La foca duerme con medio foco encendido

Es sorprendente y alguna razón debe tener: las focas duermen con medio cerebro dormido y el resto en estado de alerta.

Eso reveló un estudio publicado en el Journal of Neuroscience, hecho por científicos de las universidades de California y Toronto. En él identificaron señales químicas que permiten que el cerebro esté la mitad dormido y la otra despierto, lo que ayudaría a explicar los mecanismos biológicos de esta situación.

“Las focas hacen algo biológicamente sorprendente. El lado izquierdo del cerebro puede dormir mientras el derecho está despierto. Las focas duermen así mientras permanecen en el agua, pero duermen tal como los humanos cuando están en tierra. Nuestra investigación puede explicar cómo se presenta este fenómeno único”, dijo John Peever, profesor en Toronto.

La primera autora del estudio, estudiante de doctorado Jennifer Lapierre hizo el descubrimiento al medir cómo los distintos químicos variaban en los lados durmiente y en vigilia del cerebro. Encontró que acetilcolina -un químico cerebral importante- estaba en baja cantidad en el lado durmiente, mientras los niveles eran altos en el despierto. El hallazgo sugiere que el químico puede mantener la alerta en el lado que está despierto.

El estudio mostró que otro químico importante, la serotonina, estaba presente en niveles iguales a ambos lados del cerebro estuviera la foca dormida o despierta, toda una sorpresa dado que se pensaba que este químico era el causante de la excitación cerebral.

El estudio podría tener implicaciones en el estudio de los problemas de sueño de las personas.

Libélulas mueren del susto al ver un depredador

El delincuente persigue a su víctima presuroso en medio de la oscuridad, parece darle alcance, se acerca… la libélula se desmaya y… muere. Pero no es una película, es la vida real, aunque en otro medio.

Como ocurre en la vida de los humanos, la sola presencia de un depredador provoca tal estrés que puede matar del susto una libélula, así su posible atacante no pueda obtener acceso a su presa.

El sorprendente hallazgo fue realizado por biólogos de la Universidad de Toronto, que lo publicaron en Ecology.

“Lo que encontramos fue inesperado: la mayoría de las libélulas mueren cuando los depredadores comparten su hábitat”, dijo Locke Rowe, jefe del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de esa institución.

Las larvas expuestas a peces depredadores o insectos acuáticos tenían una tasa de supervivencia 2,5 a 4,3 veces menor a la de aquellas no expuestas.

“Cómo responde la víctima al temor de ser comida es un tópico importante en ecología, y hemos aprendido mucho sobre cómo esas respuestas afectan las interacciones presa-depredador”, agregó.

El estudio fue hecho en la reserva científica Koffler de la universidad.

“A medida que aprendemos más de cómo los animales responden a condiciones estresantes –si se trata de la presencia del depredador o del estrés por otras intervenciones naturales o humanas- encontramos que el estrés significa un gran riesgo de muerte, presumiblemente por cosas como infecciones que normalmente no los matarían”.

Shannon McCauley, investigador en postdoctorado, y la profesora Marie-Josée Fortin, con Rowe, cultivaron larvas de Leucorrhinia intacta en acuarios o tanques junto con sus depredadores.

Los dos grupos fueron separados de modo que mientras las libélulas podían ver y oler a sus depredadores, estos no podían comérselas.

En un segundo experimento, 11 por ciento de las larvas expuestas a los peces murieron mientras intentaban hacer metamorfosis a su forma adulta, en comparación con solo 2 por ciento de las que crecieron en un ambiente sin depredadores.

“Dejamos que las libélulas jóvenes pasaran por la metamorfosis para convertirse en adultas y encontramos que aquellas que habían crecido cerca de los depredadores eran más dadas a no completar ron éxito la metamorfosis, muriendo más a menudo en el proceso”.

Los investigadores creen que sus hallazgos pueden aplicar a todos los organismos que enfrentan alguna clase de estrés y que el experimento podría ser usado como un modelo para estudios futuros sobre los efectos letales del estrés.

Foto cortesía S. McCauley

El dinero impide leer las emociones

No todo lo compra el dinero. Las personas de clase alta tienen más oportunidades educativas, mayor seguridad financiera y mejores perspectivas laborales que aquellos de las clases sociales menos adineradas, pero eso no significa que sean más capaces que todos.

Un nuevo estudio publicado en Psychological Science, un journal de la Association pof Psychological Science, encontró para sorpresa, que las personas de clase más baja son mejores leyendo las emociones de los demás.

Los observadores detectaron que para las personas de baja posición económica el éxito depende más de cuánto puedan confiar en los demás. Por ejemplo, si no pude pagarse servicios de apoyo, como el cuidado de sus niños, se tiene que confiar en los vecinos o parientes para atenderlos mientras usted anda por fuera, explicó Michael W. Graus, de la Universidad de California en San Francisco, quien escribió el estudio con Stéphane Còté de la Universidad de Toronto y Dacher Keltner, de la de California en Berkeley.

En el experimento, estudiantes divididos por su estado económico debían presentar un test de percepción de emociones, en los cuales miraban fotos de rostros e indicar cuál emoción reflejaban en sus rostros. Los de ingresos altos mostraron desempeño más bajo.

En otra prueba, los que se consideraban a sí mismos de clase alta, leían con menos exactitud la emoción de un extraño durante una entrevista grupal de trabajo.

Quizás esa falta de percepción de las emociones ajenas en personas de clases altas económicamente, se deba a que pueden resolver sus problemas sin tener que depender o apoyarse en otros, especularon los científicos.

¿Será igual en nuestro medio?

No me empaque la sangre

Aunque a veces por descuido, puede uno tragarse un pedazo de envoltura del alimento, algo más está llegando a nuestros cuerpos. ¿Con qué consecuencias?

Científicos de la Universidad de Toronto encontraron que químicos empleados para sellar las bolsas de crispetas para microondas y otros empaques de alimentos están siendo ingeridos por las personas y contribuyen a la contaminación química observada en la sangre.

Los ácidos carboxílicos perfluorinados o PFCA son productos de químicos utilizados para hacer productos antiadherentes, repelentes del agua y el teñido, desde cacerolas para la cocina hasta envolturas para alimentos.

PFCA, de los cuales el más conocido es el ácido perfluorooctanoico o PROA se encuentran en los humanos en todo el mundo.

“Sospechamos que una fuente de exposición alta a los PFCA puede ser el consumo y el metabolismo de ciertos ésteres”, dijo Jessica D’eon. Estos ésteres se aplican como agentes antigrasa en el papel de contacto para alimentos como los mencionados.

Ratas fueron expuestas en el estudio a los ésteres, vía oral o por inyección y monitoreados por tres semanas para rastrear la concentración en su sangre.

Aunque esos empaques no son la única fuente posible de contaminación sanguínea, sí deben ser considerados.

Los efectos directos sobre el cuerpo no fueron estudiados. El artículo fue publicado en Enviromental Healths Perspectivas esta semana.