Encuentran el gen del buen sueño

¿Durmió poco? Bueno, aunque amanezca adormilado y con algo de frustración, ahora tendría a quién echarle la culpa.

Dormir mucho o poco depende en parte de un gen que también determina si una mosca vuela toda la noche haciendo su conocido zumbido.

Genetistas estudiando la duración del sueño en personas escasearon el ADN de más de 4.200 europeos buscando genes asociados con la duración promedio del sueño nocturno.

El grupo encontró que las personas que tienen una versión de un gen llamado SURZ dormían en promedio 28 minutos más que quienes poseían otra versión del mismo ven, informó Karla Allebrandt, de la Universidad de Munich, quien presentó el estudio en el encuentro de la American Society of Human Genetics.

Para determinar si ese gen realmente afectaba el sueño o era sólo un hallazgo coincidencial, los científicos examinaron el funcionamiento del gen en moscas de las frutas. El grupo removió el gen del cerebro de dos cepas de moscas y luego grabó si dormían bien. Aquellas sin el gen no dormían tanto como las que sí lo tenían. El gen codifica una proteína que forma parte de un canal que transporta potasio hacia dentro y afuera de las células.

El año pasado, científicos de la Universidad de California, de acuerdo con la revista Science News, reportaron que una variación escasa del gen DEC2, un gen involucrado en regular los ritmos diarios del cuerpo, está asociado con dormir en promedio dos horas menos.

El gen para dormir bien

Si no duerme mucho, no son los ronquidos de su compañero ni el ruido del vecino. Podría haber otra razón; sus genes.
Científicos descubrieron el primer gen involucrado en regular la extensión óptima del sueño humano, lo que abre una puerta en un aspecto clave de un fenómeno enigmático crítico para la buena salud física y mental.
En un informe revelado en Science, se reportó un gen mutado que les permite a dos miembros de una larga familia arreglárselas bien con seis horas de sueño en vez de las 8 u 8 y 30 que distintos estudios han demostrado ser la ideal para mantener una buena salud.
Se considera que dormir menos de ocho horas no es suficiente para embarcarse a lo largo del día en un trabajo extenuante, en las labores del hogar o en el ejercicio físico.
“Las interrupciones cortas o crónicas de la óptima extensión del sueño pueden tener consecuencias serias en asuntos de conocimiento, humor y la salud física, incluyendo el cáncer y la función endocrina”, dijo la autora senior del estudio, Ying-Hui Fu, profesora de la Universidad de California.
El hallazgo permitiría que un día se realicen intervenciones para aliviar las patologías asociadas con el mal dormir.
El sueño permanece como un fenómeno relativamente inescrutable. Los científicos saben que es regular en parte por dos procesos: los ritmos circadianos, los mecanismos genéticos, bioquímicos y fisiológicos que se activan o detienen durante un periodo de 24 horas para regular el tiempo del sueño y, segundo, la homeoestasis, mecanismos desconocidos que aseguran que el cuerpo adquiera con el tiempo la necesaria cantidad de sueño, conduciéndolo a dormir cuando no lo ha hecho y despertándolo cuando ha dormido lo suficiente. Esta regulación de la intensidad del sueño es medida en el REM, movimiento rápido del ojo (rapid eye movement) o en el no REM.

¿Con sueño? ¡Consiga pareja!

Mujeres: si quieren dormir bien, olvídense de las pastillas. ¡Consigan pareja!
Un matrimonio estable o tener un compañero ha sido asociado con un mejor dormir en las mujeres, en comparación con aquellas solteras o sin pareja, según un estudio presentado hoy por en Sleep, la reunión anual de Sociedades de Profesionales del Sueño Asociados.
Los resultados demostraron que las mujeres con una unión estable o que habían conseguido pareja durante los ocho años que duró el estudio, dormían mejor.
Wendy Troxel, de la escuela de Medicina de la University of Pittsburgh, las mujeres con una relación matrimonial estable tenían la mejor calidad de sueño, medida objetiva y subjetivamente. Los resultados se mantuvieron luego de controlar factores asociados al sueño como edad, etnia, estatus socioeconómico y síntomas depresivos.
Las mujeres que consiguieron pareja durante el lapso del estudio, también tenían buena calidad de sueño, pero tras mediciones objetivas descansaban menos que las felizmente casadas.

Despiertos, pero trasnochados

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Las insospechadas cosas del cerebro. Un estudio aparecido en The Journal of Neuroscience, reveló que una noche sin dormir incrementa la cantidad de dopamina en el cerebro. Como las drogas que incrementan ese nivel, como las anfetaminas, promueven la vigilia, los hallazgos serían de ayuda para explicar cómo el cerebro ayuda a las personas a permanecer despiertas a pesar de la necesidad de dormir.
El estudio mostró además que el aumento en la dopamina no logra compensar el déficit de conciencia causado por la privación del sueño.
Es la primera vez que un estudio halla evidencias de que en el cerebro humano la dopamina tiene que ver con adaptaciones que se derivan de no dormir.
Que afecta, el trasnocho afecta…

Ahora, ¿cómo me duermo?

No es que no quieran, es que no pueden.
Junto con la edad vienen algunos cambios y uno de ellos se da en el sueño. La gente mayor pierde capacidad para dormir, según un reporte publicado en Current Biology.
Cuando fueron enviados a la cama 16 horas al día, los jóvenes lograron dormir 9 horas, mientras los mayores apenas 7,5.
La explicación sería que los adultos mayores requieren menos sueño, según Elizabeth Klerman, del Hospital Brigham de la Escuela de Medicina de Harvard.
Pero también es posible que duerman menos cuando tienen la oportunidad de dormir más debido a cambios en la capacidad para dormirse y mantenerse dormido relacionados con la edad.
Los hallazgos aplican solo a individuos sanos sin medicación alguna y sin desórdenes del sueño.
El estudio encontró que la gente más sana, los jóvenes en particular, no duermen lo suficiente.
Se sabe que los cambios que vienen con la edad afectan el sueño. De hecho el insomnio es común en los adultos, pero no se sabe si se debe a factores sociales. a los ritmos circadianos o a cambios internos sobre la necesidad de dormir.
¿Se despertó ya?

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