Se nos va el Sol

Cortesía Sungazer

Nos quedamos sin Sol… Tampoco es para tanto, pero…
Aristarco de Samos, en la tercera centuria antes de Cristo calculó que el Sol se encontraba unas 20 veces más alejado de la Tierra que la Luna. Su desfase, obvio, fue enorme: en verdad lo está unas 400 veces.
La distancia Sol-Tierra ha sido desde el siglo pasado una medida para medir la distancia a objetos dentro del Sistema Solar y sus inmediaciones. Una Unidad Astronómica equivale a la distancia de los dos cuerpos, que hoy es de 149.597.870.696 kilómetros.
Esta estimación, dice un informe en New Scientist, permitió al ruso Gregoriy A. Krasinsky y a Víctor A. Brumberg calcular qye el Sol y la Tierra se están apartando. Se alejan 15 centímetros cada año. No es mucho, pero sí unas 100 veces más que el error de medición. O sea: algo hace que se alejen. Pero, ¿qué?
No hay una hipótesis firme. Puede ser que el Sol esté perdiendo la masa suficiente, vía fusión y viento solar, para que disminuya la atracción gravitacional. O podría ser un cambio en la constante gravitacional G, los efectos de la expansión cósmica, o incluso la influencia de la materia negra.
Algo sucede.

Quiero más agua

Encelade. Tres lugares del Sistema Solar son sospechosos de poseer agua líquida cerca de la superficie. En uno de ellos, la luna Encelade de Saturno, sale a chorros por un geiser que ha sido captado por la sonda Cassini que trabaja por esos lados.
Un análisis realizado por científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la Nasa, la Universidad de Colorado y la Universidad de Florida Central en Orlando encontró que la fuente de los chorros pueden ser venas en la luna que canalizan el agua desde una tibia fuente, probablemente líquida, hacia la superficie a velocidades supersónicas.
El agua líquida existe en la Tierra, se sopecha que en la luna Europa de Júpiter, y en Encelade.
Si se confirma, las implicaciones serían grandes, comenzando porque podría deducirse que la presencia de agua en el Universo será más común de lo creído y observado.
La existencia de agua líquida debajo de capas heladas no es algo extraño. Se da en la Tierra debajo del lago Vostok, en la Antártica.
Foto de Encelade, cortesía Nasa.

Tras los pasos del gigante

Júpiter ha sido visitado por varias sondas, como la Galileo, pero aún permanecen muchos misterios sobre el gran planeta, para algunos una estrella frustrada porque no alcanzó el tamaño requerido para encenderse.
La Nasa anunció el envío de la sonda Juno para explorar el planeta joviano.
¿Sabía que, por ejemplo:
… Júpiter capturó casi todo el material sobrante tras la formación del Sol?
… el núcleo del gaseoso planeta, compuesto de helio e hidrógeno como el Sol es rocoso?
… algunos elementos pesados también están en él, en pequeña cantidad, pero más que en el Sol?
… hace cientos de años exhibe una gran mancha en su atmósfera, que parece una eterna tormenta?
Juno partirá en 2011 y llegará cinco años después al gran planeta.

Sistema Solar tiene un espejo bien cerca

Cinturones de asteroides. Eso es lo que se encuentra en Epsilon Eridani, la novena estrella más cercana a nuestro Sol. ¿Cómo así? Sí, astrónomos descubrieron que en ese sol existen dos cinturones de asteroides rocosos y un anillo exterior congelado.
Es decir, se parece a nuestro Sistema Solar. El cinturón interior es virtualmente como el nuestro, situado entre Marte y Júpiter, en donde residen grandes asteroides y cometas de corto recorrido. El cinturón externo contiene 20 veces más material.
La presencia de los dos anillos de material implica la presencia de planetas, no detectados aún, que les dan forma.
Epsilon Eridani es algo más pequeña y fría que el Sol. Se encuentra a 10,5 años luz de la Tierra, en la constelación Eridano (un año luz es la distancia que viaja la luz en un año, casi 10 billones de kilómetros).
Este sol, visible al ojo desnudo, tiene tan solo unos 850 millones de años, frente a los más de 4.500 millones del nuestro
Para Msssimo Marengo, coautor del estudio por el Smithsonian-Harvard Center for Astrophysics, estudiar Epsilon Eridani es como tiene una máquina del tiempo para mirar cómo era nuestro sistema cuando era joven.
Dibujo cortesía SCAF.

Nueve, ocho, doce…¡trece!

¿Recuerdan? Varias veces hemos venido en estas notas con temas de los nuevos planetas. Hasta hace dos años, todos sabíamos que eran nueve los planetas del Sistema Solar. La Unión Astronómica Internacional dijo que Plutón no era más un planeta, sino un planeta menor. Este año se le asignó otro nombre a él y a los demás cuerpos que se le parezcan: plutoides.
Desde que la UAI estableció la nueva clasificación, muchos quedaron disgustados. Entre ellos, no pocos astrónomos norteamericanos, que recalcaron que la dedición no fue tomada por astrónomos planetarios, que son los que más conocen del tema.
Pues bien, Mark Sykes, director del Instituto de Ciencias Planetarias, organización privada sin ánimo de lucro que tiene base en 15 estados de ese país, más el Reino Unido, Suiza, Rusia y Australia, que participa hoy jueves en un debate sobre el tema, piensa que el Sistema Solar debe tener 13 planetas.
Bajo este escenario, el planeta más pequeño sería Ceres, que hoy es un asteroide. Gira en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, y que tiene apenas la mitad del diámetro de Plutón.
Para él, si un cuerpo no estelar tiene la suficiente masa para ser redondo y orbita una estrella, debe ser llamado planeta.
Sykes va más allá. Cree que el asunto sobrepasa la discusión sobre Plutón y llega hasta el ciudadano común y corriente y la percepción que tiene de la ciencia.
Esta avanza por el conocimiento, la decisión de la UAI fue por votación, algo alejado, para él, del modus operandi científico en el que los asuntos no se pueden definir por ese método.
El sistema de Sykes comprende: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Ceres, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno, Plutón, Caronte (considerada hoy luna de Plutón), Eris y el recientemente descubierto Makemake.
El debate continúa.

La visita a Encelade

Hoy la sonda Cassini, que explora el planeta Saturno y su sistema de  anillos y lunas, pasará por Encelade, pero no será un tránsito como otros que ha efectuado en estos años. No. La sonda volará directamente sobre las fumarolas y chorros de partículas congeladas que salen de una fractura en el polo sur, una especie de volcanismo en la forma de géiseres, que han llevado a plantearse la pregunta de si el interior de esa pequeña luna, menor que nuestro satélite natural, no está repleto de agua y, por lo tanto, podría ser un lugar en el vecindario donde habría vida.

El sobrevuelo de Cassini permitirá allegar más datos, pero no resolverá el misterio. Solo cuando una nave se pose en la gélida luna se sabrá qué hay en su interior.