Avances en enfermedades olvidadas

La enfermedad del gusano de Guinea podría ser la segunda en ser erradicada en los últimos años, tras la polio, que aún muestra algunos pocos focos de resistencia.

No parece ser la única. Un informe de la Organización Mundial de la Salud reportó un progreso sin precedentes contra las enfermedades tropicales olvidadas, gracias a nuevas estrategias de salud pública, mejor abastecimiento de medicamentos de bajo costo y el apoyo mundial.

Son 17 enfermedades que están a punto de ser controladas o, como decía, erradicadas.

Pero hay otras que siguen siendo el coco de la salud de los países en vías de desarrollo y los más atrasados, como la enfermedad del sueño y la leishmaniasis visceral, muy difíciles de tratar.

El reporte, citado por SciDev.net, indica que la úlcera de Buruli, la enfermedad de Chagas y el pian -infección bacteriana de la piel- no cuentan con todas las herramientas para su control, requiriéndose más atención en el control de los vectores que transmiten el dengue, Chagas y leishmaniasis.

“Podemos confiar en que se cumplirán los objetivos de erradicar la enfermedad del gusano de Guinea en 2015 y el pian en 2020”, dijo a SciDev.net Jean Jannin, coordinador del equipo de Manejo Innovador e Intensificado de Enfermedades de la OMS.

Existen además buenas posibilidades de eliminar la leishmaniasis de Bangladesh y Sudán hacia 2020.

Todo esto pese a que países industrializados siguen ignorando estas enfermedades llamadas de los pobres:

“Solamente el 0.12 por ciento de los US$28 millones con los que la comunidad de donantes contribuyó a la salud mundial en 2010 fue asignado a estas enfermedades”, indicó a SciDev.net Jeremiah Norris, director del Centro para la Ciencia en Políticas Públicas del Instituto Hudson de los Estados Unidos.

Las enfermedades olvidadas afectan al menos a 1.400 millones de personas.

En la foto, un gusano sale por el pie de un paciente infectado con el gusano de guinea.

Detectan bombardeo de cometas en otro mundo

Una estrella más fría que el cuerpo humano, océanos de agua en el polvo alrededor de una estrella, un planeta en plena formación y, lo que faltaba: un bombardeo de cometas en las inmediaciones de una estrella y dentro de su sistema planetario.

La semana fue pródiga en noticias astronómicas, casi todas relacionadas con esos cercanos pero lejanos mundos que cautivan a los científicos y a los aficionados.

El telescopio espacial Spitzer, que observa en la longitud de onda del infrarrojo, detectó señales de cuerpos helados actuando en ese sistema solar en la constelación del Cuervo, en lo que pareciera ser un Late Heavy Bombardment, un bombardeo como el que sufrió la Tierra hace varios miles de millones de años y que permitió que esos cometas depositaran agua y algunos de los elementos necesarios para la vida.

Spitzer detectó una banda de polvo alrededor de esa estrella, que semeja el accionar de un cometa. Un polco localizado tan cerca de Eta corvi que podrían existir allí mundos tipo Tierra, sugiriendo que ocurrió una colisión entre un planeta y uno o más cometas.

Ese sistema tiene alrededor de 1.000 millones de años, la edad precisa para ese bombardeo. La Tierra tiene unos 4.500 millones de años y fue bombardeada hasta hace unos 3.800 millones de años, luego de lo cual comenzó a formarse la vida.

Al analizar la luz proveniente del polvo alrededor de la estrella, se encontraron huellas de hielo de agua, orgánicos y rocas, lo que indica la presencia de cometas.

“Tenemos evidencia directa de un bombardeo en Eta Corvi, ocurriendo casi al mismo tiempo que ocurrió en nuestro Sistema Solar”, dijo Carey Lisse, principal autor del estudio aparecido en Astrophysical Journal.

La huella de la luz emitida por el polvo alrededor de Eta Corvi también semeja al meteorito Amahata Sitta, que cayó a la Tierra en fragmentos en Sudán 8África) en 2008. Las similitudes entre el meteorito y el objeto destruido en Eta Corvi implican un lugar común de nacimiento en sus respectivos sistemas solares.

Un segundo y más masivo anillo de polvo frío situado casi al borde del sistema de esa estrella parece el ambiente adecuado para una reserva de cometas. El anillo brillante, descubierto en 2005, se sitúa de Eta Corvi a unas 150 veces la distancia Tierra-Sol, una región similar al cinturón de Kuiper, donde se forman cometas y existen otros cuerpos rocosos en nuestro Sistema Solar.

O sea: podríamos estar asistiendo en la lejanía a la formación de un sistema solar muy parecido al nuestro en el que quizás llegara a formarse la vida en unos miles de millones de años.

Una agradable sorpresa que regaló la semana, pero no fue la única.

En efecto, Kevin Luhman, profesor de Penn State, reveló en un encuentro en la Nasa el hallazgo de un cuerpo casi tan frío como un día de verano en Arizona.

Se trataría de una estrella enana marrón, una estrella que no alcanzó a acumular el suficiente material para desencadenar reacciones nucleares como una estrella, pero que es varias veces más grande que Júpiter. Esa enana marrón tiene una compañera, una enana blanca, girando ambas a una distancia de 2.5000 veces la distancia Tierra-Sol. La enana blanca es el residuo de la explosión de una estrella como nuestro Sol.

Las mediciones indican que aquella frustrada estrella tendría una temperatura cercana a la del cuerpo humano.

Se encuentran a 63 años luz de nosotros, muy cerca en verdad.

Dibujo cortesía Nasa/Sptizer

El meteoro que deslumbró a nuestros ancestros

Nos sorprendemos todos cuando vemos algo raro en el firmamento. ¿Se acuerdan de los recientes meteoros sobre dos regiones colombianas? De todo se dijo. Y con una gran ignorancia.

Hace unos pocos miles de años –no se ha precisado aún- un objeto rasgó el cielo africano y cayó cerca de lo que hoy es el borde entre Egipto y Sudán, en pleno desierto del Sahara.

Es muy probable que, dado su tamaño, hubiese sido observado por primitivos humanos. ¿Qué habrán pensado?

El cráter que dejó sólo fue hallado. En 2008, el minerólogo Vincenzo De Micheli, del Museo de Historia Natural de Milán, que buscaba rasgos naturales en el planeta utilizando Google Earth, lo detectó.

Se puso en contacto con el astrofísico Mario Di Martino, del Instituto Nacional de Astrofísica, que junto a Luigi Folco del Museo de la Antártica en Siena, organizaron la expedición.

El meteoro pudo alcanzar la superficie a una velocidad de 12.000 kilómetros por hora, medía 1,3 metros y pesaba una tonelada: era de hierro.

Calculan los científicos que pudo ser observado hasta a 1.000 kilómetros de distancia, como una bola de fuego que caía. El cráter tiene un tamaño de 16 metros de profundidad y 45 de ancho. Permaneció prácticamente igual hasta ahora.

Los primeros análisis sitúan la frontera del suceso hace 10.000 años, pero podrían ser varios miles menos.

El cráter se fue denominado Kamil, por un promontorio cercano.

Los científicos determinaron que un meteoro metálico de ese tamaño no se desintegra en la atmósfera, sino que explota al chocar con la superficie y produce un cráter. Una información que servirá para establecer el riesgo de pequeños asteroides.

El informe sobre este estudio fue presentado por Alphagalileo, que difunde notas científicas europeas.

¿Qué habrán pensado quienes lo vieron caer?

Foto cortesía L. Folco