Un arácnido de hace 305 millones de años

La araña vista con la tomografía. Foto cortesía Garwood et al 2016 / Museum National d’Histoire Naturelle, Paris

La araña vista con la tomografía. Foto cortesía Garwood et al 2016 / Museum National d’Histoire Naturelle, Paris

Llegó del pasado a contar su historia, pero no de cualquier forma. Científicos descubrieron un arácnido de hace 305 millones de años que ayudará a entender la evolución de las arañas de hoy.

Llamada Idmonarachne brasieri por el profesor Martin Brasier, de la Universidad de Oxford, que falleció en 2014, fue hallado en Montceau-les-Mines, Francia.

La fotografía de los orígenes de las arañas siguen inciertos y faltan muchos detalles sobre la adquisición de determinados rasgos y su evolución. El fósil quedó preservado en 3D, lo que ayudará al conocimiento.

Desde hace 2008 se conoce que un grupo, uraraneidas, era ‘hermana’ de las arañas: podían fabricr seda pero posiblemente en capas no como las modernas. Tenían también una estructura tipo cola rematada en el flagelo. Vivieron hace cerca de 385 millones de años.

Este ejemplar, más reciente, debió surgir de una división en algún momento dado.

El análisis de Idmonarachne brasieri sugiere que a medida que evolucionaron, esos animales perdieron esa especie de cola y desarrollaron un tipo de extremidades. Y aunque podrían hacer la seda, carecían de la capacidad de hilar mediante el uso de apéndices especializados, las espirinetas. Estas son los rasgos que definen las verdaderas arañas y les dan más control sobre el uso y distribución de la seda.

Poseía además un abdomen segmentado, diferente al de las modernas arañas.

Para el investigador líder de este estudio, Russell Garwood, de la Universidad de Manchester “nuestro fósil ocupa una posición clave en la evolución de las arañas. No es una araña verdadera, pero nos ha dado información sobre el orden en el que aparecieron rasgos de la anatomía asociados con las arañas a medida que el grupo evolucionaba.

Los arácnidos son un grupo muy diverso que ha sido difícil de ordenar. Por eso estos hallazgos tienen importancia para los estudiosos.

Este ejemplar mide unos 10 milímetros y fue descubierto hace varias décadas, pero no se había podido investigar por tener parte de su cuerpo en roca. Ahora con tomografía computarizada se resolvió el problema, pudiendo observar la parte delantera enclavada.

El estudio apareció en Proceedings of the Royal Society B.

Una araña que se cree buzo… ¡y lo es!

¿Arañas? Sí, las hay y muchas. Asustan unas, otras son divertidas, escurridizas y muy rápidas. De todos los tamaños. Ah, ¡yla araña sumergida!

¿Una araña bajo el agua? Sí. Existe. Y pasa casi toda su vida sumergida. ¿Cómo logra vivir bajo el agua una araña con aires de buzo?

Pues Roger Seymour y Stefan Hetz se dieron a la tarea de averiguarlo.

Este arácnido solo se aventura a la superficie para recargar su campana de aire.

Los investigadores encontraron que esa campana actúa como una agalla que chupa oxígeno del agua y las arañas sólo tienen que subir a la superficie una vez al día a buscar un suplemento de aire.

Mirando un estanque no es difícil descubrir insectos que dan vueltas y zumban debajo de la superficie. Hasta ahora sólo un arácnido se les ha juntado: Argyroneta aquatica, la araña de la campana sumergible.

“Es un ícono. Había leído acerca de ella cuando era niño”, dijo Seymour, de la Universidad de Adelaida.

Según él, cada araña construye una red de seda en la vegetación debajo de la superficie y la llena con aire que transporta en su abdomen. Allí pasan su vida e incluso ponen sus huevos en esa especie de campana.

Seymour quería probar bien su optodo, un dispositivo para medir el oxígeno y determinar cómo los insectos acuáticos lo extraen del agua a través de delgadas burbujas de aire expandidas en su abdomen. Fue cuando pensó en la araña.

Con Hetz, de Humboldt University en Alemania, se dio a la tarea en el laboratorio de este, recogiendo varios arácnidos para ver cómo usaban sus campanas de aire. Los resultados los publicaron en el Journal of Experimental Biology: estas arañas, que están ya escaseando en Europa, usan la campana como una agalla para extraer oxígeno del agua y así permanecer ocultas debajo de la superficie.

En las mediciones, determinaron que cuando la burbuja se contrae, la araña debe subir a completar el aire, lo que hace una vez al día cuando antes se creía que tenía que subir cada 20 a 40 minutos.

Unas plagas muy despistadas

El comienzo del fin de las plagas… quizás, aunque no es tan sencillo. Pero a eso apunta el trabajo.
Científicos del Biotechnology and Biological Sciences Research Council en el Reino Unido, publicaron en Chemical Communication un estudio con el cual descubrieron moléculas que podrían confundir la capacidad de los insectos de detectar plantas al interferir su sentido del olfato, lo que podría reducir el daño en cosechas y contribuir a la seguridad alimentaria.
Antony Hooper, investigador, dijo que “una de las formas como los insectos se encuentran uno al otro y sus hospederos es por el olfato o, para ser más precisos: con la detección de señales químicas, como las feromonas por ejemplo. Los insectos huelen los químicos con sus antenas; estos van a las antenas y se adhieren a una proteína ligadora de olores (odorant-binding protein-OBP). Esto provoca de cierto modo un cambio de conducta del insecto en respuesta al olor, volando entonces hacia la planta o congregándose con otros insectos”.
Al estudiar un OBP de la mariposa del gusano de seda Bombyx mori, Hooper y su equipo analizaron cómo esa proteína y una feromona relevante interactuaban. Asimismo examinaron la interacción entre la OBP y otras moléculas que son similares, pero no idénticas, a las feromonas.
“Así como aprendimos sobre la naturaleza de esa interacción, en realidad hallamos que hay otros compuestos que se unen a la BDP con más fuerza que una feromona. Podríamos aplicarlos, u otros parecidos, de alguna manera para bloquear la capacidad de los insectos de detectar las señales químicas, así el olor quedaría cubierto por el que introdujéramos, esperando que no se dirigieran hacia las plantas ni encontraran pareja para aparearse, reduciéndose el daño”.
Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Ahora se debe probar la idea con pestes importantes en algunos cultivos, quizás primero con áfidos por ser importantes y ya se tiene un conocimiento de cómo son sus OBP.
El interés del trabajo viene solo. Como explicó el profesor Douglas Kell, alrededor de un cuarto de las cosechas se pierden por pestes y enfermedades. Si se desea aumentar la comida, no sólo se deben incrementar las áreas sembradas.
¿Qué sucedería al orden ecológico con insectos descontrolados?
Otra pregunta que habrá que resolver.