Especial fin de semana

Acéptelo: las plantas se secretean entre ellas

 

Quizás, tras leer este informe, cambie su pensamiento sobre las plantas. La vieja noción que entregaban los profesores de que son organismos inmóviles que sólo se alimentan y reproducen, no es valedera hoy.

Las plantas no sólo se comunican entre sí, por las raíces o por compuestos volátiles, sino que lo hacen con los animales.

De una u otra manera, han desarrollado formas para saber quién crece en el vecindario y tal como nos sucede a los humanos, algunas crecen mejor en ambientes sociales, mientras que otras se defienden en la soledad.

Hay árboles que, por ejemplo, no se desarrollan bien en presencia de otros miembros de su especie. Un estudio reciente encontró que semillas que acaban de surgir no parecen responder a los químicos de sus parientes mayores. Scott Mangan y colegas del Smithsonian Tropical Research Institute determinaron que cinco especies de árboles tropicales crecen mejor en el suelo donde habitan especies distintas a las suyas.

Esa aversión podría deberse a que los enemigos naturales de un árbol dado, podrían estar en el suelo adyacente. Este proceso ha presionado esos árboles para evolucionar métodos de dispersión como las frutas o las semillas que vuelan, mecanismos que eviten la competencia con sus padres.

No es el único caso, En la Universidad de California en Davis, de acuerdo con una información en Discover, científicos hallaron que algunas especies viven mejor si tienen parientes cerca. Envían señales químicas por el aire producidas por el follaje y las ramas, señales vitales para proteger las plantas de un ataque de insectos.

Richard Karbam encontró en otra investigación que plantas idénticas genéticamente crecen lado a lado para defenderse de los herbívoros., incluyendo las orugas y los grillos, de una manera más eficiente que como lo hacen plantas aisladas.

“Son capaces de responder a señales de otros individuos en la cercanía”, dijo Karban, quien investiga si esa protección se extiende a otros miembros de la familia.

Ya en 2007, Josef Stuefer, de Radboud University en Holanda, había precisado que otras plantas como la frambuesa y los tréboles forman redes. Los individuos permanecen conectados unos a otros durante cierto periodo de tiempo, conexiones que les permiten compartir información por canales internos.

Los tréboles, demostró, se secretean por esos canales, por llamarlo así, si hay enemigos cerca. Si una de las plantas es atacada por gusanos, los otros miembros de la red son alertados por las señales internas. Una vez advertidos, las plantas intactas refuerzan su resistencia química y mecánica de modo que se hacen menos atractivas para los gusanos. De este modo pueden estar un paso delante de sus depredadores. Estudios experimentales han revelado que esto reduce mucho el daño que sufren.

Es quizás por todo esto que biólogos evolutivos comienzan a pensar en el comportamiento altruista de las plantas. El altruismo puede haber surgido dado que en determinados momentos mejorar la probabilidad de supervivencia de otro organismo incrementa las oportunidades de reproducción para pasar los genes a los descendientes.

En el American Journal of Botany, Guillermo Murphy y Susan Dudley exploraron el reconocimiento de congéneres entre Impatiens pallida, nometoques como nombre vulgar. Los individuos de esta especie crecen en estrecha proximidad y responden fuertemente a la competencia sobre el suelo. Midieron la respuesta de estas plantas a dos potenciales señales de competencia (cambios en la calidad de la luz –señal sobre el suelo- y la presencia de raíces cercanas –señal subterránea) para plantas que crecían con parientes o con extraños.

La respuesta, hallaron, varía dependiendo de si crecía con parientes o si lo hacía con plantas extrañas, lo que demuestra que es capaz de reconocerlos, revelando un grado interesante de complejidad dado que ambos tipos de respuestas diferían de plantas que crecían sin ningún vecino.

Entre parientes, no aumentaban la disposición de recursos en las hojas ni en las raíces. Antes, aumentaban su elongación y las ramas, lo que puede ser un ejemplo de cooperación familiar para adquirir los recursos sin necesidad de ensombrecer a sus parientes vecinos.

Como la luz es un factor limitante para el crecimiento de esta planta en el bosque bajo donde crecen, si compitiera con sus vecinos era más probable que dispusiera de sus recursos en las hojas.

Eso es precisamente lo que hace cuando se trata de extraños: mueve los recursos a las hojas y menos hacia raíz y yemas, con lo que provee más sombra a sus rivales.

Esta respuesta se da solo en plantas que se desarrollan con otras raíces contiguas, indicando que la comunicación entre raíces debe ser necesaria para reconocer la familia.

Tan importante como eso, es distinguir los enemigos. Por eso algunas se han ingeniado un llamado de emergencia. Ciando la larva de Spodoptera exigua se alimenta en el maíz, este libera unos compuestos volátiles que actúan como un imán para las avispas Cotesia marginiventris, que deposita entonces sus huevos sobre la larva.

Puede decirse entonces que las plantas son organismos sociales más listos de lo que se cree. No tienen voz como la nuestra, pero sí… se guiñan el ojo.

Un pollo para curar las penas del alma

Papas fritas, hamburguesa o qué tal una buena carne o unos espaguetis. Todos ellos, en su momento, son alivio para el alma, así no sean siempre lo mejor para las arterias.

La comida ayuda al corazón a lidiar con las emociones, según se desprende de un estudio publicado en Psychological Science, centrado en cómo la alimentación confort, como la llaman, hace sentir a la gente.

Jorgan Troisi de la Universidad de Buffalo y Shira Gabriel veían cómo cosas no humanas hacían sentir a las personas vinculadas. Por ejemplo, las personas pueden combatir la soledad mediante una película de televisión, estableciendo lazos virtuales con un cantante o un personaje o simplemente mirando fotos de las personas cercanas y las amistades.

Los investigadores se preguntaban si la comida tenía el mismo efecto haciendo que las personas pensaran de los seres queridos y cercanos.

En un experimento con dos grupos, quienes escribían acerca de una discusión con una persona cercana los hacía sentir solitarios. Pero aquellos generalmente seguros en sus relaciones salían de la soledad escribiendo acerca de la comida confort. “Son alimentos asociados consistentemente con aquellos cercanos a nosotros”, dijo Troisi. “Pensar sobre ellas o consumirlas sirve como un recordatorio de los demás.

En otro experimento, tomar una sopa de pollo en el laboratorio hizo que las personas pensaran más sobre sus relaciones, pero sólo si consideraban esa sopa como una comida confort.

“A través de la vida diaria de cada uno se experimenta estrés, a menudo asociado con nuestras conexiones con otros. La comida confort puede servir como una manera fácil de remediar el sentimiento de soledad”.

Los humanos, parece, pueden encontrar una variedad de maneras de estar conectados con los demás.

La soledad mata

Soledad que mata. Aunque hay tipos de personas que prefieren la soledad, nunca esta condición ha dejado de llamar la atención, pues se considera que el hombre es un ser social.
Pues bien: el aislamiento social incrementa las chances de una persona de morir luego de un derrame, según estudio en animales, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.
Courtney DeVries y colegas, reportaron que ratones machos en aislamiento presentaron menores tasas de supervivencia y experimentaron un mayor daño cerebral tras un derrame, que aquellos que vivían con hembras.
Sólo 40 por ciento de los ratones socialmente aislados sobrevivieron siete días a un derrame inducido quirúrgicamente, mientras que todos los que vivían en pareja superaron la dificultad.
Los científicos encontraron que los ratones aislados tenían niveles más altos de varios compuestos pro-inflamatorios en las áreas del cerebro alrededor del sitio del derrame, lo que podría explicar la mayor tasa de fallecimiento y de daño cerebral.
El tratamiento de estos ratones en soledad con anticuerpos para bloquear algunos de esos compuestos eliminó las diferencias en la severidad del derrame.
Los resultados sugieren que el aislamiento social puede alterar el resultado de un derrame al incrementar la respuesta inflamatoria al tejido cerebral daño.

La soledad produce frío

¡Qué persona tan fría! La expresión se escucha con frecuencia cuando alguien parece distante, aislada, y no expresa casi emociones ni sentimientos. Pero podría ser que… se tratase de alguien solitario y que, en verdad, sintiera físico frío.
En nuestro lenguaje existen muchas metáforas que vinculan las temperaturas frías con las emociones como la soledad y la tristeza. Y aunque una metáfora no se puede tomar literalmente, parece que sí existe una base sicológica para ligar el frío con los sentimientos de aislamiento social.
El cuento es el siguiente: los sicólogos Chen-Bo Zhong y Geoofrey Loenardelli, de la Universidad de Toronto, deseaban examinar la idea de que el aislamiento social podía generar un sentimiento físico de frialdad.
Tras un experimento con dos grupos de personas, encontraron que las personas, al pensar en el sentimiento de soledad y aislamiento, experimentaban que el ambiente donde estaban era más frío.
El hallazgo es sorprendente, reportaron en el último número de Psychological Science, órgano de difusión de la Asociación para la Ciencia Psicológica.
Las personas aisladas durante los experimentos, a la vez, preferían tomar café y sopa calientes, lo que concuerda con lo encontrado.
El aislamiento social produce, en verdad, frío.

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