Se alborotó el planeta Urano

Si por acá llueve por allá no escampa. ¿Será? El caso es que desde el Observatorio Keck en Hawai astrónomos captaron una enorme tormenta en el lejano Urano.

Una imagen tomada el 5 de agosto muestra puntos brillantes en la foto en infrarrojo. Son tormentas. Una foto al día siguiente revela puntos más brillantes. ¿Creció?

Una de las grandes tormentas observadas llama la atención de los científicos. La tormenta alcanza gran altura en la atmósfera del planeta.

“Siempre estamos ansiosos por ver la primera foto de la noche de un planeta o satélite, pues nunca sabemos qué nos guarda”, dijo Imke de Pater, profesor de la Universidad de California en Berkeley y líder del grupo. “El rasgo tan brillante que vimos el 6 de agosto me recuerda de una tormenta similar que vimos en el hemisferio sur de Urano durante los años antes del equinoccio”.

La nueva tormenta es una reminiscencia de un rasgo conocido como Berg, que desapareció en 2009 y que pudo ser registrado por el sobrevuelo de la Voyager en 1986. El Berg, llamado así porque la tormenta parecía como iceberg desprendiéndose de la capa de hielo se hizo muy brillante en 2004 y comenzó a moverse hacia el ecuador en 2005.

La nueva tormenta es más brillante que el Berg, según representantes del observatorio, y luce similar. Los científicos creen que un vórtice profundo en la atmósfera de Urano puede estar asociada con la brillante mancha.

Las tormentas rugen por todo el Sistema Solar. Baste recordar la gran mancha roja de Júpiter y las masivas del polo norte de Saturno.

No se conocen bien los mecanismos detrás de estos fenómenos en esas atmósferas densas difíciles de penetrar.

Se encoge la gran mancha roja de Júpiter

Como el ojo de un cíclope, la gran mancha roja de Júpiter ha intrigado desde hace centurias a los astrónomos.

Es como un ojo en medio de capas onduladas de un amarillo pálido, naranja y blanco. Dentro de la mancha, una verdadera tormenta, vientos corren a cientos de kilómetros por hora.

Mediciones hechas a fines de los 1800 indicaban que este impresionante rasgo, que es considerado una antitormenta que gira contrario a las manecillas del reloj en el hemisferio sur joviano, medía unos 41.000 kilómetros, lo suficiente para que cupieran tres Tierras una al lado de la otra.

En 1979 y 1980, en sus vuelos la nave Voyager realizó una nueva medición: 23.335 kilómetros.

Ahora, es la hora del telescopio Hubble.

“Recientes observacioens del telescopio espacial confirman que la mancha es de 16.500 kilóemtros de lago, el diámetro más pequeño medido hasta ahora”, informó Amy Simon, del Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la Nasa en Maryland, Estados Unidos.

Observaciones de aficionados en 2012 revelaron un notable aumento en la tasa de encogimiento. La ‘cintura’ de la mancha se está encogiendo unos 1.000 kilómetros por años por una causa no precisada aun.

“En nuestras nuevas observaciones parecen pequeños remolinos que se estarían alimentando de la tormenta”. Así, la hipótesis es que pueden ser responsables del acelerado cambio al alterar las dinámicas internas de la gran mancha.

De la mancha se tienen noticias desde los años 1800, pero podría haber algunas referencias desde los 1600 aunque no se sabe si a esa mancha en concreto.

La foto fue tomada el 21 de abril pasado. Cortesía Nasa/ESA

Restituyámosle el buen nombre al tiburón

Es más peligroso andar bajo una tormenta eléctrica o cerca de un enjambre de abejas que ir a la playa.
Aunque son estudios relacionados con Estados Unidos, un reporte de Andre Landry, experto marino del Texas A&M University en Galveston trae la calma.
De 1959 a 2008, en todo Estados Unidos 1.930 personas murieron por un rayo y sólo 25 por ataques de tiburones. En Texas, en ese periodo, 208 personas murieron por los rayos y sólo 1 por ataque de tiburón.
Es más peligroso el viaje hasta la playa, tal parece.
Landry expresó que “usted no tiene que preocuparse mucho por los tiburones cuando esté en la playa”. La gente siempre tiene un factor de miedo porque no sabe qué hay al lado o en la cercanía bajos las aguas.
De distintas maneras se ha probado muchas veces que estos escualos no atacan intencionalmente a los humanos como fuente de alimento. Cuando hay un ataque es porque hay una fuente de alimento cercana al mismo tiempo.
Algunos surfistas han sido atacados por tiburones. Se cree que es porque a los ojos de los tiburones aparecen como focas, una de sus comidas, cabalgando en la ola.
Este año van 28 ataques en Estados Unidos con sólo un caso fatal.
La probabilidad de ser atacado por un tiburón es 1 en 264 millones, según un reporte de The Internacional Shark Attack File.
En contraste, cada año en todo el mundo al menos de 50 a 100 personas perecen por ataques de abejas.
Aunque las estadísticas son claras, hay maneras de reducir las probabilidades de un ataque. Se pueden ver en el sitio de George Burgess.

Tormenta mató 500.000 árboles

No fue la ira de Dios ni una segunda versión del diluvio universal, pero lo que sucedió en la Amazonia no tiene precedentes y muestra una vez más el poder de la naturaleza.
Una tormenta de dos días, entre enero 16 y 18 de 2005, con vientos verticales con velocidades de 145 kilómetros hora, cubrió una región de 1.000 kilómetros de longitud por 200 de ancho.
No sólo cobró varias vidas humanas, sino, lo más aterrador, tumbó entre 300.000 y 500.000 árboles en la región de Manaos, equivalente al 30 por ciento de la deforestación anual en ese estado brasileño, cercano a Colombia.
En algunos casos, árboles dentro de la espesa selva, fueron derribados por otros que sucumbieron ante la fuerte tormenta.
Las tormentas son consideradas una fuente de pérdida de árboles en la Amazonia, pero es la primera vez que se mide el efecto real
Se creía que la elevada pérdida de árboles en 2005, que o había sido cuantificada, se había debido a una severa sequía, pero ahora queda demostrado que no fue así, sugiriendo que las tormentas desempeñan un papel más intenso en las dinámicas de la región amazónica.
La caída de árboles genera una liberación de carbono a la atmósfera.
El estudio fue publicado en Geophysical Research Letters.
Jeffrey Chambers, ecólogo forestal de Tulane University, uno de los autores del estudio, aclaró que “no podemos atribuir el incremento de la mortalidad a la sequía en ciertas áreas de la cuenca. Tenemos evidencias de que una fuerte tormenta mató muchísimos árboles”.
La pérdida de árboles, según estudio previo de Niro Higuchi del Instituto Nacional de Investigaciones Amazónicas del Brasil, fue la segunda más grande desde 1989.
Los investigadores usaron una combinación de imágenes de satélite Landsat y modelaron para determinar el número de árboles fulminados.
En la imagen, troncos de árboles dos años después de la tormenta, cortesía AGU

Esta mancha no desaparece con jabón

Con un telescopio no muy potente se puede observar Júpiter y su gran mancha roja, que aparece en las más popualres fotos de la web sobre el gran planeta del Sistema Solar. ¿Qué pasa en ese gran rasgo, que lleva centenares de años como inmutable?
Pues bien, innovadoras imágenes térmicas obtenidas con el Very Large Telescope de ESO y otros telescopios en Tierra revelan remolinos de aire más cálidos y regiones más frías nunca antes vistas dentro de esa gran mancha. Esto ha permitido a los científicos realizar el primer mapa detallado del clima dentro del sistema de tormentas gigantes, conectando su temperatura, vientos, presión y composición con su color.
Es nuestra primera mirada detallada dentro de la mayor tormenta del Sistema Solar, dijo Glenn Orton, quien lideró al equipo de astrónomos que realizó el estudio.
“Creímos que la Gran Mancha Roja era un óvalo plano y viejo sin mayor estructura, pero estos nuevos resultados muestran que, en realidad, es extremadamente complicada”.
El mayor color rojizo corresponde a un centro cálido dentro del -por el contrario- frío sistema de tormentas. Las imágenes muestran oscuras sendas en el borde de la tormenta donde los gases están descendiendo hacia zonas más profundas del planeta. Las observaciones, detalladas en un artículo de la publicación Icarus, da a los científicos una idea de los patrones de circulación dentro del sistema de tormentas más conocido del sistema solar.
Los observadores de estrellas han estado escudriñando la Gran Mancha Roja de una forma u otra por cientos de años, con observaciones continuas a su forma actual desde el siglo 19. La mancha, que corresponde a una región fría que promedia unos -160 grados Celsius, es tan amplia que unas tres Tierras podrían caber dentro de sus márgenes.
“Uno de los hallazgos más intrigantes muestra que la parte central de la mancha, de un color rojo-anaranjado más intenso, es unos 3 a 4 grados más cálida que el ambiente que lo rodea”, dice el autor principal Leigh Fletcher. Esta diferencia de temperatura puede no parecer mucho, pero es suficiente para permitir que la circulación de la tormenta, que normalmente va en el sentido contrario de las agujas del reloj, en el preciso centro de la tormenta cambie hacia una débil circulación en el sentido de las agujas del reloj. No sólo eso, en otras partes de Júpiter, el cambio de temperatura es suficiente para alterar las velocidades del viento y afectar los patrones de nubes en los cinturones y zonas.
“Esta es la primera vez que podemos decir que hay una estrecha conexión entre las condiciones ambientales -temperatura, vientos, presión y composición- y el color mismo de la Gran Mancha Roja”, señala Fletcher.
Los científicos no saben zaún qué elementos químicos o procesos causan el color rojo profundo, pero ahora se sabe que tiene relación con los cambios en las condiciones ambientales en el corazón de la famosa tormenta. La foto es cortesía de ESO.