El aire contaminado sí mata el corazón

Foto Jaime Pérez

Confirmado: esas pequeñas partículas en el aire, que llamamos polvo, pero que puede contener muchos elementos, material particulado en términos más académicos, pueden producir la muerte por problemas cardiovasculares.

Eso dice un estudio publicado en Environmental Health Perspectives, relacionado con partículas de 2,5 micrómetros.

Los científicos concluyeron que incluso aumentos minúsculos en la cantidad de esas partículas (10 microgramos por metro cúbico de aire por ejemplo) deriva en un aumento de riesgo de muerte del 3% y 10% de aumento en el riesgo de muerte por problemas cardíacos.

Para los no fumadores el riesgo es 27% en casos de muerte por enfermedades respiratorias.

“Nuestros datos se suman al creciente número de evidencias de que el material particulado es realmente dañino para la salud, aumentando la mortalidad total en su mayoría muertes por enfermedad cardiovascular así como por enfermedades respiratorias en no fumadores”, dijo el líder de la investigación, el epidemiólogo George Thurston de NYU en Langone.

En el estudio se utilizaron datos de fuentes oficiales e independientes.

Las partículas finas contribuyen al desarrollo de enfermedades potencialmente peligrosas de corazón y pulmón al pasar las defensas del cuerpo y ser absorbidas por el flujo sanguíneo. No son expulsadas mediante la tos o los estornudos como otras partículas y contienen químicos nocivos como arsénico, selenio y mercurio. También pueden transportar contaminantes gaseosos a los pulmones, como los óxidos de nitrógeno y azufre.

El estudio involucró 566.000 hombres y mujeres. Y algo significativo fue que no se halló diferencias entre sexos, edad o nivel educativo.

Hallan rana que tose

La nueva rana. Foto B. Curry

No es que haya quedado con rezagos de la gripe ni que tenga una afección pulmonar. No. Esta rana no croa, tose.

Sí, tose, ese es el sonido que parece emitir y por eso fue clasificada como una nueva especie para la ciencia. Es la Rana kauffeldi, detallada en un artículo aparecido en Plos One.

El nombre hace honor a Carl Kauffeld, experto en reptiles y anfibios que habló de ella en 1937 pero poca atención le prestaron.

La rana se encuentra entre Connecticut y Carolina del Norte en Estados Unidos y nunca había sido considerada una nueva especie dada su cercanía a dos especies de ranas leopardo, pero fue ubicada hace 6 años por Jeremy Feinberg, de Rutgers University.

Tras encontrarla la analizó de cerca. Estudios moleculares de su genética y técnicas bioacústicas para escucharla en detalle permitieron confirmar que era una especie distinta, nueva.

El llamado que emite, más como tos, fue otra de las razones para su clasificación.

Los científicos que la analizaron no comprenden cómo a pesar de estar en zona accesible y amplia no había sido catalogada antes como una especie diferente de rana leopardo del Atlántico.

La increíble recuperación de los mellizos Beery

Una nueva forma de hacer medicina aparece en el camino

A los dos años, los mellizos Alexis y Noah Beery no mostraban un desarrollo adecuado y tenían tan poco tono muscular que a duras penas podían caminar o sentarse por sus propios medios. Noah salivaba y vomitaba continuamente, Alexis sufría de temblores corporales en los que sus ojos se envolvían por horas en su cabeza.

Un scan MRI reveló daños en el área periventricular del cerebro de Noah, que condujo al diagnóstico de parálisis cerebral. Los niños con esta condición tienden a mejorar con tratamiento; pero el par de mellizos iba para atrás, en especial Alexis. Cuando tenía 5 años, ella desarrollo problemas respiratorios con recaídas prolongadas. Le resultaba difícil caminar y siempre perdía el equilibrio.

Retta Beery, su madre, estaba cada vez más intrigada al ver que los síntomas de su hija fluctuaban durante el día: eran leves en la mañana y empeoraban a medida que el día transcurría. Cuenta que hacia las 11 de la mañana no era capaz de sentarse y de tragar. “Si la ponía a hacer una siesta, al despertar funcionaba bien de nuevo”.

Cansada de rodar de especialista en especialista, Retta comenzó a revisar con detenimiento la literatura médica. Una noche, en primavera de 2002, se topó con una vieja fotocopia de un artículo de 1991 en Los Angeles Times que describía una condición que tenía semejanzas con la de Alexis. Kimberly Nelson, la niña de la historia, había sido diagnosticada con parálisis cerebral y loa severidad de sus síntomas variaba a través del día.

John Fink, neurólogo de la Universidad de Michigan, determinó que Nelson había sido mal diagnosticada. Las fluctuaciones de sus síntomas se debían a un raro y poco entendido desorden genético llamado distonía dopa-responsiva, un problema del movimiento causado por una deficiencia en el neurotransmisor dopamina.

Cinco semanas después, Alexis y Noah estaban en el consultorio de Fink. El médico le recetó a Alexis una dosis diaria de levodopa, una versión sintética de la dopamina.

“Fue la primera vez en su entera vida que durmió toda la noche”, recuerda llorosa su madre. De hecho, los siguientes días estuvieron repletos de ‘primeras veces’ en los cinco años de vida: la primera vez que caminaba al auto sin ayuda, la primera vez que no era ayudada para comer…

Unos meses después, el pie derecho de Noah comenzó a voltearse y su cabeza, involuntariamente, se inclinaba hacia abajo. Beery y Fink reconocieron que era el comienzo de la distonía y comenzaron a darle levodopa. La medicina corrigió su postura y, luego de 6 años en los que no hubo un día que no hubiera vomitado, dejó de hacerlo.

Excepto por la medicina que tomaban, los mellizos comenzaron a llevar una vida normal, activa, practicando deportes y con buen rendimiento escolar.

Pocos años después, en 2005, Alexis desarrolló una severa tos nocturna. Hace dos años empeoró dramáticamente al punto de que tenía que inhalar un compuesto de adrenalina sintética cada día para poder respirar y dormir.

Desesperada por llegar al fondo de la misteriosa enfermedad de sus hijos, Retta le pidió a su esposo, Joe, analizar la posibilidad de secuenciar el genoma de los mellizos.

En otoño de 2010 las muestras de sangre fueron enviadas al centro de secuenciamiento del Baylor College of Medicine, donde fueron analizadas por un equipo multidisciplinario de investigadores y médicos y fueron comparadas con las muestras de sus padres y parientes cercanos.

Los científicos encontraron que los mellizos eran heterocigotos compuestos: cada uno heredó una mutación sin sentido que impedía la producción de una proteína funcional por parte de la madre y una mutación con pérdida de sentido del padre, con ambas mutaciones en diferentes regiones del gen que codifica por la enzima sepiapterina reductasa (SPR) que cataliza la producción de un cofactor necesario para la síntesis de los neurotransmisores dopamina y serotonina.

No solo los mellizos tenían deficiencia de dopamina, sino que estaban produciendo niveles peligrosamente bajos de serotonina. Cuando los doctores agregaron un precursor de la serotonina al tratamiento, los problemas de salivación y de movimiento de Noah desaparecieron y Alexis comenzó a respirar con normalidad.

Alexis tiene ahora 14 años y es capaz de competir en atletismo, obteniendo posiciones de podio, mientras Noah juega voleibol en su colegio.

“Pro primera vez basamos un tratamiento médico en un diagnóstico molecular que se estableció mediante secuenciación del genoma”, dice James Lupski, genetista en el Baylor, quien encabezó el análisis del número de copias del genoma de los mellizos”.

No se trata, advierte, “de un médico brillante, esto se trata de una neuva tecnología. De una madre tratando de identificar qué les pasaba a sus hijos”.

Tomado de The Scientist

Foto cortesía

Contra la Epoc: ¿un retoño de brócoli?

En la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, el daño de las células inmunes limita la capacidad pulmonar de combatir infecciones bacterianas. Según un reciente estudio, aumentando la actividad de una molécula específica en esas células se puede restaurar su poder defensivo.

La Epoc provoca respiración entrecortada y sibilante, y tos entre otros síntomas. En los pacientes con la enfermedad, los macrófagos, células inmunes, pierden la habilidad para engullir y remover las bacterias, haciendo los pulmones más vulnerables ante las infecciones y la infección deriva en inflamación, una gran causa de función pulmonar reducida y muerte en esos pacientes. Hasta ahora no se ha podido reversar ese daño en los macrófagos.

Científicos de John Hopkins University encabezados por Shyam Biswal y Robert Wise investigaron porqué los macrófagos no funcionan en los pacientes con Epoc. Estudios previos sugerían que debido al estrés oxidativo, que se presenta cuando el cuerpo no puede neutralizar efectivamente compuestos nocivos como los peróxidos y radicales libres.

Una molécula, Nrf2 puede hacer que la células hagan más antioxidantes, que neutralizan aquellos compuestos. Estudios han mostrado que en pacientes con Epoc, la actividad de Nrf2 es reducida.

Los científicos encontraron que el químico sulforafano puede restaurar la función perdida de Nrf2 para recuperar la capacidad de los macrófagos de remover las bacterias.

Y un precursor de ese químico se encuentra en el brócoli, se explicó en el artículo aparecido en Science Traslational Medicine.

Cuando a pacientes se les suministró extracto de retoños de brócoli enriquecido con sulforafano por dos semanas, mostraron niveles más altos del receptor Marco en los macrófagos y Nrf2 controlaba los antioxidantes en las células sanguíneas.

Hoy se realiza un ensayo clínico para determinar si ese químico puede brindar alivio a los enfermos con Epoc.

Queman y enferman

Poco se ha investigado sobre los resultados de los incendios forestales. Un estudio de Gabriele Pfister, del Centro para la Investigación Atmosférica en Estados Unidos, encontró que incrementan la producción de ozono, que se puede formar cerca al fuego o en otros sitios debido al viento.
Aunque se sabe que esos incendios afectan la calidad del aire al emitir partículas, poco se ha averiguado de sus impactos en la salud.
El ozono cerca de la superficie provoca tos, irritación de la garganta y agravamiento del asma, la bronquitis y el enfisema. Además daña plantas y afecta las cosechas.
El estudio se publicó en Geophysical Research Letters.
En la foto se aprecia un incendio en Turquía, a comienzos de agosto, captado por un satélite de la Nasa.