Un escorpión en Gondwana

Puede ser el animal terrestre más antiguo. Vivió en Gondwana, el supercontinente. Se trata de un escorpión que vivió hace 350 millones de años, fosilizado en rocas del grupo Devónico y que fue llamado Gondwanascorpio emzantsiensis.

Encontrado por Robert Gess en una remota parte de Eastern Cape, fue reportado en el journal African Invertebrate.

Gess indicó que la vida primigenia estaba confinada al mar y el proceso de conquista de tierra firme comenzó durante el siluriano hace unos 420 millones de años. La primera ola de vida que se movió fuera del agua a tierra consistió de plantas, que poco a poco incrementaron tamaño y complejidad en el Devónico.

Esa colonización inicial fue seguida por plantas e invertebrados que se alimentaban de restos como insectos y milípedos. Hacia el final del Silúrico, hace unos 416 millones de años, invertebrados depredadores como escorpiones y arañas se alimentaban de esos primeros colonizadores.

Hacia el Carbonífero, hace cerca de 360 millones de años, los vertebrados primigenios -nuestros ancestros de cuatro patas.- habían dejado el agua y se alimentaban de invertebrados. Aunque sabemos que Laurasia, esa gran masa septentrional de tierra que comprendía la actual Norteamérica y Asia estaba habitada por una diversidad de invertebrados en el Silúrico tardío y durante el Devónico, este supercontinente estaba separado del austral Gondwana por un océano profundo.

La evidencia de la colonización inicial de la tierra por animales había venido hasta ahora del norteño continente Laurasia y no se había encontrado evidencia de que Gondwana estaba habitada por invertebrados terrestres en esa época, según Gess.

Ahora por primera vez, dijo, se sabe que no solo los escorpiones sino de lo que se alimentaban estaban presentes en el Devónico, que Gondwana también tenía un ecosistema terrestre complejo con invertebrados y plantas que tenían todos los elementos para sostener la vida vertebrada terrestre que emergió alrededor de esa época o solo un poco más tarde, agregó el investigador.

Foto cortesía Universidad de Witwatersrand