La malaria tiene 100 millones de años, ¿a quién mataba entonces?

Anopheles stephensi. Foto Wilipedia commons

Anopheles stephensi. Foto Wilipedia commons

La malaria no es nueva, es más vieja de lo que pudiéramos imaginar aunque en esos tiempos ¿a quién enfermaría o… mataría?

El primer caso documentado de malaria en personas data del 2700 antes de nuestra era y se cree que contribuyó a la caída del imperio romano enfermando los soldados.

Se pensaba que el parásito que la transmite había surgido hace 15.000 años o, yendo muy lejos, hace 8 millones de años.

Pero no. Un nuevo estudio dice que evolucionó en insectos hace más de 100 millones de años y tal vez los primeros vertebrados hospederos fueron reptiles, entre ellos los dinosaurios.

La malaria se debe a un protozoario, Plasmodium y hoy es transmitida por los mosquitos Anopheles. Pero en el pasado las formas ancestrales usaron otros vectores y diferentes cepas de malaria y pueden haber ayudado a modelar la supervivencia animal y la evolución en el planeta, dice George Poinar, Jr., investigador del College of Science en Oregon State University.

En el journal American Entomologist sugiere que los orígenes de sta mortal enfermedad que infecta desde humanos a otros mamíferos, aves y reptiles, puede haber comenzado hace más de 100 millones de años.

Los científicos han argumentado y no estado de acuerdo por mucho tiempo sobre cómo evolucionó la malaria y cuál es su edad”, dijo Poinar. “Pienso que la evidencia fósil revela que la malaria moderna inoculada por mosquitos tiene al menos 20 millones de años. Y que formas más tempranas tienen al menos 100 millones de años o más”.

Dado que la etapa de reproducción sexual de la malaria solo se da en insectos, en su estudio Poinar dice que deben ser la fuente primaria de la enfermedad, no los vertebrados que ellos infectan. Y agrega que la evidencia señala a los Gregarinidos como el grupo protozoario que pudo ser el progenitor de la malaria, dado que hoy también infectan los insectos que transmiten la enfermedad.

Evidencias de malaria se han hallado en insectos preservados en pedazos de ámbar. Poinar es experto en formas animales y vegetales preservadas en ese material semiprecioso. Y fue el primero en descubrir un tipo de malaria en un fósil de hace 15 a 20 millones de años en lo que hoy es República Dominicana. Fue el primer registro fósil del Plasmodium que mata al menos 400.000 personas cada año.

Para este experto, que trabaja el tema junto a su esposa Roberta, la malaria también contribuyó a la extinción de los dinosaurios, según un libro sobre insectos, enfermedad y muerte en el Cretáceo.

Para qué tener sexo si así me va bien

¿No tener sexo? Parece aburrido. Pero hay quién vive así y lo ha hecho por millones de años sin problema alguno. Es más, es exitosa.

A los rotíferos no se les conoce macho alguno y sin embargo van por ahí regando… especies. No es que sea por obra y gracia de un milagro. No. El secreto quedó al descubierto al secuenciarse el genoma de Adineta vaga, publicado en Nature.

En vez del modo estándar de usar la reproducción sexual para evitar mutaciones nocivas en su ADN, este pequeñísimo animal acuático parece haber adoptado otras estrategias para mantener linajes durante milenios sin daño genético ni haberse autoeliminado, como dice David Mark Welch, del Marine Biological Laboratory en Woods Hole.

Junto a Irina Arkhipova lideró el proyecto de de secuencia análisis del genoma dfel rotífero.

En los rotíferos bdelloides no se han encontrado ni machos ni meiosis (la división celular para producir espermatozoides y óvulos). En vez de eso, los huevos sin fertilizar se dividen para producir los descendientes. Esta estrategia, que para la mayoría de animales sería un camino sin salida, es confirmada por el genoma del rotífero “lo que es consistente con lo que esperaría ver ante la ausencia de meiosis”, dijo Welch.

“Es difícil probar un negativo y no podemos decir que nunca exista una oportunidad de que el rotífero tenga sexo. Pero sería una especie de meiosis loca”.

En la mayoría de especies animales formas alternativas del mismo gen (alelos) se encuentran en el mismo punto en dos cromosomas diferentes -uno de la madre, otro del padre- emparejándose durante la meiosis y segregándose en nuevas células en espermatozoides y óvulos. En el genoma de este rotífero las copias de los genes no están iguales en la pareja de cromosomas o están localizados en el mismo cromosoma. Esto significa que los alelos no serían capaces de emparejarse durante la meiosis y producir las células reproductoras.

Si los bdelloides no tiene sexo ¿cómo evitan la acumulación de mutaciones o generan más diversidad?

El genoma muestra evidencia de otras maneras de mantener genes sanos y linajes viables. Uno es la conversión de genes, en la cual un alelo remplaza otro durante los mecanismos de reparación del ADN u otras estrategias. El otro es la transferfencia horizontal de genes de un organismo a otro, común entre microbios y rara vez vista en animales. Al menos 8 por ciento de los genes del rotífero, más que en otro animal, pueden haberse adquirido por ese mecanismo.

“En general, las líneas germinales animales están bien protegidas para no adquirir genes de fuentes externas”, según Arjhipova. Los bdelloides son inusuales porque se pueden desecar por meses y luego revivir cuando tienen agua disponible. Durante las fases de desecación su ADN se rompe en varias piezas. “Cuando se rehidratan, puede ser la oportunidad para fragmentos de ADN foráneos de bacterias, hongos o microalgas transferirse al genoma del rotífero.

Los rotíferos son animales seudocelomados microscópicos.

Toda una maravilla evolutiva.

En la foto un rotífero visto con luz polarizada, cortesía I. Arkhipova-M. Shribak