Especial fin de semana: un anticonceptivo masculino

El largo camino para detener tanto espermatozoide

Tanto tiempo llevan en uso los métodos anticonceptivos femeninos, que parece algo ligado a la mujer. Parece, no es que tenga que serlo.

Bromean los investigadores sobre contracepción masculina que un método aparte del condón y la vasectomía ha estado a entre 5 y 10 años de ser alcanzado… durante las últimas cuatro décadas.

La píldora masculina. ¿Existirá? ¿Cómo evitar que millones de espermatozoides no cumplan su cometido?

Es el tema que Nia Bai analizó en extenso en Scientific American.

Es que no es fácil. Aparte de ese gran obstáculo, persisten otros dos: la seguridad que toda nueva droga debe cumplir y si, después de todo, los hombres usarán el método, punto este que no parecería del todo imposible considerando que sobre la píldora femenina hubo también resistencia, toda suerte de conjeturas y mucho rechazo desde los campos político y, en especial, religioso.

Que los hombres son machistas y consideran que la mujer es la que debe tomar cartas en el asunto, es tan cierto que mucho porcentaje de los embarazos no son planeados.

Los condones han estado en la escena durante los últimos 300 años. Hoy siguen siendo relativamente baratos y ampliamente disponibles, siendo un 98 por ciento efectivos contra el embarazo fuera de ofrecer buen grado de protección contra enfermedades de transmisión sexual.

Pero vamos al grano: ¿qué tan lejos está la píldora masculina u otro método seguro y reversible? La vasectomía, por ejemplo, puede ser reversible pero tras una complicada y costosa microcirugía que no siempre es exitosa. Pero no es método de prevención: es la esterilización en carne y hueso.

Durante años las mejores promesas residían en un acercamiento hormonal –análogo al anticonceptivo femenino en pastillas- para controlar la producción de hormonas, pero los resultados inconsistentes y los efectos asociados al prolongado uso de testosterona, han hecho voltear las miradas hacia otros sitios.

Los nuevos métodos no hormonales se enfocan en varios nodos en el desarrollo de los espermatozoides, su movilidad y las capacidades de penetración del óvulo. También se trabaja en una especie de vasectomía reversible que involucra bloquear los vasos deferentes con un polímero que se puede disolver luego.

La mayoría de alternativas se dirige a hombres en relaciones estables que buscan un método reversible y confiable de anticoncepción.

Ellos desean hoy tener un mayor control sobre su fertilidad.

En parejas en las que a las mujeres les queda muy difícil la anticoncepción por reacciones del cuerpo, mirar al hombre es la única opción segura: la mitad de los embarazos en E. U. no son planeados y de ellos la mitad termina en aborto.

Pese a la escasez de fondos, el trabajo continúa. Ninguno de los métodos no hormonales alcanza la etapa del ensayo clínico, pero siguen ganando espacio entre los investigadores.

John Amory, de U.W. se ha interesado por ejemplo en el ácido retinoico, un metabolito de la vitamina A esencial para la espermatogénesis, pero en modelos animales el compuesto usado inhibe también una enzima para el procesamiento del alcohol por el hígado. “Y si no existiera el alcohol, no se necesitaría un método anticonceptivo”, bromea el científico, que busca otro inhibidor más específico.

Un avance fue logrado por Debra Wolgemuth en Columbia University al alcanzar la reversión de la infertilidad en ratones con ese método.

Otros laboratorios buscan modos de impedir la habilidad del espermatozoide de localizar y nadar hacia el óvulo, para lo cual se acercan a un grupo de proteínas conocidas como CatSpers, reconocidas por controlar el movimiento de las colas tras la eyaculación. Como esas proteínas sólo aparecen en los espermatozoides, una droga específica tendría pocos efectos colaterales.

Se investigan además otros agentes, como gamendazole y adjunina, que se enfocan en las células de Sertoli dentro de los testículos que son cruciales en el alimento de los espermatozoides. Pero ninguna será probada antes de dos o tres años.

Uno de los métodos curiosos en marcha es impulsado por la activista Elaine Lissner: inhibición reversible de espermatozoides bajo guianza (Risug en inglés). Desarrollado en India, donde se efectúan ensayos clínicos experimentales, involucra una pequeña incisión en el escroto y la inyección de un polímero gelatinoso dentro de los vasos deferentes. El polímero poroso no bloquea el flujo del esperma, pero desactiva los espermatozoides al interrumpir la química de sus membranas.

El polímero se ha logrado disolver en primates mediante un solvente inyectado. Sobre su uso en humanos, no todos están seguros de la efectividad.

¿Y los métodos hormonales? De todas maneras hay que repasarlos. Porque no es que se haya dejado de trabajar.

Un anticonceptivo masculino incrementaría los niveles de testosterona para suprimir la producción de espermatozoides. Esa hormona inhibe la liberación de sos hormonas de la pituitaria (LH y FSH) que controlan la producción de testosterona en los testículos y la espermatogénesis respectivamente, funcionando en equilibrio. Un anticonceptivo que entregue testosterona adicional en la corriente sanguínea envía una señal a la pituitaria para suprimir las hormonas que promueven la producción de espermatozoides.

En las mujeres, la píldora replica el estado natural del cuerpo de infertilidad-preñez y engaña al cuerpo actuando como si estuviera preñado. Los hombres no tienen un tiempo análogo. Desde la pubertad producen espermatozoides hasta la muerte.

Mientras la mujer produce un óvulo por mes, cada latido del hombre entrega unos 1.000 espermatozoides, un serio problema. Pero como dijo Amory a Scientific American, la contracepción masculina no requiere eliminar la producción de espermatozoides. Solo 5 por ciento más o menos son funcionales y muy pocos además sobreviven el largo viaje hasta el óvulo. Al bajar el conteo de espermatozoides a menos de 1 millón por milímetro de eyaculado de los usuales 20 a 30 millones es de facto una condición de infertilidad.

Aunque se les llama la píldora masculina, los anticonceptivos hormonales en desarrollo para hombres son en su mayoría testosterona sintética vía inyecciones, implantes de liberación lenta o gelatinas para ser absorbidos por la piel. La ingestión oral de testosterona es menos efectiva porque la hormona es procesada por el hígado. Agregar progesterona (la hormona sexual femenina) que también suprime la espermatogénesis, a un régimen de testosterona mejora los resultados: una efectividad del 90 por ciento (el éxito de la píldora femenina es del 98%). Por razones no claras aún, existen hombres en los que la supresión de espermatozoides es insuficiente.

En abril pasado se suspendió un ensayo con progesterona sintética y testosterona debido a tasas muy altas de reacciones secundarias, como irritación y acné entre los 321 participantes.

La esperanza es que con el tercio de participantes que pudo completar los 12 meses de inyecciones se encuentran respuestas.

Este año o a comienzos de 2012 se iniciará un ensayo clínico con un implante anticonceptivo liderado por Population Council, de la Universidad de California en Los Ángeles y U. W. Se colocará bajo la piel del brazo y contiene un esteroide sintético modificado que semeja la testosterona pero que no debería tener el mismo efecto de crecimiento de la próstata asociado a veces con tratamientos de testosterona.

¿Usaría usted uno de estos métodos de convertirse en exitosos? Muchos dicen que sí. De hecho una gran encuesta en nueve países de cuatro continentes reveló en 2002 que 55 por ciento sí.

Mientras tanto, el condón y la vasectomía continuarán su camino. Y quizás, esta vez sí sean los últimos 5 o 10 años de esas cuatro o cinco décadas de espera.

Tomado con adaptaciones de Scientific American.

Qué pasa con las atletas mujeres que parecen machos

Quizás algunos recuerden el caso de Caster Samenya, la atleta sudafricana, quien fue cuestionada tras vencer con facilidad en la prueba de los 800 metros en el Campeonato Mundial de Atletismo en Berlín 2009 y mucho se dijo de ella, que incuso era un hombre disfrazado, que era hermafrodita y quién sabe qué más sandeces de la prensa moderna, toda una perezosa para investigar.

A Samenya se le prohibió correr durante un año luego de que las pruebas dieran que tenía unos niveles muy altos de testosterona.

¿A qué viene todo eso? Que las atletas no serán autorizadas a competir si presentan niveles de esa hormona semejantes a los de un macho.

Esa es la recomendación que sobre el hiperandrogenismo femenino hizo el Comité Olímpico Internacional y que fue aceptada por la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo.

La medida fue acogida por expertos, aunque hay dudas sobre cómo se pondrá en práctica.

Un informe de la revista Nature reveló que el COI no ha decidido cuáles son los niveles máximos que serán permitidos en una mujer, pero el rango normal de testosterona para una mujer adulta premenopáusica es de 15 a 70 nanogramos por decilitro, comparado con los 260-1.000 de un hombre.

Pero hay excepciones. La causa más común de hiperandrogenismo es el síndrome de insensibilidad andrógeno. En esos casos el feto es genéticamente un macho pero carece de un receptor completo para la testosterona, por lo que no responde a la señal normal para ser un varón. En casos típicos, se desarrolla como una hembra, aunque con testículos internos en vez de ovarios. El COI y la AIFA concluyeron que como tales mujeres son resistentes a los andrógenos, no obtienen ventaja por su elevada testosterona y están eximidas de la prohibición.

Las mujeres con niveles altos pero debajo del rango de los machos, como ocurre en el síndrome del ovario policístico también estarían libres de la prohibición.

Los niveles altos que se encuentren en un atleta en las pruebas antidopaje o en exámenes de sangre podrían derivar en una investigación. Un panel internacional de médicos expertos analizaría el caso.

Un problema es que algunos casos de SIA son incompletos, en los cuales la persona tiene alguna sensibilidad a la hormona. No se sabe cómo los expertos podrían evaluar si tienen una ventaja competitiva.

¿Quiénes se afectarán? Los desórdenes del desarrollo sexual en los que hay ambigüedad entre el sexo anatómico y cromosómico de una persona, afectan a 1 de 5.000 personas en la población general. Pero la proporción en atletas es más alta. De acuerdo con Malcolm Collins, especialista en medicina deportiva en l Universidad of Cape Town, 1 de cada 421 atletas en cinco Juegos Olímpicos tenían SIA. En los de Atlanta 1996, 8 de 3.387 atletas mujeres dieron positivo para el gen determinante de macho SRY. Todas tenían el síndrome parcial o completo y se les permitió competir.

Para algunos especialistas se deberían considerar otras variaciones fisiológicas, como estatura y la capacidad transportadora de oxígeno. Otros creen que sólo los niveles de andrógenos hacen la diferencia en el desempeño de hombres y mujeres.

El caso, de todas maneras, es repestar a la persona que presenta esa condición, pues no es una tramposa.

Qué pasa cuando los hombres compiten por una mujer

Un asunto de pura… testosterona. Sí, la competencia entre machos humanos por una hembra tiene mucho que ver con esa hormona y con los cambios producidos durante esa competencia.

Diversos estudios, durante muchos años, han propuesto que la testosterona influencia la competición entre hombres que buscan atraer una mujer. Y ahora un estudio de Wayne State University da una visión más clara de los vínculos entre testosterona y la conducta humana de apareamiento, y de cómo esa hormona está asociada con la dominancia y el éxito competitivo cuando los hombres se disputan la atención de una mujer atractiva.

El estudio incluyó parejas de hombres en una competencia grabada en video durante siete minutos por la atención de una joven atractiva no graduada.

Los niveles de testosterona previos a la competencia estaban positivamente asociados con la conducta de dominancia de ellos en la competencia, incluyendo cuán asertivos eran y cuánto controlaban la conversación y con cuánto la mujer indicaba que sintonizaba con cada uno de ellos.

Richard Slatcher, profesor de Psicología en esa universidad, indicó que los efectos de la testosterona en las conductas dominantes eran especialmente pronunciadas en los hombres que reportaron que tenían una mayor necesidad de dominancia social.

En su estudio publicado en Social Psychological and Personality Science, esos hombres mostraron una fuerte asociación entre su testosterona y las conductas dominantes y, lo que fue más sorprendente, una asociación negativa fuerte entre su propia testosterona y las conductas de dominancia de su oponente.

En otras palabras: los hombres con alta testosterona y que reportaron una alta necesidad de dominancia social parecían ser capaces en parte de suprimir la capacidad de su rival de atraer potenciales parejas. Sin embargo, cuando los hombres reportaron baja necesidad de dominio social, no hubo asociación entre la testosterona y la conducta de dominancia, ni de la propia ni de la del rival.

“Hallamos que los niveles de testosterona influenciaban la conducta de dominancia durante la competencia”.

Libros, películas y la televisión retratan a menudo a los hombres que son seguros y muy posesivos con las mujeres, como portadores de altos niveles de testosterona. “Nuestros resultados sugieren que hay cierta verdad en ese estereotipo: la testosterona circulando naturalmente de veras está asociada con el comportamiento de los hombres cuando intentan llamar la atención de las mujeres”.

Aunque diversos estudios en animales han demostrado que la testosterona está asociada con la dominancia cuando los machos compiten por hembras, ninguno hasta ahora, dijeron los investigadores, había demostrado esa asociación en humanos.

En los humanos, opinó Slatcher, “los motivos conscientes pueden afectar cómo una hormona como la testosterona moldea la conducta. Nuestros estudios indican que esa hormona está asociada con el comportamiento dominante y el éxito cuando hombres compiten por la atención de una mujer atractiva, en particular cuando tienen también un fuerte deseo consciente de dominancia”.

Internet caliente y otras curiosidades

Increíble: un par de esposos científicos, él en Villanova University, ella en Rutgers University, encontraron que los hombres en los estados que respaldaron a quien finalmente fue electo presidente de Estados Unidos en las dos últimas elecciones, e incluso en las de Congreso, buscaron más páginas pornográficas en Internet. No es que se les haya subido la testosterona, ni que se hayan vuelto más interesados en pornografía o en sus parejas, pero lo hallado sugiere, según Patrick Markey y Charlotte Markey, que el ambiente nos cambia de maneras que no creeríamos.

Quizás, explicaron, los votantes por el candidato ganador estaban de mejor humor y por ende más probable que desearan algo de sexo.

El virus chimp se nos pegó

Qué mal tan viejo: científicos de The University of Texas en Arlington, encontraron en el genoma de los pájaros cebra, fragmentos de virus de la misma familia de los virus de la hepatitis B humana. En un artículo publicado en PloS Biology expresaron que esos fragmentos han estado en ese genoma desde hace al menos 19 millones de años. ¿Cómo llegaron a los humanos? Es ese un tema de otro debate, seguramente. Para saber la edad, se localizaron los fragmentos en el genoma de cinco especies de anserinos y se rastrearon genéticamente hasta llegar a un ancestro común en aquellas lejanas épocas.

Hombres peleadores

¿Por qué peleamos los humanos? Científicos creen tener una pista más: los hombres bajo estrés que miran caras furiosas tienen una actividad disminuida en regiones cerebrales responsables de entender los sentimientos del otro. Más extraño: las mujeres no experimentan esa disminución, sino por el contrario un aumento. ¿Será por eso que los hombres muestran mayor belicosidad? El estudio de Mara Mather y colegas aparecerá en NeuroReport.

Cuando su niño juega como una niña…

Ni antes de nacer estamos protegidos. Si su niño juega más con muñecas que con carritos, no es que sea anormal. Resulta que fue víctima de una exposición inconsciente de su madre a ciertos químicos.
La exposición en el útero a una familia común de químicos industriales puede perturbar sutilmente las preferencias de un muchacho por cierto tipo de juegos infantiles que se piensa están conectados al cerebro, reveló un estudio.
Los talatos (phtalates) son solventes y suavizadores plásticos muy empleados.
En la investigación se encontró que a mayor exposición fetal de los niños a ciertos talatos, con menor frecuencia se involucraban en juegos típicamente masculinos.
Los juegos de las niñas no se veían afectados, según el estudio, que será publicado próximamente en el International Journal of Andrology.
La razón por la que a los niños les gustan los carros y a las niñas las muñecas se relaciona con diferencias fetales en el desarrollo del cerebro, explica Heather Patisaul, neuroendocrinólogo en North Carolina State University en Raleigh. Los hombres se desarrollan distinto a las mujeres, en lo físico y en su comportamiento a través de la programación de los andrógenos, hormonas masculinas como la testosterona, dijo la científica. En los animales, algo que disminuya las señales de testosterona durante el desarrollo fetal, como un químico o un defecto genético, puede activar una sutil desmaculinización en los machos.
Como los talatos pueden desencadenar una actividad anti-androgénica, Shanna Swan, de la Escuela de Medicina y Odontología de la Universidad de Rochester en Nueva York, y sus colegas, investigaron si las conductas programadas por la testosterona en los niños podían ser disminuida por la exposición fetal a los contaminantes.
Los investigadores midieron la exposición de las madres a los talatos en los últimos tres meses de embarazo y tres a seis años después les preguntaron si sus hijos jugaban más con muñecos o usaban ropa de niñas o se envolvían en juegos más neutros como acertijos o deportes.
Los niños con mayor exposición a los talatos, en especial al dithylhexyl phtalate o DEHP, tendían a jugar menos con carros y armas.

Esa testosterona y el éxito sexual

La testosterona es una hormona masculina que… está ligada al éxito en el apareamiento de los hombres.
Así, los machos que monógamos tienen menos testosterona que aquellos con múltiples compañeras.
Esto sugiere, según un artículo de Marianne Peters y Colegas en Animal Behaviour, que los machos con altos niveles de testosterona pueden tener una ventaja reproductiva sobre los de bajo nivel por medio del éxito reproductivo.
Peters y colegas examinaron 119 adultos machos para ver si esa hormona está asociada con el éxito en el apareamiento y calificaba por la masculinidad y el grado de atracción de la persona.
Se encontró una correlación positiva significativa entre la testosterona y el éxito de apareamiento. Sin embargo no se halló la misma correlación entre la hormona y la masculinidad y la atracción.
El estudio indica que aunque los niveles habituales de testosterona se relacionan con el éxito del apareamiento, el efecto no se relacionaría por la preferencia de las mujeres hacia las evidencias visuales de los niveles de testosterona vistos en el rostro o los rasgos corporales. Si ese éxito es manejado por la escogencia de la mujer, el efecto puede ser modulado en comportamiento, por ejemplo, a través del esfuerzo de apareamiento del macho o su búsqueda de pareja.

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