Increíble: milpiés trazan frontera

Entre humanos, las barreras siempre han estado presentes. No son solo las geográficas. Los límites entre posesiones, territorios y países están bien marcados y se respetan so pena de que vengan serios problemas.

Una línea misteriosa donde se encuentran dos especies de milpiés ha sido rastreada en el noroccidente de Tasmania, Australia.

Son dos especies comunes en sus respectivos rangos, pero ambas cruzan muy poco el territorio de la otra.

La zona de mezcla, donde se encuentran, es de unos 230 kilómetros de longitud y de menos de 100 metros de ancha.

La zona fue mapeada durante dos años por Bob Mesibov, especialista en milpiés e investigador del Queen Victoria Museum and Art Gallery en Launceston, Tasmania. Los resultados acaban de ser publicados en el journal ZooKeys.

“No tengo idea de porqué esta línea es tan exacta”, dijo. “La frontera sube y desciende colinas, cruza ríos y diferentes suelos, e ignora el tipo de vegetación y las diferencias climáticas. Su posición y su exactitud parece ser resultado de una disposición biológica inexplicada entre las dos especies”.

Los biogeográfos utilizan la palabra parapatría para el caso donde dos rangos de especies se encuentran pero no se trasponen, o trasponen muy poco.

Mesibov dijo que la parapatría se ha reportado antes en otras especies de milípedos e invertebrados terrestres, en Tasmania y en otras partes del mundo. Sin embargo, las fronteras parapátricas a menudo siguen rasgos geográficos como una ladera o los bordes de una fuente de agua.

“No parece haber una explicación ecológica o geográfica para esta frontera en particular. Con 230 kilómetros, es 50% más larga que la frontera entre Inglaterra y Escocia. Y el control fronterizo parece ser mejor que el que practicamos los humanos”, dijo.

Las dos especies de milpiés, Tasmaniosoma compitale y T. hickmanorum,

son del mismo género y se cree que están emparentadas. Fueron descritas en 2010 por el mismo autor.

El clima tiene sus locuras

Una prueba de que el clima anda más caliente, son los glaciares. A los colombianos les quedan, en conjunto, menos de 30 años. Ya han desaparecido varios.
Mientras la gran mayoría se contrae, algunos pocos al sur del ecuador y Nueva Zelanda se fortalecen. ¿Por qué?
Un estudio publicado en Science revela que durante los últimos 7.000 años, en el periodo de la post glaciación llamado Holoceno, en el cual según algunos científicos continuamos, los glaciares de Nueva Zelanda no han marchado acompasados con los del Hemisferio Norte, sugiriendo fuertes variaciones regionales en el clima.
La sabiduría convencional dice que durante la era de la civilización humana, el clima ha sido relativamente estable, pero el nuevo estudio desafía tal punto de vista al demostrar que los glaciares de esa región han pasado por rápidos periodos de crecimiento y declinación durante el actual periodo interglacial.
Los hallazgos permiten una nueva mirada al comportamiento del clima y un mapa diferente del comportamiento del clima durante el Holoceno, que comenzó hace unos 11.500 años.
En la imagen se aprecia el glaciar de Tasmania, con sus derretimientos y el cambio climático en los últimos 150 años. Cortesía Joerg Schaefer.
Las locuras del clima, ¿quién las comprende?

Extinguir: esa vieja costumbre humana

Ha sido el hombre el mayor depredador que ha existido o son los fenómenos naturales los que han dado cuenta de ciertos animales? Podría ser lo uno o lo otro, pero nuevas evidencias apuntan a que el hombre sí ha participado, desde la prehistoria, en la extinción de algunas especies.
A esa conclusión llegaron investigadores encabezados por el profesor Chris Turney, de la Universidad de Exeter, que publicaron sus hallazgos en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences.
El estudio concluyó que los canguros gi8gantes de Tasmania, los marsupiales rinos y los leopardos aún habitaban lo que hoy es la isla cuando los primeros humanos se asentaron allí hace unos 43.000 años, cuando la isla estuvo conectada, temporalmente, por un puente de tierra que la unía a Australia.
Ningún ejemplar de esa megafauna sobrevivió a nuestros días, lo que coloca a esos pobladores en el rango de sospechosos de haber participado en su extinción.
El nuevo descubrimiento tiene que ver con evidencias de que los canguros gigantes vivían allí cuando llegaron los primeros humanos. Estas pruebas controvierten la idea de que el cambio climático producido al final de la última edad de hielo era la responsable de su desaparición.
Mediante modernas técnicas de datación con radiocarbono y luminiscencia, los científicos pudieron determinar con mayor precisión que nunca la edad de restos fosilizados de esa megafauna. Los resultados demostraron que algunos de esos animales sobrevivieron hasta al menos hace 41.000 años, es decir dos mil años después de la llegada de los primeros pobladores.
En la foto, cortesía del Museo Reina Victoria de Tasmania, se observa un cráneo de protemnodonte hallado en la caverna del monte Cripps, al noroeste de Tasmania.