Qué arañas tan tramposas

Como en época de Navidad se acostumbran los regalos, qué tal esta nota de ciertas arañas muy dadivosas.

En una especie de arañas de telaraña, los machos a menudo cautivan a sus potenciales amigas hembras con regalos envueltos en seda. El apareamiento parece asegurado y durante el la hembra desenvuelve el regalo en busca de una apetitosa presa. Pero algunos machos, como entre humanos, son inescrupulosos: algunos les ofrecen semillas o el exoesqueleto ya hueco de un insecto.

Frente a tal abuso, ¿cómo escapar de la ira de ellas?

En un experimento, científicos les daban a los machos potenciales regalos, bien una mosca o algo no comestible, como una motita de algodón. A otros se les entregó regalo alguno.

Los que nada llevaron a su pretendida hembra, no tuvieron acceso a lo que deseaban: el apareamiento. Aquellos que sí llevaron el presente, pudieron copular. Pero si el regalo no tenía valor alguno, las hembras pronto se daban cuenta del engaño y desmontaban al macho, lo que no les daba tiempo de transferir el esperma.

El estudio apareció en el journal BMC Evolutionary Biology y fue de María J. Albo et al.

Las hembras preferían machos que les presentaban regalos comestibles. Unos machos saben que no tienen mucho espacio para la acción sin gastar la energía en un regalo real, mientras que ellas ponían la misma cantidad de huevos de machos que les daban regalos reales o de los que entregaban presentes falsos.

Como ambas estrategias parecen ser efectivas, esa conducta tramposa no ha desaparecido y la especie mantiene una buena reserva de padres irresponsables.

Especial fin de semana

Acéptelo: las plantas se secretean entre ellas

 

Quizás, tras leer este informe, cambie su pensamiento sobre las plantas. La vieja noción que entregaban los profesores de que son organismos inmóviles que sólo se alimentan y reproducen, no es valedera hoy.

Las plantas no sólo se comunican entre sí, por las raíces o por compuestos volátiles, sino que lo hacen con los animales.

De una u otra manera, han desarrollado formas para saber quién crece en el vecindario y tal como nos sucede a los humanos, algunas crecen mejor en ambientes sociales, mientras que otras se defienden en la soledad.

Hay árboles que, por ejemplo, no se desarrollan bien en presencia de otros miembros de su especie. Un estudio reciente encontró que semillas que acaban de surgir no parecen responder a los químicos de sus parientes mayores. Scott Mangan y colegas del Smithsonian Tropical Research Institute determinaron que cinco especies de árboles tropicales crecen mejor en el suelo donde habitan especies distintas a las suyas.

Esa aversión podría deberse a que los enemigos naturales de un árbol dado, podrían estar en el suelo adyacente. Este proceso ha presionado esos árboles para evolucionar métodos de dispersión como las frutas o las semillas que vuelan, mecanismos que eviten la competencia con sus padres.

No es el único caso, En la Universidad de California en Davis, de acuerdo con una información en Discover, científicos hallaron que algunas especies viven mejor si tienen parientes cerca. Envían señales químicas por el aire producidas por el follaje y las ramas, señales vitales para proteger las plantas de un ataque de insectos.

Richard Karbam encontró en otra investigación que plantas idénticas genéticamente crecen lado a lado para defenderse de los herbívoros., incluyendo las orugas y los grillos, de una manera más eficiente que como lo hacen plantas aisladas.

“Son capaces de responder a señales de otros individuos en la cercanía”, dijo Karban, quien investiga si esa protección se extiende a otros miembros de la familia.

Ya en 2007, Josef Stuefer, de Radboud University en Holanda, había precisado que otras plantas como la frambuesa y los tréboles forman redes. Los individuos permanecen conectados unos a otros durante cierto periodo de tiempo, conexiones que les permiten compartir información por canales internos.

Los tréboles, demostró, se secretean por esos canales, por llamarlo así, si hay enemigos cerca. Si una de las plantas es atacada por gusanos, los otros miembros de la red son alertados por las señales internas. Una vez advertidos, las plantas intactas refuerzan su resistencia química y mecánica de modo que se hacen menos atractivas para los gusanos. De este modo pueden estar un paso delante de sus depredadores. Estudios experimentales han revelado que esto reduce mucho el daño que sufren.

Es quizás por todo esto que biólogos evolutivos comienzan a pensar en el comportamiento altruista de las plantas. El altruismo puede haber surgido dado que en determinados momentos mejorar la probabilidad de supervivencia de otro organismo incrementa las oportunidades de reproducción para pasar los genes a los descendientes.

En el American Journal of Botany, Guillermo Murphy y Susan Dudley exploraron el reconocimiento de congéneres entre Impatiens pallida, nometoques como nombre vulgar. Los individuos de esta especie crecen en estrecha proximidad y responden fuertemente a la competencia sobre el suelo. Midieron la respuesta de estas plantas a dos potenciales señales de competencia (cambios en la calidad de la luz –señal sobre el suelo- y la presencia de raíces cercanas –señal subterránea) para plantas que crecían con parientes o con extraños.

La respuesta, hallaron, varía dependiendo de si crecía con parientes o si lo hacía con plantas extrañas, lo que demuestra que es capaz de reconocerlos, revelando un grado interesante de complejidad dado que ambos tipos de respuestas diferían de plantas que crecían sin ningún vecino.

Entre parientes, no aumentaban la disposición de recursos en las hojas ni en las raíces. Antes, aumentaban su elongación y las ramas, lo que puede ser un ejemplo de cooperación familiar para adquirir los recursos sin necesidad de ensombrecer a sus parientes vecinos.

Como la luz es un factor limitante para el crecimiento de esta planta en el bosque bajo donde crecen, si compitiera con sus vecinos era más probable que dispusiera de sus recursos en las hojas.

Eso es precisamente lo que hace cuando se trata de extraños: mueve los recursos a las hojas y menos hacia raíz y yemas, con lo que provee más sombra a sus rivales.

Esta respuesta se da solo en plantas que se desarrollan con otras raíces contiguas, indicando que la comunicación entre raíces debe ser necesaria para reconocer la familia.

Tan importante como eso, es distinguir los enemigos. Por eso algunas se han ingeniado un llamado de emergencia. Ciando la larva de Spodoptera exigua se alimenta en el maíz, este libera unos compuestos volátiles que actúan como un imán para las avispas Cotesia marginiventris, que deposita entonces sus huevos sobre la larva.

Puede decirse entonces que las plantas son organismos sociales más listos de lo que se cree. No tienen voz como la nuestra, pero sí… se guiñan el ojo.

Qué bonita rata

Si gritan las señoras con un pequeño ratoncito, qué hubiera sido de ellas años ha en Timor Oriental, donde vivió una rata de ¡seis kilos!
Ese espécimen vivió hasta hace unos 1.000 a 2.000 años, ayer en términos de la historia evolutiva.
Los restos fueron encontrados en excavaciones en las que se hallaron además 13 especies de roedores, 11 de ellas nuevas para la ciencia.
El tema es más interesante cuando se considera que los roedores son cerca del 40 por ciento de los mamíferos y son claves en los ecosistemas en el mantenimiento del suelo y dispersión de las semillas.
Timor ha estado poblada al menos durante 40.000 años y la gente se alimentaba de roedores también, pero la extinción de todas estas especies se presentó quizás por la deforestación y el uso de tierras en la agricultura.
Es curioso saber que cada una de las islas de Indonesia oriental tuvo su colección exclusiva de ratas. Ken Aplin, investigador que encontró las especies, había hallado antes seis exclusivas de la isla de Flores.
Hoy la rata más grande conocida pesa unos dos kilos y vive en Filipinas, aunque no se descarta otras que no hayan sido vistas en las tupidas selvas de esa región.
En la imagen, a la izquierda, el cráneo de la gran rata, comparado con otra más pequeña hallada en las excavaciones.

Cambiándoles la sexualidad a las plantas

Sería la dicha: en todo el mundo, los granjeros gastan cerca de 36.000 millones de dólares al año en la compra de semillas para sus cultivos, en especial aquellas resistentes a ciertas pestes. No pueden obtenerlas de sus cultivos, pues el mismo acto de reproducción sexual borra muchas de las características seleccionadas con mucho cuidado.
¿Sabía que algunas plantas evaden el problema? Los álamos y los dientes de león se reproducen asexualmente clonándose.
Jean-Philippe Vielle-Calzada, investigador del Howard Hughes Medical Institute se pregunto si podía conocer lo suficiente de la genética de la reproducción asexual para aplicarlas a las plantas que se reproducen sexualmente. Y está a un paso de lograrlo, según un reporte en Nature.
Al igual que con los animales, la reproducción sexual en plantas requiere la generación de gametos masculinos y femeninos que llevan la mitad de los genes del organismo. Las plantas con flores muestran la forma más avanzada de reproducción sexual de plantas, produciendo células espermáticas que derivan del polen que se unen con células ováricas para producir semillas. Por lo tanto cada semilla es genéticamente única. Existen distintos tipos de reproducción asexual en plantas, pero en todos se produce el mismo resultado: plantas hijas que son genéticamente idénticas.
Hace 10 años el investigador comenzó el desarrollo de una semilla asexual y decidió investigar la apomixis, un tipo de reproducción asexual. Muchas especies de planas la utilizan para generar semillas viables sin que sea necesaria la fusión entre esperma y óvulo. Este método origina semillas que son en esencia clones de la planta principal. En la apomixis, las células reproductivas conservan el material genético de los cromosomas en lugar de perder la mitad de los genes durante la meiosis, como sucede en la reproducción sexual. Cerca de 350 familias de plantas emplean la apomixis para reproducirse, pero casi todas las usadas para alimentos se reproducen sexualmente.
Vielle-Calzada estudió la apomixis en la Arabidopsis thaliana, que se reproduce sexualmente, y encontraron un gen, Argonauta 9, que parece silencia la apomixis.
¿Cuándo se logrará?

Cuando el hambre acosa, el pajarito hace lo que sea

Cuando los tiempos son difíciles, cualquier hueco es trinchera. El dicho popular puede aplicársele al pequeño pájaro carbonero común (Parus major) que mide unos 14 centímetros.
Al escasear los recursos cuando la nieve oculta los campos, se dedica a cazar y comer… ¡murciélagos! Así lo reportaron investigadores del Max Planck Institute de Alemania.
Se trata de una familia nada común. En los años 40 se había comprobado la capacidad de un familiar suyo, el Cyanistes caeruleus, otro paserino, para abrir la tapa de aluminio de las botellas con leche que dejaban en los portillos los lecheros.
Ahora, durante observaciones realizadas por 21 días en dos inviernos, se observó 18 veces el vuelo de carboneros hacia una cueva al nordeste de Hungría para buscar comida y alimentarse del murciélago Pipistrelle común ( Pipistrellus pipistrellus) que hiberna allí.
Con la pequeña luz que ingresa, estos pájaros son capaces de orientarse y penetrar a la caverna, guiándose quizás por el sonido que hacen los animales en hibernación, para encontrar sus presas.
A los pájaros les toma unos 15 minutos desde que ingresan a la caverna en busca de murciélago y en ocasiones salían con él entre el pico para comérselo en un árbol del vecindario.
Se trata de una conducta adaptada. Cuando los investigadores colocaron semillas de girasol y tocino a la entrada de la cueva, sólo uno continuó en busca de un murciélago para alimentarse.
Y parece que el comportamiento es pasado de generación en generación. Peter Estok, primer autor del estudio, había visto hace cerca de 10 años un pájaro que salía de la caverna con un murciélago. Foto cortesía Dietmar Nill