Días propicios para ver Saturno en todo su esplendor

Justo el domingo, la Tierra pasará entre el Sol y Saturno, situación que se conoce como oposición. Es el momento ideal, dado que es el punto de máxima cercanía anual a nosotros, para mirar el planeta de los anillos. Con un pequeño telescopio o unos buenos binoculares, se ven muy bien.

La Tierra da una vuelta al sol cada año, Saturno lo hace cada 30 años, pero cada temporada, la Tierra interfiere entre los dos astros. Abril y mayo, de acuerdo con EarthSky, serán los meses ideales para ver el planeta, pues aunque estemos en invierno, ha habido noches despejadas.

Saturno aparece por el este al anochecer, totalmente opuesto a donde se esconde el Sol. El 3 de abril se encontrará a 1.289 millones de kilómetros de la Tierra.

En mayo y junio el planeta estará arriba por el oriente cuando se oculte el Sol. Cada vez será menos brillante, pero de todas maneras será un objeto muy luminoso en la noche.

Pero aproveche abril, que además trae la Semana Santa, días de descanso para muchas personas.

Aunque el planeta estará en el cielo la mayor parte del año, hacia septiembre-octubre desaparecerá por el oeste tras la puesta de nuestra estrella. Así en octubre-noviembre, estará por oriente pero… justo antes de amanecer.

La próxima oposición anual será en 2012, el 15 de abril.

El dolor físico expía las culpas

¿Se siente culpable? El dolor lo exculpará.

Comenzó para los católicos la Cuaresma, tiempo de preparación parar la Semana Santa, momento de reflexión y de expiación de culpas y pecados. Tiempo de purificación y reconciliación, días parar limpiar el alma.

Dejando de lado los asuntos teológicos, ¿alivia el dolor las culpas relacionadas con actos inmorales? Parece que sí.

Un estudio de esta semana en Psychological Science explora las consecuencias psicológicas de experimentar dolor físico.

Broca Bastian, de la Universidad Queensland en Australia y colegas, reclutaron un grupo de jóvenes mujeres y hombres, diciéndoles que eran parte de un estudio de exactitud mental y física. Se les pidió escribir ensayos cortos sobre algún momento de sus vidas en los que habían opacado a alguien; el recuerdo de haber sido injustos tenía la intención de que primara su sentido de inmoralidad y los hiciera sentir culpables. Un grupo de control sólo escribió sobre asuntos rutinarios en sus vidas.

Luego se les dijo a algunos de los voluntarios, aquellos ‘inmorales’ y algunos de control, que metieran la mano en un cubo lleno con hielo y la mantuvieran tanto como pudieran. Otros hicieron lo mismo, pero en un balde con agua tibia. Todos calificaron después el dolor que habían experimentado, si lo experimentaron y luego completaron un inventario emocional que incluía sentimientos de culpa.

La idea era ver si el pensamiento inmoral hacía que los voluntarios se sometieran a más dolor y si ese dolor de veras aliviaba sus sentimientos de culpa. Y eso fue lo que encontraron los investigadores.

Aquellos que fueron motivados a pensar sobre su naturaleza no ética no sólo mantuvieron más tiempo sus manos en el cubo helado, sino que además calificaron su experiencia como más dolorosa, que lo que dijeron los del grupo de control.

Pero hay más: experimentar dolor redujo en las personas el sentimiento de culpa, más que la comparable pero no dolorosa experiencia con agua tibia.