Un increíble viaje de 11.000 kilómetros sin paradas

No los reabastecen con gasolina en pleno vuelo. Tampoco aterrizan en cualquier pedazo de tierra. Van, impulsados por su sentido, en el más largo recorrido sin escalas de una ave: 11.000 kilómetros entre Alaska y Nueva Zelanda.

Las aves migratorias dependen del límite de su resistencia para estos viajes, considerados titánicos por las distancias que cubren.

Hace más de un siglo, los ornitólogos dudaban que un viaje de 860 kilómetros a través del Golfo de México fuera posible para los colibríes. Luego la evidencia circunstancial y la más directa reveló que ese Golfo era una simple parada de las aves migratorias y que algunas eran capaces de volar sin escalas por 5.000 kilómetros.

En 2009, Gill et al entregaron evidencia directa de que una ave playera, la aguja colipinta (Limosa lapponica), hacía su viaje de Alaska a Nueva Zelanda, 11.000 kilómetros sin detenerse durante los ochos días del periplo.

Una maratón migratoria extraordinaria que hace que los científicos se pregunten más acerca de la teoría aerodinámica y la resistencia fisiológica de las aves.

En un reciente estudio en Plos Biology, Anders Hedenström, de Lund University en Suecia, analizó cuáles podrían ser los límites para un vuelo sin escalas.

No cree que la marca que ostenta esta avecilla pueda ser rota, incluso por razones simples: las limitaciones físicas de la Tierra no ofrecen una combinación de un lugar ecológicamente adecuado y áreas invernales lo suficientemente alejadas que demandaran vuelos más largos.

Esta ave de pico a cola mide unos 37 a 41 centímetros y la envergadura alar es de 70-80 centímetros, siendo más pesadas las hembras, de 260 a 630 gramos, frente a 190-400 de los machos.

Hay una migración más larga que la de la aguja colipinta, la que realiza por ejemplo el playerito pectoral (Calidris melanotos), que cría en Siberia central y pasa el invierno en Suramérica, una distancia de 16.000 kilómetros, pero que cubre en al menos dos etapas.

El charrán ártico (Sterna paradisaea) cubre la impresionante distancia de 24.000 kilómetros de la Antártica a Groenlandia en 40 días, pero se alimentan en el mar mientras viajan.

La medición de Gill y su equipo pudo hacerse mediante satélite, pues otras en el pasado se han basado en evidencia empírica: el tiempo entre la partida y la llegada a la meta.

Esto permitió ver hace poco que el correlimos aluminado realiza un viaje parecido al de la aguja colipinta, que mantiene su récord por ahora.

En su estudio, Hedenström analiza el consumo de energía de algunas aves y el diseño corporal. En su viaje, la agujita consume 0,41 de su masa por hora, uno de los rangos más bajos.