Bebés expuestos a infinidad de productos tóxicos

¡Qué les pasará a nuestros hijos! Aunque algunos retardantes de las llamas fueron prohibidos de las piyamas de los bebés hace 40 años, otros similares, sospechosos de ser tóxicos, pululan en productos infantiles, desde las almohadas hasta las almohadillas para cambiarlos.

En la edición en circulación de Environmental Science and Technology, un sondeo de 101 productos de uso común para bebés, 80 por ciento contenía retardantes de llamas halogenados tóxicos o no examinados. De manera alarmante, un 36% contenía un retardante Tris clorinado, que fue retirado de las piyamas en los años 70 por temores de que era tan tóxico como su prohibido primo: Tris brominado.

El Tris puede ser hallado en productos para bebés en niveles alrededor de 5% por peso, explicó Arlene Blum, del Colegio de Química de la Universidad de California en Berkeley.

Algunos de esos retardantes no son efectivos. Todos son puestos en muebles para niños.

Los retardantes como el Tris han sido asociados con serios efectos adversos en la salud en cientos de estudios con animales y en un puñado de estudios con humanos. Y como algunos son semivolátiles, escapan al aire y caen como polvo que puede ser ingerido.

Entre los productos analizados figuran coches para bebés, sillas para el carro, colchones portátiles.

¡Qué les pasará a nuestros hijos!

¿Ya miró cómo tiene sus dedos?

Mírese los dedos: ¿son largos? o ¿están algo cortos? Pues bien:
Según un estudio publicado en PloS One por Meter Hurd y colegas, el tamaño de los dedos ayudaría a diferenciar entre las personas sedentarias y las que practican ejercicio. La investigación fue hecha en… ratones. Pero algo podría tener. Otras investigaciones en el pasado han vinculado el tamaño del dedo índice, en especial en comparación con el dedo anular, y ciertas conductas y características de la personalidad, como la agresión, la capacidad atlética y las habilidades académicas.
¿De ahora en adelante mirará las manos de quien esté frente a usted? No es así de sencillo. Ni los amantes a las sillas pueden culpar al tamaño de sus dedos, según Hurd, profesor en la Universidad de Alberta (Canadá), ni se puede adivinar esa predisposición con solo mirar los dedos de alguien: la influencia es mínima y, además, se requeriría analizar cientos de personas.