Dos en una

Tiburoncito brillante

No mide más de 22 centímetros, es un tiburón, pero no comelón. Pero posee una característica única: resplandece bajo el agua, en las profundidades.

Ese inusual rasgo lo emplea no para ver sino para protegerse de los depredadores: es un camuflaje, dijeron científicos.

Este tiburón pigmeo (Squaliolus aliae) posee órganos que emiten luz, llamados fotóforos y aunque se había sugerido que los usaba para camuflaje, no se había probado.

Eso fue lo que hizo Julien Claes, de la Universidad católica de Louvain en Bélgica. El estudio aparece en The Journal of Experimental Biology.

El GPS de las palomas

Si hay algunos animales que no requieren Google Maps para orientarse esos son las palomas, las tortugas marinas, las langostas espinosas y las ratas del desierto (Heterocephalus glaber), pues han desarrollado su propio sistema GPS. Estos y otros requieren del campo magnético de la Tierra para orientarse y navegar.

Hasta ahora era desconocido cómo sus cerebros procesaban esta información.

Un grupo de científicos identificó en las palomas la fuente neural del sentido magnético: células que codifican tres factores claves, la dirección de un campo magnético, su intensidad y su polaridad (norte o sur).

El estudio fue publicado en Science y es un primer paso hacia la comprensión de cómo los animales, incluidos los humanos, computan los mapas en su cerebro.

El océano se hace insostenible

Peces en peligro. Pesca amenazada. Posible hambruna. Desbarajuste oceánico.

El exceso de pesca de grandes depredadores durante los últimos 40 años, tales como atún, tiburón y bacalao ha dejado los océanos en desequilibrio y podría llevar a su extinción hacia 2050, según Villy Christensen, del Centro de Pesca de la Universidad de British Columbia.

La predicción la hizo en el panel Habrá Peces en el Océano en 2050, que se realizó en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

Con la desaparición de estos grandes peces, las poblaciones de los más pequeños que se alimentan de plancton, como sardinas, anchoas y capelanes se ha duplicado, informó Christensen. Su equipo estudió los datos de más de 200 modelos de ecosistemas marinos, que permitieron establecer más de 68.000 estimaciones de biomasa de peces entre 1880 y 2007.

Mientras la ausencia de depredadores les permitirá a los pequeños prosperar, también los deja expuestos a más enfermedades, pudiendo su muerte masiva desembocar en grandes explosiones de algas o grandes agrupaciones de bacterias que reducirían el oxígeno de las aguas circundantes, dejando amplias porciones del océano como zonas muertas, incapaces de mantener la vida.

En la foto, sardinas.

Restituyámosle el buen nombre al tiburón

Es más peligroso andar bajo una tormenta eléctrica o cerca de un enjambre de abejas que ir a la playa.
Aunque son estudios relacionados con Estados Unidos, un reporte de Andre Landry, experto marino del Texas A&M University en Galveston trae la calma.
De 1959 a 2008, en todo Estados Unidos 1.930 personas murieron por un rayo y sólo 25 por ataques de tiburones. En Texas, en ese periodo, 208 personas murieron por los rayos y sólo 1 por ataque de tiburón.
Es más peligroso el viaje hasta la playa, tal parece.
Landry expresó que “usted no tiene que preocuparse mucho por los tiburones cuando esté en la playa”. La gente siempre tiene un factor de miedo porque no sabe qué hay al lado o en la cercanía bajos las aguas.
De distintas maneras se ha probado muchas veces que estos escualos no atacan intencionalmente a los humanos como fuente de alimento. Cuando hay un ataque es porque hay una fuente de alimento cercana al mismo tiempo.
Algunos surfistas han sido atacados por tiburones. Se cree que es porque a los ojos de los tiburones aparecen como focas, una de sus comidas, cabalgando en la ola.
Este año van 28 ataques en Estados Unidos con sólo un caso fatal.
La probabilidad de ser atacado por un tiburón es 1 en 264 millones, según un reporte de The Internacional Shark Attack File.
En contraste, cada año en todo el mundo al menos de 50 a 100 personas perecen por ataques de abejas.
Aunque las estadísticas son claras, hay maneras de reducir las probabilidades de un ataque. Se pueden ver en el sitio de George Burgess.

Un mordisco poco gustoso

Fascinante o… molesto. Científicos encontraron dos coprolitos con marcas de diente de tiburón. El inusual mordisco se produjo hace cerca de 15 millones de años, revelaron científicos.
Los restos coprológicos fosilizados fueron encontrados en las playas de Chesapeake Bay, dijo Stephen Godfrey, paleontólogo del Calvert Marine Museum en Solomons.
En las heces fosilizadas se observan con claridad las señales dejadas por dientes. Tienen un ancho de 6,5 milímetros, según el informe presentado en la revista Naturwissenschaften.
¿Sería que el tiburón mordió la materia fecal para probar una posible presa, sabido es que a veces buscan una prueba? Para los científicos, es dudoso.
El cuadro que describen es el siguiente: un ancestro del actual tiburón tigre se comió un gigante cocodrilo. Los análisis revelaron que la materia fecal era rica en fosfatos, lo que sugiere que provenía de un animal que consumía presas con huesos. Eso, más el tamaño de los coprolitos, indicaría que era un cocodrilo.
Ahora, el mordisco no debió ser sobre la materia fecal, sino que cuando el tiburón devoró su presa, estaba a punto de salir o se encontraba en el intestino, lo que era más probable dado el tamaño de las marcas.
La paleontología llega a lugares insospechados.