Entendiendo el cerebro de gatos y perros

¿Se ha preguntado qué se requiere para tenerlo grande? Pues ser sociable, parece la respuesta.

Durante millones de años (lógico, considerando los ancestros de los cuales derivaron), los perros han desarrollado un cerebro más grande que el de los gatos porque las especies de mamíferos muy sociables necesitan más poder cerebral que los animales solitarios, sugiere un nuevo estudio de Oxford University.

Un grupo de científicos establecieron el cuadro de la historia evolutiva del cerebro de distintos grupos de mamíferos durante los últimos 60 millones de años. Hallaron grandes variaciones en cómo los cerebros de diferentes grupos evolucionaron. Y sugieren que existe un vínculo entre la sociabilidad de los animales y el tamaño de sus cerebros relativo al tamaño corporal, según el estudio publicado en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences.

Los investigadores analizaron los datos disponibles del cerebro de más de 500 especies de mamíferos vivos o fosilizados. Encontraron que los de los simios crecieron más, seguidos por los caballos, delfines, camellos y perros. El estudio mostró que grupos de mamíferos con cerebros relativamente más grandes tienden a vivir en grupos sociales estables. Los cerebros de animales más solitarios, como los gatos, venados y rinocerontes crecieron mucho más despacio durante el mismo periodo.

La investigación fue realizada por Susanne Shultz y el profesor Robin Dunbar, del Oxford University’s Institute of Cognitive and Evolutionary Anthropology (Icea) y estableció una amplia variedad de patrones de crecimiento cerebral entre los distintos grupos de mamíferos y hallaron que no todos tienen cerebros grandes, lo que podría ser una muestra de que los animales sociales necesitan pensar más.

“Es interesante ver”, dijo Dunbar, “que aún animales que han tenido contacto con los humanos, como los gatos, tienen un cerebro mucho más pequeño que perros y caballos dada su reducida sociabilidad”.

Shultz resaltó que el crecimiento cerebral en los animales más sociales ha sido mucho más rápido.

El fósil que no era lo que se pensaba

No era por ahí. En la primera mitad de 2009 científicos presentaron el Darwinius masillae, como el más completo fósil de primate, que vivió hace unos 47 millones de años y que fue bautizado como Ida, ganando pronto amplia popularidad.
Se consideró la posibilidad de que fuera un ancestro directo de l linaje que derivó en los grandes simios y en el humano.
A unos 65 kilómetros de El Cairo (Egipto), paleontólogos apoyados por la National Science Foundation de Estados Unidos encontraron un nuevo primate africano que aporta luces sobre el origen de los seres humanos.
Para Erik Seiffert, de New York Stony Brook University y sus colegas, el hallazgo ayuda a aclarar la porción del árbol evolutivo de los humanos al resolver la ubicación de especies mal colocadas en él.
El fósil descubierto parece ser un pariente del Darwinius y fue llamado Afradapis, que para este grupo de científicos no está situado en la línea evolutiva que condujo a los monos, simios y humanos, sino que es más cercano a los actuales lemures y los lorísidos, una familia de primates strepsirrimos.
Así, Ida pierde importancia, aunque continúa como un interesante hallazgo
El grupo de investigadores halló primero un fósil mal preservado de Afradapis, un fragmento con dientes frontales y un pedazo de mandíbula, que suponía una encrucijada por parecerse a un simio del Viejo Mundo, pero no tenía sentido que un exponente de esos animales hubiese vivido en África hace 37 millones de años. Al encontrar luego otros fósiles, analizaron que ni él ni Ida estaban en la línea de los grandes simios y micos sino que presentaban rasgos similares a los de un lejano pariente, una especie de antropoide.
Como en todo tema paleontológico, faltan otras lecturas y más fósiles.
El diagrama es cortesía de Erik Seiffert, Brook Stone University

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