Conchudos: tortugas transportan decenas de animales

Uno de los últimos ecosistemas descubiertos en el mundo, uno en especial que camina lento es un viejo conocido de la humanidad: la tortuga.

“Es extraño pensar en ella como un ecosistema”, dice Amanda Feuerstrin, investigadora del Museo de Historia Natural Smithsoniano. “Pero lo son”.

Aunque resulte difícil de digerir, llevan en su caparazón y en su piel una amplia variedad de animales.

Sobre las tortugas se encuentran crustáceos, moluscos, algas y otros organismos marinos en las tortugas Olive Ridley tortugas verdes del Pacífico.

Durante tres años examinó con colegas la caparazón, el cuello y las aletas de tortugas hembras, documentando esos organismos, conocidos como epibiontes.

Se encontraron 16 especies asociadas, incluyendo cangrejos, rémoras, sanguijuelas y una variedad de cirrípedos. La mayoría son epibiontes obligados o sea que sólo se encuentran encima de las tortugas y en ningún otro sitio.

En comparación con sus similares del Atlántico, las tortugas del Pacífico son muy limpias. Las del Atlántico cargan hasta 90 especies de epibiontes.

No se sabe porqué las del Pacífico tienen menos.

“Durante años consideramos que los epibiontes eran polizontes no nocivos para las tortugas”, según Eric Lazo-Wasem, del Museo Peabody.

“Los cirrípedos en alto número pueden provocar un lastre importante para ellas. Algunos se adhieren tanto a la piel que pueden atravesarla. Y se sabe que las sanguijuelas pueden transmitir enfermedades.

Un ecosistema que viaja sin afanes.

En la foto, crustáceos que viven sobre las tortugas, cortesía Museo Peabody.

Qué risa: entregaron los Ig Nóbel

Premio de matemáticas a quienes predijeron el fin del mundo

En biología ganó quien demostró que bostezo de tortugas no es contagioso

 

El impacto de la urgencia de orinar en la toma de decisiones es algo así como la importancia del agua en la navegación o del aire para los aviones.

Sí: una vejiga llena es desesperante, la locura, en especial si usted se encuentra en medio de un experimento psicológico completo.

El estudio de la urgencia urinaria, realizado por investigadores australianos y estadounidenses, ganó el premio Ig Nóbel de Medicina que fueron entregados por Annals of Improbable Research.

Estos Nóbeles alternativos que hacen reír a la gente y luego pensar, como los describe Marc Abrahams, maestro de ceremonias y editor de Annals, fueron entregados la semana que pasó.

Si el bostezo entre los humanos es contagioso, entre las tortugas no. Ese extraordinario estudio fue galardonado también. Publicado en Current Zoology y liderado por Anna Wilkinson y colegas.

Una alarma de incendios odorífica para sordos, de Hideaki Goto y colegas, recibió también uno de los premios.

El premio Ig Nóbel de biología fue para Darryl Gwynne y David Rentz, entomólogos en Canberra, quienes documentaron en el Australian Journal of Entomology el extraño comportamiento de un escarabajo tratando de aparearse con una ¡lata de cerveza! El color y los reflejos sobre lata parecen disparar la locura en ese insecto.

En el estudio sobre la urgencia para orinar, se revelaron contradicciones en la mente. En el primero de dos experimentos, los investigadores hallaron que una vejiga llena afectaba la memoria de corto plazo y la atención tanto como 24 horas sin dormir.

Pero un segundo experimento, conducido por un grupo en Holanda, encontró que para algunas capacidades mentales, la vejiga llena a veces es una ventaja. Cuando se le ofrecía elegir entre recibir 16 dólares mañana o 30 dólares en 35 días, la gente tendía a elegir la recompensa menor, así tuviera más sentido retardar la gratificación. Pero las personas que necesitaban orinar, controlaban mejor el impulso y elegían la mayor suma, lo que soporta la idea de que inhibir un impulso ayuda a controlar otros impulsos no relacionados.

El premio en Psicología fue para Karl Halvor, de la Universidad de Oslo, quien intentó descubrir en un estudio porqué las personas se quejan en la vida diaria.

John perry obtuvo el de Literatura, por su obra “Cómo posponer las cosas y lograr que se cumplan”.

El premio de Matemáticas se le concedió a varias personas que han predicho el fin del mundo para diferentes años.

El Premio IG Nóbel de Paz fue para Arturas Zuokas, alcalde de Vilnius, Lituania, por demostrar que el problema del estacionamiento ilegal de autos lujosos se puede resolver pasándoles por encima un tanque de guerra.

Y el premio en seguridad pública fue para John Senders, de la Universidad de Toronto, por una serie de experimentos en las cuales un conductor de automóvil era molestado por un retrovisor que lo enceguecía. Título del trabajo: “La demanda de atención en la conducción de autos”.

Las tortugas también juegan baloncesto

Las tortugas se divierten. De verdad. No se trata de una película animada ni de un libro. Las tortugas se divierten. ¿O es que sólo los perros y gatos tienen derecho o la capacidad de jugar?

Ellas juegan también. Gordon Burghardt, profesor de Psicología en la Universidad de Tennessee, Knoxville, dice que muchos animales, no sólo gatos y perros, necesitan un poco de diversión.

“Estudia el comportamiento de reptiles bebés y jóvenes por varios años y nunca observé algo que pudiera ser considerado un juego. Luego tuve una epifanía cuando vi a Pigface, una tortuga del Nilo, pegándole a un balón en el Nacional Zoo en Washington, D.C.

El hallazgo es discutido en la edición de octubre en The Scientist.

El científico es uno de los primeros, según un comunicado de la institución, en definir el juego en las personas y también en especies que no se creía fueran capaces de jugar, como peces, reptiles e invertebrados. Apartes de lo publicado en el artículo aparecen en su libro The Genesis of Animal Play-Testing the Limits.

“El juego es una conducta repetida que es incompletamente funcional en el contexto o a la edad en la cual es realizado y es iniciado voluntariamente cuando el animal o la persona está en un ambiente de rebajamiento o poco estrés”, es su definición de juego.

En los animales, dice, “podemos evaluar más cuidadosamente el rol del juego en el aprendizaje de habilidades, el mantenimiento del bienestar físico y mental, mejorar las relaciones sociales y así como lo que vemos en las personas”.

Y más interesante: “podemos desarrollar ideas y aplicarlas a personas para ver si las mismas dinámicas funcionan. Por ejemplo, el rol del juego en disminuir los efectos del déficit de atención e hiperactividad en los niños es estudiado mediante investigación en ratas”.

El juego no es exclusivo de humanos ni de los mamíferos. Aparte de Pigface, una tortuga de más de 50 años de edad, y para citar sólo otro ejemplo, Jennifer Mather, de la Universidad de Lethbridge en Canadá, observó dos pulpos que movían botellas vacías sobre el agua a punta de chorros que producían ellos.

Cuando me volví coraza

Tortugas: ¿se ha preguntado alguna vez al observar las tortugas, cómo es que surgió su caparazón? Un fósil, el más antiguo hallado de una tortuga, viene a resolver el misterio.
De hace 220 millones de años, se encontraron restos de Odontochelys semitestacea (tortuga medioacorazada con dientes es la traducción), que quizás vivió en el agua y no en tierra. Fue hallada en China.
Oivlier Rieppel, del departamento de Geología del Museo del Campo en Canadá y colegas chinos, analizaron los restos encontrando evidencias que apoyan la noción de que las corazas son extensiones óseas de los huesos vertebrales y las costillas que se expandieron y crecieron juntos para formar una cubierta protectora.
En el reporte presentado en Nature, los científicos que el fósil es una tortuga con coraza incompleta. La coraza es una innovación evolutiva y es difícil aber cómo evolucionó sin un ejemplar intermedio. El fósil más antiguo que se tenía hasta ahora de tortuga era de Proganocelys, hallada en Alemania, el que tenía ya una coraza completa.
Algunos reptiles contemporáneos como los cocodrilos poseen una piel con platos óseos, lo que se observa en criaturas antiguas como los dinosaurios. Algunos científicos teorizan que las corazas de las tortugas comenzaron como platos óseos de la piel, llamados osteodermos, que eventualmente se fusionaron para formar una sola concha.