Una cara de matón no siempre es real

Nos ha pasado a todos: vemos alguien que viene con cara de pocos amigos y, dependiendo del sitio u hora, sentimos cierto susto. O ese rostro no nos parece de fiar.

Pero un estudio encabezado por Mireia Esparza, del Departamento de Biología de la Universidad de Barcelona y publicado en Plos One no halló evidencias significativas de la asociación entre la forma del rostro y la agresión en hombres.

La muestra contempló 5.000 individuos de 94 poblaciones humanas de diversas regiones del mundo.

El estudio suministra nuevos datos científicos para rechazar la hipótesis de la asociación entre la forma de la cara con conductas antisociales y criminales, que tuvo gran auge a mitad del siglo XIX y ha resurgido con fuerza en los últimos años.

Con la amplia muestra los investigadores pudieron tener un estimado global de la forma facial y desarrollar un análisis preciso considerando rasgos distinguibles. Los expertos se basaron en el estudio de la relación ancho vs. altura del rostro como posible predictor de conductas agresivas en poblaciones de hombres.

Para Esparza esa relación es un buen indicador de la forma del rostro y ha sido usado en estudios previos sobre el tema.

Los resultados del estudio apoyan conclusiones previas que no prueban la relación entre esa relación y la agresión. “Este estudio va más allá. La metodología usada está basada en medidas craneofaciales y coordenadas craneales en 2D y 3D, por lo que provee resultados más precisos que otros.

Todos se están encogiendo

Querida: se encogieron los ratones. No es tan gracioso, pese a todo. El tamaño de los roedores en general ha venido cambiando en los últimos cien años debido al aumento de la población humana y al cambio climático.
Así lo advirtió Oliver Pergams, ecólogo de la Universidad de Illinois en Chicago, en un estudio publicado en el journal Plos One.
Los cambios en la forma y el tamaño en mamíferos ocurridos alrededor del mundo en tan sólo un siglo, son sustanciales.
El científico había hecho estudios previos sobre los cambios anatómicos en dos roedores aislados, el ratón de Channel Island en California y el de patas blancas del noroccidente de Chicago y notó un rápido cambio en ambos.
“Creo que no son los únicos ejemplos”, dijo. “Me pregunto si están ocurriendo en todas partes, si son globales y qué los provoca”.
Pergams examinó ejemplares de roedores de museos alrededor del mundo, incluyendo las grandes colecciones del Field Museum en Chicago y el Smithsonian en Washington. Registró más de 17.000 medidas corporales y de cráneos de 1.300 individuos en 22 localidades de África, América y Asia, animales que fueron recolectados entre 1892 y 2001. Luego comparó aquellos de antes de 1950 con los posteriores a ese año.
Así, halló aumentos y disminuciones en 15 rasgos anatómicos, con cambios tan grandes como del 50 por ciento en 80 años. Diez de esos cambios estaban asociados con las modificaciones en la densidad de la población humana, o con tendencias en la temperatura y la precipitación.