Resumen científico de la semana

Foto Wikipedia commons

1. El mejor no incentiva

Es muy común: en las oficinas destacan al empleado del mes o del año. En los centros educativos también. Lo hacen para poner de ejemplo su esfuerzo. Ahora un estudio en Psychological Science sugiere que esa distinción puede tener un efecto contrario en los demás: los desalientan a tener más logros, lo que los autores llaman ‘un desestímulo ejemplar”. Eso significaría que hay que alentar otro tipo de prácticas en instituciones y empresas.

2. Tortugas a la carta

Hoy en algunos países del sudeste asiático la sopa de tortuga es una exquisitez. En otros lugares no se consume. No fue siempre así. Cerca e Tel Aviv, Israel, científicos desenterraron fósiles de tortugas de hace 400.000 años que sugieren que eran consumidas por los habitantes de aquella época, mostrando la diversificación de la dieta de quienes vivieron en el Paleolítico. El estudio apareció en Quaternary Science Reviews.

3. Confieso que lo hice

Una nueva investigación aparecida en Proceedings of the National Academy of Sciences muestra que la privación del sueño puede hacer que las personas admitan falsamente que hicieron algo malo. En Estados Unidos, por ejemplo, las falsas confesiones son cerca del 25% de los casos de convictos injustamente encausados. Esa táctica es común en interrogatorios a sospechosos, haciendo que la persona pierda la capacidad de anticipar las consecuencias de sus acciones.

4. Hormona riesgosa

La hormona arginina vasopresina promueve la cooperación arriesgada en humanos dice estudio en Proceedings of the National Academy of Sciences. La cooperación se ha sabido, es intrínsecamente reconfortante para las personas permitiéndoles subvalorar riesgos asociados con ella. En el experimento, las personas que recibieron esa hormona eran mucho más dados a cooperar en un juego que suponía altos riesgos, que aquellos que no la recibieron algo que sugiere que esa hormona desempeña un papel activo en ese comportamiento.

5. Juntos es mejor

Los pájaros pequeños también forman lazos duraderos con sus congéneres, además compartir largos viajes con ellos, una cercanía que favorece la reproducción y facilita el proceso de ajustarse a un nuevo lugar, según el estudio aparecido en Bird Study. Esa característica había sido observada y estudiada en aves grandes. Los miembros de un grupo de luganos pueden permanecer juntos hasta 4 años.

6. Emisores clandestinos

No habían sido muy estudiados en cuanto a su aporte. Por eso sorprenden los datos de un estudio aparecido en Nature Geoscience que dice que los estanques o humedales pequeños de menos de media hectárea que solo comprenden 8,6% del área de lagos y estanques responden por el 15,1% de las emisiones de dióxido de carbono y 40,6% de metano de esos cuerpos de agua. Para el estudio revisaron 427 de esos humedales.

7. La estatura y el cáncer

Las personas de mayor estatura tienen menos riesgo de desarrollar enfermedades como las cardiovasculares y la diabetes, pero un mayor riesgo de cáncer, lo cual se debe a la activación de un sistema relacionado con los factores de crecimiento. El estudio apareció en The Lancet Diabetes & Endocrinology y tiene implicaciones para la guía médica.

8. De víctima a victimario

La Tierra, según varios investigadores, tiene mucho que agradecerle a Júpiter pues según sus estudios ha servido de escudo protector desviando cometas y asteroides dada su gran influencia gravitacional. Una investigación aparecida en Astrobiology cuestiona esa creencia y dice que por el contrario Júpiter y Saturno se han encargado de ‘patear’ objetos hacia el sistema solar interior, del cual la Tierra forma parte. ¿Cuál hipótesis prevalecerá?

9. Pobreza, flacura y gordura

Cuánto comes dependerá para muchos de cuán acomodada era su familia. Un estudio sugiere que las personas que de niños padecen hambre, cuando crecen y tienen mayor riqueza comen incluso en ausencia de hambre, lo que influye en la tendencia a la obesidad y otros desórdenes, según el artículo en Psychological Science. La pobreza interrumpe el vínculo entre hambre y comida.

10. A vivir más

Investigadores demostraron que las células senescentes, que no se dividen y se acumulan con la edad, impactan de modo negativo la salud y acortan la vida de los ratones en un 35%. El estudio revela que la eliminación de esas células retrasa la formación de tumores, preserva el funcionamiento de tejidos y órganos y extiende el ciclo vital sin efectos adversos observados. La pregunta ahora es ¿servirá para humanos? El artículo apareció en Nature.

Dicen que hallaron las mañanitas del rey David

El palacio de David. Del bíblico rey David. Ese es el que sugieren haber descubierto científicos israelíes, un anuncio que de inmediato trajo reacciones.

Resulta que arqueólogos de la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Autoridad Israelí de Antigüedades dijeron que su hallazgo, un complejo fortificado al oeste de Jerusalén en Khirbet Qeiyafa es el primer palacio del mítico rey en ser descubierto.

“Khirbet Qeiyafa es el mejor ejemplo a la fecha de una ciudad fortificada de tiempos del rey David”, expresó Yossi Garfinkel, arqueólogo, sugiriendo que David habría usado el sitio.

La excavación duró 7 años.

El equipo encontró objetos usados por judeos y no encontraron restos de cerdos, animales prohibidos por la ley judía. Para él, estas son señales de que David y sus descendientes rigieron el sitio.

Para algunos críticos, el sitio pudo pertenecer a otros reinos del área. El consenso entre los académicos es que no existe una prueba física contundente del rey.

La arqueología bíblica es confusa. A mundo los israelíes proclaman hallazgos de sitios históricos que también reclaman los palestinos, como la vieja ciudad de Jerusalén. A pesar de numerosa evidencia arqueológica, los palestinos niegan que el bíblico templo judío dominara la colina donde hoy se asienta la mezquita de Al-Aqsa Mosque, el tercer sitio sagrado del islam.

Los investigadores, en general están divididos sobre si las historias bíblicas pueden ser validadas por restos físicos.

Esta no es la primera vez que se reclama el hallazgo de un palacio del rey David. En 2005 Eilat Mazar dijo que había hallado los restos del palacio en Jerusalén, del siglo X antes de Cristo, cuando debió mandar este rey. Su anuncio también provocó escepticismo, incluso de Garfinkel.

Este cree que el rey David vivió en Jerusalén en un sitio aún no descubierto y que visitaba Khirbet Qeiyafa y otros palacios por cortos periodos.

El arqueólogo Israel Finkelstein de la Universidad de Tel Aviv está de acuerdo en que Khirbet Qeiyafa es un sitio elaborado y muy fortificado del siglo X antes de Cristo, pero pudo haber sido construido por filisteos, canaanitas u otros pueblos del área.

Unas células vitales para el aprendizaje

No solo son el pegamento que mantiene juntas las neuronas, como se había pensado. Las células gliales, llamadas así por la palabra griega ‘cemento’ son fundamentales para la plasticidad cerebral, esa manera como el cerebro se adapta, aprende y almacena la información.

Investigadores de la Universidad de Tel Aviv encabezados por Maurizio De Pittà piensan que las gliales desempeñan un papel más allá de mantener unidas las neuronas y poseen información para el proceso de aprendizaje. “Son como las supervisoras del cerebro, Al regular la sinapsis, controlan la transferencia de información entre neuronas, incidiendo en la forma como el cerebro procesa la información y aprende”, dijo.

De Pittà, junto con Eshel Ben-Jacob, Vladislav Volman (The Salk Institute) y Hugues Berry (Université de Lyon), desarrolló un modelo de computador que incorpora la influencia de las células gliales en la transferencia de la información sináptica, reporte presentado en Plos Computational Biology.

El modelo puede ser implementado en tecnologías basadas en redes cerebrales tales como softwares de computador y microchips, así como de ayuda para desórdenes cerebrales como la enfermedad de Alzheimer y la epilepsia.

El cerebro está constituido por dos tipos principales de células: neuronas y gliales. Las primeras activan las señales que dictan cómo pensamos y nos comportamos, usando la sinapsis para pasar el mensaje de una neurona a otra.

Las células gliales abundan en el hipocampo y en la corteza, dos áreas del cerebro que ejercen el control sobre la capacidad del cerebro de procesar información, aprender y memorizar. De hecho, por cada neurona, hay de 2 a 5 gliales.

El cerebro, explica Ben-Jacob, es como una red social. Los mensajes se pueden originar en las neuronas, que usan la sinapsis como su sistema de entrega, pero las gliales sirven como un moderador, regulando cuáles mensajes se envían y cuándo.

Estas células pueden acelerar la transferencia de información o disminuir la actividad si la sinapsis está sobrecargada. Esto convierte las gliales en las guardianas de nuestros procesos de aprendizaje y memoria, orquestando la transmisión de información para el funcionamiento óptimo del cerebro.

En la foto, células gliales de ratón. Cortesía.

Implantan cerebelo robótico en una rata: ¡y funcionó!

En un avance sorprendente y que raya con lo increíble, científicos israelíes implantaron con éxito un cerebelo robótico en el cráneo de un roedor con caño cerebral, restaurando su capacidad de movimiento.

Este cerebelo cibernético consiste de un chip de computador eléctricamente conectado al cerebro de la rata con electrodos, colocándose el chip por fuera del cráneo..

El cerebelo es responsable de coordinar el movimiento, explicó el profesor Matti Mintz, del Departamento de Psicología en la Universidad de Tel Aviv. Cuando se conecta con el cerebro, este cerebelo robótico recibe, interpreta y transmite información sensorial del tallo cerebral, facilitando la comunicación entre el cerebro y el cuerpo.

Para examinar esta interfaz robótica entre cuerpo y cerebro, los investigadores enseñaron a una rata anestesiada y con daño cerebral a parpadear cuando escuchaba un sonido y recibía un soplo. La rata sólo respondía cuando el cerebelo robótico estaba conectad, no pudiendo parpadear cuando estaba desconectado..

Según el investigador, el chip está diseñado para imitar la actividad natural de las neuronas. “Es una prueba del concepto de que podemos grabar información del cerebro, analizarla de una manera similar a la red biológica y entonces regresarla al cerebro”, dijo Mintz, quien presentó su investigación en el encuentro Strategies for Engineered Negligible Senescence en Cambridge, Reino Unido.

Este cerebelo podría conducir en un futuro aún lejano a implantes electrónicos que remplacen tejidos dañados en el cerebro humano, habiéndose probado ya, en distintas ocasiones, que extremidades prostéticas e implantes cocleares pueden conectarse al cerebro, aunque son dispositivos de una sola vía de comunicación.

El dispositivo podría incluso servir para mejorar el poder de cerebros sanos.

La próxima etapa será modelar un área más grande del cerebelo que aprenda una secuencia de movimientos y ensayar el chip en un animal consciente, un enorme reto.

Un paso más, de todas maneras, hacia la inteligencia artificial.

En la imagen, rata de laboratorio.

Cómo borrar las huellas dactilares

Se lo desearía cualquier criminal., pero lo que la cirugía no da la naturaleza sí y a manera de desviación genética.

Científicos descifraron el enigma de una ciudadana suiza sin… huellas digitales.

Aunque parezca tema de una película de suspenso, el cuento tiene su historia diferente.

En 2007 esa mujer, que andaba terminando su tercera década de vida, intentó cruzar la frontera de Estados Unidos. Agentes de inmigración no pudieron confirmar su identidad. Aunque la foto del pasaporte era igual a su cara, cuando escaneaban sus manos descubrieron algo que los inquietó: sus dedos no tenían huellas dactilares.

La mujer tenía una extraña condición, conocida como adermatoglifia, llamada por el dermatólogo Peter Itin de la University Hospital Basel en Suiza como “la enfermedad del retraso en inmigración”, por razones obvias. Además de yemas de los dedos lisas, las personas sudan menos de lo normal.

Como otros 9 miembros de la familia de la mujer también carecían de huellas, Itin y colegas, incluyendo a Eli Sprecher, del Tel Aviv Sourasky Medical Center sospechaban que la causa podría ser genética.

Recogieron ADN de la familia y compararon con otros miembros que no la tenían. Se hallaron diferencias en 17 regiones cercanas a genes. Luego secuenciaron esos genes pretendiendo hallar al culpable.

No encontraron nada. Sprecher pensaba que habían hecho mal el examen o una mutación estaba oculta en la región basura del genoma. Janna Nousbeck analizó bases de datos de transcripciones raras del ADN de las regiones sospechosas y encontró una secuencia corta que se sobreponía en parte a un gen llamado Smarcad1.

Un análisis reveló que ese gen era el culpable. Estaba mutado en los miembros de la familia con la extraña condición, pero no en los otros, publicaron en The American Journal of Human Genetics.

El trabajo de Sprecher será, en adelante, determinar exactamente cuál es la función del gen y cómo contribuye a la formación de patrones de huellas.

Te gusto yo, ¿o son mis bacterias las que te atraen?

Cada vez, parece, queda menos espacio para la libre determinación. Un parásito, el T. gondii, por ejemplo, está en el cerebro de cientos de millones de personas y les ha modificado su personalidad. Ahora llega lo que nadie esperaba.

Científicos parecen haber demostrado que podríamos tener sexo dirigidos por las bacterias: lo tendríamos con quienes tienen bacterias similares a las que poseemos en nuestros intestinos. Es decir: ¿te gusto yo o son mis bacterias las que te apetecen?

Eso se desprendería de un estudio publicado en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences que halló que las moscas Drosophila prefieren aparearse con otras que se alimentan de la misma dieta como producto de las bacterias que viven en su sistema digestivo.

Estas aparentes preferencias, que surgen justo luego de una generación, sugieren que la microbiota de un organismo puede facilitar la rápida evolución y la especiación.

“Es un paper interesante”, dijo Patty Gowaty, de la Universidad de California, Los Ángeles, quien no tuvo que ver con el estudio. “Pensar que esas bacterias intestinales podrían estar asociadas con los eventos reproductivos de los individuos es fascinante”.

“Existe mucha investigación emergente hoy acerca de los efectos fisiológicos de la microbiota, y los cambios en ella en respuesta a las condiciones ambientales”, indicó a The Scientist el genetista evolutivo Paul Hohenlohe, de Oregon State University. “Este estudio agrega las preferencias de apareamiento”. Él no estuvo vinculado a la investigación.

Diane Dodd, de Yale University, crió hace años moscas Drosophila melanogaster en distintos medios por más de 25 generaciones y encontró que las criadas con residuos vegetales se apareaban con mayor probabilidad con las criadas en el mismo medio, así como las criadas con maltosa tendían a aparearse con las criadas en el mismo medio.

Para averiguar el porqué, Eugene Rosenberg, de Tel Aviv University, coautor del presente estudio, cultivó moscas en distintos dietas y confirmaron los hallazgos de Dodd. Al suministrarles antibióticos a las moscas para eliminar las bacterias, ellas se apareaban indistintamente, sin preferencias por un medio en especial.

Para Gowaty, esa es sólo una posibilidad, la otra es una interacción entre los sexos.

Al restablecer una bacteria en una de las moscas, Lactobacillus plantarum, las preferencias de apareamiento retornaron.

No se sabe en verdad cómo se da, pero podría ser por las feromonas sexuales, en las que se encontraron diferencias según la dieta, pero es sólo un indicio.

La mosca Drosophila melanogaster es uno de los animales más estudiados, por cierto parecido genético con los humanos. ¿Será que nuestras bacterias nos dicen con quién tener sexo?