Descubren nuevo ligamento en la rodilla

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Que a estas alturas de la vida no se conozca el cuerpo humano, vaya y venga si uno es un ciudadano cualquiera, pero… ¿y los médicos e investigadores?

Dos cirujanos de rodilla de los hospitales de la Universidad Leuven descubrieron un ligamento no descrito antes en la rodilla humana. Parece tener un papel importante en pacientes con problemas del ligamento cruzado anterior.

A pesar de exitosas operaciones del ligamento, algunos pacientes continúan experimentando problemas, desplazamientos de la rodilla durante la actividad. En los últimos 4 años, los cirujanos ortopédicos Steven Claes y el profesor Johan Bellemans estudiaron casos de lesiones serias del ligamento para hallar la respuesta. Para ello partieron de un texto de 1879 de un médico francés que postuló la existencia de un ligamento adicional situado en la zona anterior de la rodilla.

Lo que enunció era cierto: los médicos belgas parecen ser los primeros en identificar el ligamento no conocido hasta ahora luego de estudiar un cadáver mediante técnicas de disección macroscópica. En su estudio muestran que el ligamento, llamado ligamento anterolateral, se halló en 40 rodillas estudiadas en cadáveres, por lo que la causa de que las cirugías no funcionaran bien en algunos pacientes se debía a la lesión en este nuevo ligamento.

Las conclusiones fueron publicadas en el journal of Anatomy. Y la Sociedad Anatómica recordó que pese a las técnicas modernas aún la anatomía del cuerpo humano no es exhaustiva.

Las lesiones en el ligamento son comunes en deportistas de fútbol, baloncesto, esquí y fútbol americano.

Evite lesiones con un test de ADN

Cree uno, y a lo mejor tiene fundamento, que es el azar el que incide en el retiro de muchos deportistas cuando sufren una lesión que no logran superar. Claro, la preparación podría incidir también.

Jin Kovach fue un jugador de fútbol americano que en el segundo juego de la temporada, cuando fue detenido por las 270 libras de John Elway, sintió un estallido en su rodilla izquierda. Se había torcido el ligamento cruzado anterior. Nunca más pudo volver a jugar.

El destino cambió sus planes, pero le entregó una segunda oportunidad. Hoy, 25 años después, luego de haber obtenido su título de abogado en Stanford University y de haber trabajado varios años en la comunidad biomédica, Kovach es cofundador y CEO de una compañía de genómica personal, Athleticode. ¿Su fin? Ayudar a atletas profesionales y aficionados a evitar el destino que él tuvo.

La empresa ofrece pruebas genéticas para buscar biomarcadores asociados con alto riesgo de lesión en los tejidos blandos. La esperanza de Kovach es ayudar a los deportistas a entrenar de forma que se protejan de tales lesiones, que él denomina prehabilitación.

“Lo que hacemos es entregarles conocimiento, que podrían usar en su entrenamiento”, dice. “Reportamos genes que han sido examinados y demostrado tener una correlación con lesiones”.

Los genes examinados, dice un informe en The Scientist, codifican para variantes del colágeno, proteínas en el tejido conectivo como tendones y ligamentos.

Secuencia de variantes dentro de COL5A1, por ejemplo, que codifica una cadena alfa de tipo V colágeno, ha sido vinculada a un mayor riesgo de lesión de aquel ligamento. Del mismo modo, mujeres deportistas con un genotipo AA en un sitio específico del gen del colágeno COL12A1 (como el alelo que porta Kovach) tienen una probabilidad más alta de roturas de ese ligamento. Y ciertas variantes del gen MMP3, que codifica una enzima de la familia matrix metaloproteinasa involucrada en la reparación del tejido, han sido asociadas con la tendinopatía crónica del tendón de Aquiles, una condición degenerativa.

Aunque es imposible ser concluyentes en los tests sobre una posible lesión debido a riesgos genéticos, los científicos siguen allegando evidencias.

¿Se sometería usted a una prueba de estas? ¿Qué hacer cuando aparezca tal o cual probabilidad de mayor riesgo?

Una relación que cada vez será más cercana en un mundo deportivo cada vez de más alta exigencia y competitividad.

Resuelto el misterio: ¿cómo salta una pulga?

Salta hasta 200 veces su tamaño y alcanza una velocidad de 1,9 metros por segundo, aunque sólo mide menos de 1,8 milímetros. Uno de los animales mejor dotados para el salto.

Tirana de perros, gatos y muchos otros animales, había mantenido su secreto bien guardado. Y aunque pudiera parecer asunto loco, tras 44 años de dudas, científicos lograron descifrar el salto de la pulga.

Fue en 1967 cuando Henry Bennet-Clark descubrió que las pulgas almacenaban en una especie de cojincito la energía requerida para catapultarse en el aire, un cojín hecho de la elástica, por decirle así, proteína resilina.

Pero la gran pregunta no quedó resuelta: ¿cómo lograban liberar esta explosiva energía

Mediante un equipo de grabación de alta velocidad y con modelos matemáticos sofisticados, Malcolm Burrows y Gregory Sutton, probaron que las pulgas usan la punta de sus dedos para empujarse a través del aire, hallazgo reportado en el Journal of Experimental Biology.

El grupo pudo filmar 51 saltos de 10 pulgas, luego de entender que permanecen quietas en la oscuridad y saltan en la luz.

En la mayoría de los saltos. Dos partes de la pata, el tarso (dedo) y el trocanter (rodilla) estaban en contacto con el piso para el empujón, pero en 10 por ciento de los saltos no usaron su rodilla. O no era necesario o tenían dos mecanismos para impulsarse.

Al analizar las películas, los cinéticos pudieron ver que los insectos continuaron acelerando durante el impulso, aún cuando el trocanter no estaba empujando. Los que saltaban sin usar su rodilla aceleraban de la misma manera como los que empleaban tarso y rodilla. Cuando miraron la pata con un microscopio electrónico, la tibia y el tarso estaban equipados con garras para asirse, mientras que la rodilla era lisa.

O sea, no todas saltan de la misma manera, aunque en la mayoría de los casos, la rodilla comenzaba en el piso pero se levantaba unos 0,6 milisegundos antes del salto, antes de alcanzar la máxima aceleración del cuerpo.

Un estudio nada fácil, pues estos animalitos de apenas 0,7 miligramos de peso, debían ser incitados a saltar, bien con el suave toque de un cepillo o con el cambio de iluminación.

Bellos peis en tacones, pero… dañinos

Nadie lo discute: son sinónimo de elegancia y seducción. Pero tienen algo adicional: pueden afectar las coyunturas y conducir a la osteoartritis de la rodilla.
Sí, los tacones altos. Un estudio de un estudiante de maestría en kinesiología de Iowa State University encontró que el uso prolongado de los tacones altos derivan en esos problemas físicos.
Danielle Barkema estudió en su tesis los efectos de caminar en tacones en las fuerzas que actúan en las coyunturas de las extremidades inferiores. Con la asesoría de Phil Martin, presentará esta semana las conclusiones en el encuentro anual de la American Society of Biomechanics.
No es que toda mujer que los utilice vaya a desarrollar esos problemas. “Probablemente habrá personas que no y otras que sí. Sin embargo, basados en esta información, los tacones altos ponen en mayor riesgo a las mujeres de desarrollar osteoartritis. Y parece que mientras más altos los tacones, mayor el riesgo”.
Barkema seleccionó tres tipos diferentes de alturas, plano, de dos pulgadas y de 3,5 pulgadas, y 15 mujeres ayudaron en el estudio. Midió las fuerzas que actúan sobre la coyuntura de la rodilla y el golpeteo con los talones que envía ondas de choque cuando se camina en tacones. Con sensores, acelerómetros y equipo de laboratorio como una plataforma de fuerza y cámaras, capturó el movimiento y datos de la fuerza, traduciéndolos en resultados que son una alerta para millones de mujeres que seleccionan este tipo de calzado.
La altura de los tacones modifica características del caminado como una menor velocidad y pasos más cortos. Y a medida que los tacones son más altos, se observó un incremento en la compresión en el interior, o lado medio, de la rodilla.
Esto, con el tiempo, podría derivar en aquellas dos condiciones.