Las rupturas producen dolor físico real

¿Le ha sucedido? Uhmm… tal vez habría que pensarlo muy bien o estar atentos para una nueva ocasión.

Crece el cuerpo de evidencias que sugiere que el rechazo social genera dolor, pues parece que la red de regiones cerebrales que soportan los componentes afectivos pero no sensoriales del dolor físico está presente en ambas situaciones.

En un nuevo estudio en Proceedings of the National Academy of Sciences, Ethan Cross, Marc Berman y colegas demostraron que cuando el rechazo es fuertemente evocado –como en el caso de alguien que hace poco tuvo una ruptura sentimental no buscada o vio la foto de su expareja mientras pensaba en su rechazo, las áreas que soportan los componentes sensoriales del dolor físico (la corteza secundaria somatosensorial, la ínsula dorsal posterior) se activan.

Los científicos mostraron cómo hay una superposición entre el rechazo social y el dolor físico en las mismas personas, usando MRI funcional.

Los resultados confieren un nuevo significado a la idea de que el rechazo duele, demuestran que el dolor físico y el rechazo son similares y no sólo en que son molestos.

Entonces, así como el amor ‘duele’, la ruptura sentimental provoca un dolor real.

Qué placer: así saboreamos ese refresco

Qué refrescante, una bebida gaseosa. Sea light o no, engorde o no. En 1767, el químico Joseph Priestley se metió a su laboratorio con la idea de resolver un serio problema de los marinos ingleses, para que se mantuvieran sanos en sus largos viajes. Mezcló agua con dióxido de carbono para crear un líquido efervescente que imitara la más fina agua mineral que se consumía en los spas europeos. Así, apuró a sus benefactores para que ese tónico fuera probado a bordo de los barcos reales, líquido que no alivió los padecimientos del escorbuto, pero que a medida que pasaron los años, esa agua carbonada comenzó a ser popular en las ciudades por su sabor y luego como ingrediente de los refrescos y de los vinos espumosos.
Perdida en los 250 años de esta historia se encontraba la explicación científica de cómo la gente saboreaba estas burbujas en su vaso. Esta semana, en la revista Science. investigadores del National Institute of Dental and Craniofacial Research (NIDCR) de E. U., y colegas del Howard Hughes Medical Institute en la Universidad de California, San Diego, reportaron haber encontrado la respuesta en ratones, cuyo sentido del gusto se asemeja al de los humanos.
Hallaron que el sabor carbonatado es iniciado por una enzima amarrada como una pequeña bandera a la superficie de las células sensoras de la acidez en las papilas gustativas. La enzima, anidrasa carbónica 4, interactúa con al dióxido de carbono en la gaseosa o refresco, activando las células de la acidez en las papilas induciéndolas a enviar un mensaje sensorial al cerebro, donde lo carbonatado es percibido como una sensación familiar.
Lógico, indicó Nicholas Ryba, autor senior del estudio, esto conduce a preguntarse por qué lo carbonado no sabe ácido.
“Sabemos que el dióxido de carbono también estimula el sistema somatosensorial de la boca. Por lo tanto, lo que percibimos como carbonatado debe reflejar la combinación de esta información somatosensorial con aquella del gusto“.
El sistema somatosensorial transmite información sensorial dentro del cuerpo desde los receptores de proteínas a las fibras nerviosas y hacia el cerebro, donde se percibe una sensación. La información sensorial común incluye el gusto, el dolor, la temperatura y el tacto.