficiente. Los nuevos resultados le echan leña al fuego de la discusión sobre los daños permanentes de la marihuana.

“Los tipos de ambientes en los que uno se mueva afectan el CI”, dijo Rogeberg. La buena educación y trabajos retadores pueden mejorar la inteligencia, pero “si la gente no tiene acceso a ellos o se sale de tales ambientes, tenderán a ver una declinación en el CI, y serán además del tipo de personas que tienen a fumar marihuana en la adolescencia”.

El estudio original no descartó la posibilidad de que otros factores pudieran tener un rol en el vínculo entre CI y uso de marihuana, dijo Susan Tapert, citada por LiveScience, neuróloga de la Universidad de California en San Diego, quien no participó en la investigación.

El estudio inicial, de Madeline Meier, Terrie Moffit y Avshalom Caspi de Duke University, se basó en una gran cantidad de datos de una cohorte de 1.037 personas de Dunedin, Nueva Zelanda, seguidos durante más de 3 décadas. El estudio siguió los sujetos desde los 7 años en adelante, sometiéndolos a pruebas de CI, muestras de sangre y entrevistando sus padres y profesores.

La investigación halló que la marihuana disminuía el coeficiente intelectual hasta en 8 puntos en aquellos que consumían mucha marihuana. Esta no tenía efecto si el vicio se cogía en la edad adulta, lo que sugiere que el daño afectaba cerebros en desarrollo.

Pero la clase socioeconómica y la estructura familiar también puede cambiar en el tiempo el CI.

Rogeberg creó un modelo matemático para ver si el efecto aparente de la marihuana podía ser explicado por factores socioeconómicos. Y encontró que sí.

¿Entonces qué?

Gusanos regresaron de viaje al espacio

Con éxito, sanos y salvo, no se sabe si estresados o extrañando la Tierra, regresaron a casa gusanos que durante seis meses estuvieron en órbita alrededor del planeta entre 1.60 y 2.000 kilómetros de altura.

Los animalitos fueron alimentados todo el tiempo por un sistema de cultivo completamente automático, operado a remoto, que cada mes los transfería a un caldo de cultivo líquido.

El sistema también los filmó nadando en ese medio, por si de pronto no regresaban a casa conocer posibles cambios en su comportamiento.

En sus 6 meses en la Estación Espacial, los gusanos C. elegans, pasaron 12 generaciones. Exhibieron la misma conducta natatoria cuando fueron alimentados y actuaron similar a sus congéneres en Tierra cuando soportaron hambre.

Los resultados del estudio fueron publicados en el Journal of the Royal Society Interface y demostraron que los gusanos se podían desarrollar desde el huevo hasta la adultez, y tuvieron descendientes al mismo ritmo que sus parientes en tierra.

Los resultados sugieren que estos gusanos sirven como modelo para detectar cambios en el crecimiento animal, la reproducción y el comportamiento en respuesta a las condiciones ambientales de un vuelo espacial de larga duración.

Foto Nasa